E-mails con Roberto Bolaño

La narrativa de J. J. Maldonado (Lima, 1990) ha estado marcada por la violencia y por una sostenida inmersión en el mundo de las subculturas urbanas. Desde su primer libro, Los Buguis (2015, cuentos), hasta El amor es un perro que ruge desde los abismos (2021, novela), pasando por Quien golpea primero golpea dos veces (2019, cuentos) —“un libro que deja sin aliento, tan brutal y salvaje como un puñetazo inesperado en el plexo solar”, en palabras de Guillermo Niño de Guzmán—, Maldonado ha construido una obra intensa y ásperal. Sin embargo, en su más reciente libro, E-mails con Roberto Bolaño (Seix Barral, 2025), nos entrega un conjunto de diez cuentos que marcan un giro notorio: aquí seguimos a jóvenes peruanos aspirantes a escritores que comparten experiencias a menudo divertidas, así como tertulias literarias, en América y en Europa, con algunos de los autores más conocidos de la actualidad.

El mejor de estos cuentos, en nuestra opinión, es “El otro Zambra”. Su protagonista — llamado como el autor del libro— es un joven escritor peruano radicado en Barcelona, obsesionado con alcanzar la consagración internacional. Ha logrado insertarse en ciertos círculos literarios, rodearse de escritores y editores, y espera que le sucedan cosas extraordinarias para transformarla en material narrativo. Sin embargo, lo único realmente singular en él es su parecido con el escritor chileno Alejandro Zambra, rasgo que decide explotar. Comienza así a asumir la identidad del otro: se disfraza, deja que lo confundan e incluso llega a presentarse en eventos como si fuera el propio Zambra. Durante un tiempo, la farsa funciona; pero, como es previsible, alguien termina descubriendo la suplantación, lo que conduce al peculiar desenlace.

Este cuento es una crítica abierta a ciertos aspirantes a escritores más interesados en llevar la vida pública de un autor famoso que en construir una obra propia. Lo dice el propio protagonista: “Yo quería ser un escritor. Aunque más que serlo deseaba sentirme uno de verdad… escribir me resultaba una experiencia precaria y desvaída en comparación con las otras experiencias…”. Maldonado retrata con detalle ese mundo literario, que parece conocer de primera mano. En esa misma línea crítica, centrada en la parafernalia que rodea a los escritores y en el mundo editorial, destacan también cuentos como “A quién mira Enrique Vila-Matas” y “En busca de Han Kang”.

Hay otro grupo de relatos más arriesgados, en los que Maldonado imagina encuentros entre sus personajes y autores reales, llevados a situaciones inesperadas o incluso extrañas. En “Rodrigo Fresán en Big Crack”, por ejemplo, la acción transcurre en la Caracas de 1978 —a donde la familia de Fresán se trasladó como consecuencia de la dictadura argentina—, y presenta al personaje narrador y a Rodrigo como dos adolescentes expulsados “del mismo colegio de curas”, que pasan los días vagando por centros comerciales, robando pequeñas cosas, hablando de literatura y rock, y dejándose llevar por la cultura del Gran Crack. Un planteamiento similar aparece en “Haciendo el pino con Mariana Enríquez”; y, con variaciones, en cuentos como “Pierre Michon se muda de Cards”, “Antonio Cisneros y yo” y “Lo que Vargas Llosa no dijo”.

Decíamos que esta es la línea más arriesgada del libro porque, si bien Maldonado se aproxima a estos autores con respeto, empatía y un evidente conocimiento de sus obras, en algunos casos —sobre todo cuando prima el humor irónico— incurre en ciertas simplificaciones y lugares comunes. Los ejemplos más notorios son “Antonio Cisneros y yo” y “Lo que Mario Vargas Llosa no dijo”, donde tanto el poeta como el nobel aparecen caricaturizados a partir de algunos de sus rasgos más visibles. En este punto, resulta inevitable notar las coincidencias con otro libro de cuentos reciente: Viendo tu vida derrumbarse desde una distancia segura, de Gianni Biffi. En ambos casos, escritores consagrados son convertidos en personajes y expuestos a situaciones irreverentes, a veces ridículas o grotescas. Sin embargo, mientras en Biffi los textos suelen rozar los límites de lo literario, en Maldonado el cuidado del lenguaje y el conocimiento de las obras de estos autores le permiten sostener con mayor solvencia sus relatos.

E-mails con Roberto Bolaño representa, en ese sentido, un claro salto cualitativo dentro de la obra de J. J. Maldonado. No solo amplía su registro temático, sino que introduce una dimensión más lúdica y reflexiva, en la que la literatura dialoga consigo misma sin perder de vista la experiencia concreta de quienes aspiran a ser escritores. Y como ha señalado el propio autor, se trata también de “un homenaje al acto de leer”; esa intención se percibe a lo largo del libro: en las referencias, en los guiños, en la reconstrucción de trayectorias y juventudes literarias.

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