Donde el agua trabaja

Los límites de una novela minimalista


Con Donde el agua trabaja (Almadía, 2026), el escritor peruano David Silva Rojas (Ica, 1981) fue declarado ganador del Premio Internacional de Novela Breve Almadía-Ventosa Arrufat. Sin embargo, cuando el libro estaba a punto de presentarse en España, el diario El País publicó un artículo según el cual la aplicación Pangram atribuía a una inteligencia artificial la redacción del 99% del texto. La noticia desató una gran polémica en torno al libro y a su autor, que alcanzó incluso a las tres reconocidas escritoras latinoamericanas que integraron el jurado. Más allá del ruido y de las necesarias discusiones sobre el uso de la inteligencia artificial en la creación literaria, aquí intentaremos comentar y analizar la novela en sí misma.

Lima en dos libros de cuentos


"Ciudad de Lima" y "Todos los muertos de mi felicidad"


Lima ha sido contada muchas veces como una ciudad de virreyes, balnearios y avenidas, pero también como el lugar donde se acumulan las derrotas cotidianas de la mayoría de sus habitantes. Dos libros de cuentos publicados recientemente se asoman a la capital desde esa otra orilla, la de la pobreza, la precariedad y la violencia que impera en los barrios populares: Todos los muertos de mi felicidad (Ciudad Librera), de Gabriel Rimachi, y Ciudad de Lima (Apogeo), de Jorge Díaz Untiveros. Sin embargo, aunque ambos retratan a limeños pobres, no hablan desde el mismo lugar. Rimachi escribe desde la experiencia de un criollo, heredero de una ciudad que le pertenece por linaje, aun cuando le resulta hostil. Díaz Untiveros, en cambio, lo hace desde la mirada de los migrantes andinos y de sus hijos, para quienes Lima ha sido, además de un destino, un lugar de racismo y exclusión.

Construir o descubrir: dos maneras de hacer poesía

Hay muchas y muy diversas maneras de plantearse la escritura de un poema o de un poemario. Por eso es posible que, dentro de un mismo país y una misma generación, convivan poetas tan distintos como Martín Adán y Emilio Adolfo Westphalen, o Luis Hernández y Juan Ojeda. Dos libros recientes vuelven a poner esa divergencia ante nuestros ojos: La quimera (Vallejo&Co., 2026), de Miguel Ángel Sanz Chung, y Libro de horas (Máquina Purísima, 2026), de Gabriel Espinoza Suárez. Ambos son buenos libros, pero parten de opciones poéticas radicalmente opuestas.

La Odisea

Nolan, Homero y el precio de la victoria

La película La Odisea (2026), de Christopher Nolan, es ante todo una extraordinaria experiencia cinematográfica. Sus secuencias de seres y acontecimientos sobrenaturales —el diseño de Polifemo, los gigantescos lestrigones, la magia de Circe o la secuencia de Escila y Caribdis— muestran a un director capaz de convertir el mundo mitológico de Homero en imágenes de enorme potencia y valor artístico. Pero por tratarse de la adaptación de uno de los textos fundacionales de la cultura occidental, inevitablemente la película ha suscitado varias controversias, desde las decisiones de casting hasta las numerosas modificaciones introducidas en la historia: episodios alterados, discursos que no pertenecen al poema e incluso un final completamente diferente.

Sin embargo, esos cambios no deberían juzgarse únicamente desde el criterio de la fidelidad al original. Toda actualización de un clásico supone una conversación entre el texto antiguo y el presente. Y en el caso de Nolan esa conversación resulta completamente lógica, porque en su Odisea aparecen temas que ya estaban presentes en algunas de sus películas anteriores: la experiencia de la guerra, la responsabilidad de quienes participan en ella, la imposibilidad de escapar de sus consecuencias, etc.