Enciclopedias del carnaval

Ricardo Sumalavia (Lima, 1968) es una de las voces más singulares de la narrativa peruana surgida en los últimos treinta años, y su trabajo con las formas breves —el microrrelato, la viñeta, el fragmento onírico— constituye el núcleo más personal de su obra. Ese trabajo, desarrollado a lo largo de dos décadas, se reúne ahora en el libro Enciclopedias del carnaval (FCE, 2026), una antología, en tres secciones sucesivas, de los tres volúmenes de microrrelatos que Sumalavia ha publicado hasta la fecha: Enciclopedia mínima (2004), Enciclopedia plástica (2016) y Enciclopedia vacía. El gran sueño (2024).

Cada sección de este nuevo libro conserva su fisonomía original y va precedida, además, de un prólogo escrito expresamente para esta edición por un autor distinto: Alberto Chimal para Enciclopedia mínima, Pía Barros para Enciclopedia plástica y Ana María Shua para Enciclopedia vacía. Así, la compilación se presenta también como un diálogo entre tres de los nombres centrales de la minificción en lengua española y la obra de Sumalavia. Esa arquitectura tripartita permite leer de corrido lo que hasta ahora solo podía apreciarse de manera dispersa, y confirma que los tres libros no son entregas sueltas sino etapas de un mismo proyecto.

Ya en Enciclopedia mínima Sumalavia llevaba al extremo el minimalismo y la tendencia a lo fantástico que había ensayado en Habitaciones (1993) y Retratos familiares (2001), apoyándose en una economía verbal de raíz oriental —la estructura del haiku, la sugerencia antes que la explicación— que el propio autor reconoció deudora de su paso por Corea del Sur. Textos como "Verdaderas amigas", en el que dos niñas conversan hasta que el final revela que en realidad es una sola hablando con su amiga imaginaria, muestran una estructura de tres tiempos —descripción, desvío, revelación— que Sumalavia adoptó como sello propio. Doce años después, Enciclopedia plástica mantuvo esa apuesta pero desplazó el centro de gravedad de lo libresco hacia las artes plásticas y el cuerpo, sin abandonar los dobles ni las simetrías: en "Oficios imaginarios", por ejemplo, un escritor solitario y su vecina, actriz de cine para adultos, descubren que cada uno imagina al otro en pleno ejercicio de su oficio. Y en 2024, Enciclopedia vacía llevó la exploración a su punto más radical, sustituyendo la anécdota cerrada por el fragmento onírico, con relatos —como "La planta del pueblo del mundo de José", en el que una planta terminaría comunicándose mejor que cualquier humano— que se deslizan entre significados sin fijarse en una sola lectura.

Estas tres etapas dibujan una trayectoria sumamente coherente. El título elegido para la compilación es revelador: si cada libro se presentaba como una falsa enciclopedia —un intento irónico de clasificar y ordenar el mundo por temas, secciones o ramas del saber—, el conjunto se entiende mejor como un carnaval; es decir, como la suspensión momentánea de ese orden. La nota de contraportada lo señala con precisión al hablar de relatos que "no buscan ordenar el mundo, sino ponerlo en movimiento".

El recorrido también permite apreciar mejor las peculiaridades de cada etapa. Enciclopedia mínima, pese a su indudable valor fundacional, arrastraba un riesgo que señalamos en su momento: la brevedad extrema, sobre todo en la sección "Monogatari", no siempre permitía alcanzar la densidad reflexiva necesaria para sostener el impacto buscado —textos como "Mercado de frutas" o "Comunión" se quedan más en el apunte que en el relato—, y algunos de los textos más cortos, como "Almas perdidas" o "Geografía", parecían resueltos únicamente a partir del título y el golpe final. Enciclopedia plástica corrigió en parte ese desequilibrio con secciones de mayor unidad narrativa, como la dedicada a la pareja Ricardo y Carmen, y con el cierre del libro: un decálogo irónico sobre el propio género —"La tuerca de vuelta"—, gesto que revela una conciencia más madura del oficio. Enciclopedia vacía, por su parte, es el libro más arriesgado de los tres: la incorporación de las viñetas de Eduardo Tokeshi y la estructura en dos bloques —"El vacío sublime" y "El sueño de mis muertos"— desplazan definitivamente el libro del terreno de la anécdota ingeniosa al de la ambigüedad interpretativa; el relato que da título a esa segunda sección, en el que el narrador sueña con un hermano ya muerto que a su vez sueña con él, cifra bien esa cadena de espejos en la que identidad y memoria se vuelven inestables.

Reunidos en un solo volumen, los tres libros permiten ver con más claridad la lógica evolutiva de un proyecto que fue de la concisión pura hacia la disolución del sentido, algo que la lectura dispersa y espaciada en el tiempo de cada entrega individual difícilmente permitía apreciar. En ese sentido, Enciclopedias del carnaval funciona como un mapa del recorrido completo de Sumalavia por la forma breve, y los prólogos de Chimal, Barros y Shua actúan como tres guías que acompañan cada tramo del camino, sin imponer una lectura única. Es, en suma, una excelente vía de acceso a una de las propuestas más consistentes y menos ruidosas de la microficción latinoamericana reciente.