En las aguas de la noche

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Ina María Salazar (Lima, 1959) es una destacada investigadora y crítica literaria, radicada en París desde finales de los años setenta. Allá se desempeña como profesora de literatura hispanoamericana de universidades como la Sorbona, publica ensayos sobre poetas peruanos y hasta ha establecido amistad con nuestros escritores en el exilio parisino, como Julio Ramón Ribeyro. Además es autora de una poesía fina e intensa que va dando a conocer sin ningún tipo de apuros. Recientemente ha publicado En las aguas de la noche (Paracaídas, 2014) su tercer poemario.

La memoria, el retorno al pasado buscando la propia identidad, es el tema dominante en estos más de cuarenta poemas. Pero no se trata de un recuento nostálgico, sino más bien de “hacer añicos el rosario de recuerdos” para volver a ser “la niña emparedada / con su vestido de fiesta”, como confiesa en el primer poema del libro. Y a partir de este reencuentro con las ideas y sentimientos más personales (“restos de algún naufragio”), se intenta lograr una cierta trascendencia, “pasar al otro lado”, siempre a través de la propia poesía: “…toda una vida / para emitir al fin / unos cuantos balbuceos”.

Esos “balbuceos” aluden al marcado laconismo de los poemas: textos breves, de versos cortos y en los que el “trabajo” literario parece haber sido de tacha y eliminación, hasta quedarse solamente con lo esencial. Un rigor que Salazar dice haber aprendido analizando las obras de los poetas de la generación del cincuenta, que leyó con pasión en su juventud. Y acaso ese sea el único reparo que podemos hacerle a En las aguas de la noche, el no atreverse a salir de la “zona segura” establecida por la poesía de los maestros.

Una cura para el cura

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Profesor universitario y escritor de vocación, Fernando González Nohra (Lima, 1976) tiene varios libros de narrativa publicados y reeditados, tanto en el Perú como en España; sin embargo, se mantiene bastante al margen de la “movida” literaria limeña. Su más reciente entrega es el libro de cuentos Una cura para el cura y otras formas de morir (Ruido de fondo, 2014), un conjunto de diez relatos que pasan revistas a las pequeñas muertes —desilusiones, concesiones, derrotas, humillaciones– que toda persona tiene que enfrentar a lo largo de su vida.

Por supuesto, estos episodios se inician en la infancia, como en el cuento “La pata de la suerte” en el que una niña engreída y caprichosa, que tiene de mascota a un conejo, es llevada a un restaurante campestre, donde su padre, con bastante crueldad, le muestra un criadero y camal de conejos. Igual de rudos e irreverentes, pero además cargados de ironía y humor negro, son los relatos en los que el autor vuelve a los años que pasó en un colegio religioso, como el que da título al libro, “Destellos de oscuridad” y “El onanista ilustrado”, que recuerda las penurias del sacerdote encargado del curso Educación Sexual.

En conjunto, estos cuentos pueden ser calificados como “realismo sucio”, en la línea de Bukowski, Miller y Fante. Lo interesante en González Nohra es que aborda los temas y motivos de esta vertiente narrativa de una manera simple y directa, y con una prosa correcta y bien trabajada. Un peculiar combinación que acaso tiene su mejor expresión en el libro Por favor no empujen (2008), pero que en Una cura para el cura… alcanza una mayor crudeza e intensidad, especialmente en los cuentos “La bruma” y “Redención”.

Cusco, espejo de cosmografías

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Cusco, ombligo literario

La escritora y antropóloga Karina Pacheco (Cusco, 1969) vive alternativamente en Lima, Cusco y Madrid, y es autora de siete libros de narrativa y de una serie de libros sobre antropología y las relaciones entre América Latina y España. Todos esos intereses los ha reunido en la editorial Ceques que, desde el Cusco, pretende convertirse en un puente entre los Andes peruanos y el resto del mundo hispanohablante. Uno de los primeros títulos de la editorial es Cusco, espejo de cosmografías, antología en la que Pacheco reúne cuentos de los más importantes escritores españoles y latinoamericanos nacidos a partir de 1960.

En efecto, el libro congrega a los más reconocidos narradores y con muy buenos textos. Por ejemplo, el español Javier Cercas (1962) autor de la exitosa novela Soldados de Salamina (2001); el boliviano Edmundo Paz Soldán (1967), quien nos entrega un fragmento de su más reciente novela Iris (2014); y el argentino André Neumann (1977) y el colombiano Juan Gabriel Vásquez (1973), ambos ganadores del Premio Alfaguara de Novela. Además, nueve de estos 16 narradores son mujeres: Gabriela Alemán, Claudia Amengual, Jacinta Escudos, Leila Guenther, entre otras.

Perú está representado en Cusco, espejo de cosmografías por Carlos Herrera (1961) y su cuento “Licaón en Praga”, que fue finalista del Premio Juan Rulfo 2010, de Radio France Internationale. Y también por Fernando Iwasaki (1961), autor del prólogo en el que se afirma que esta antología cusqueña que reúne a narradores de países tan diversos, “no supone la profanación de ninguna impoluta esencia andina, sino la recuperación de una centralidad y una diversidad inherentes al origen mítico del Cusco”.