El impostor

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¿Héroe o impostor?


El escritor Javier Cercas (Ibahernando, 1962) es considerado uno de los más importantes narradores españoles de la actualidad; especialmente por su cuarta novela, Soldados de Salamina (2001), un relato que mezclaba testimonios históricos y ficción en torno a la Guerra Civil Española. Cercas ha continuado explorando los límites entre historia y literatura en novelas como El impostor (Random House, 2015), su más reciente entrega, una biografía del sindicalista español Enric Marco (1921), famoso por haberse hecho pasar por sobreviviente de un campo de concentración nazi.

Hay dos líneas narrativas paralelas en esta novela. Por un lado, la reconstrucción “lineal” de la compleja y exagerada vida de Marco, desde su nacimiento en un manicomio, su adolescencia como soldado republicano en la GCE, su oscuro paso por la Alemania de Hitler, y su posterior labor como dirigente sindicalista. Se alternan con este relato todos los entretelones de la investigación de Cercas sobre el personaje; incluyendo sus reflexiones sobre temas vinculados, como el poder de las mentiras en la literatura y el problema de la “memoria histórica” en países que han pasado por conflictos internos.

Cercas logra una biografía imparcial de Marco (a pesar del rechazo personal que este le genera), desplegando diversas hipótesis para los pasajes más controversiales. Acaso en la línea “reflexiva” el material le queda un poco corto para el contrapunto propuesto (como le pasó a Mario Vargas Llosa en El paraíso en la otra esquina), y por eso encontramos muchas repeticiones y algunas generalizaciones evidentemente excesivas. No obstante, El impostor es una buena novela, un libro inteligente y de suma actualidad.


La pérdida (y otros poemas)

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Poesía, pérdida y pensamiento


Hace casi treinta años, la antología La última cena. Poesía peruana actual (1987) presentó a un grupo de buenos poetas peruanos, algunos ya con cierto prestigio y otros jóvenes y aún inéditos. Entre estos últimos estaba Jorge Frisancho (1967), quien ya entonces destacaba por su talento y precocidad. Sus dos primeros poemarios —Reino de la necesidad (1988) y Estudios sobre un cuerpo (1991)— lo confirmaron como una de las voces fundamentales de la generación del noventa. Tras más de diez años de silencio Frisancho ha vuelto a la creación literaria, y su más reciente libro es La pérdida (Paracaídas, 2014).

Frisancho plantea sus libros como una serie de reflexiones líricas que abordan (a la manera de asedios), diversos aspectos de un solo tema. En este caso se trata de la “ausencia”, la pérdida de algo muy apreciado y su evocación a través de las palabras y la memoria. En estos asedios se emplean versos de largo aliento, de sintaxis compleja y que combinan diversos registros de lenguaje, desde lo coloquial hasta lo libresco. Además, en la serie de poemas titulados “Metapoética” (distribuidos a lo largo del libro), las reflexiones esas reflexiones se vinculan con la propia escritura poética.

La recepción de este poemario ha sido bastante positiva, especialmente entre los críticos y los propios poetas. Rafael Espinosa, por ejemplo, ha resaltado el carácter experimental, pues el autor intenta “plegar el lenguaje al pensamiento… hasta que las palabras comienzan a hacer ellas mismas el trabajo de la cognición”. Por su parte, Víctor Vich ha afirmado que La pérdida (y otros poemas) “es uno de los mejores libros de Frisancho y un libro notable en la poesía peruana actual”.

Caminos de piedra y agua

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Puno de piedra y agua


Se llama “libro de viaje” a aquel relato escrito en primera persona en que el autor describe sus experiencias durante su viaje por una región determinada. En estos textos se suele incluir también información sobre la historia, las personas, las costumbres e incluso la mitología de los lugares que se visitan. En realidad es uno de los géneros literarios más antiguos, y se suele considerar entre sus antecedentes a clásicos como la Odisea y la Eneida. El género ha tenido momentos de gran vigencia, como el siglo XIX, y en el Perú el ejemplo más destacado es Paisajes peruanos de José de la Riva Agüero, un libro póstumo publicado en 1955. Sesenta años después, el escritor Juan Carlos Galdo (Lima, 1968) intenta revitalizar y poner al día al género con el libro Caminos de piedra y agua. Un viaje por Puno (Peisa, 2015).

Galdo (doctor en Literatura, con estudios en las universidades Católica y de Colorado) cuenta que en junio de 2007 realizó un viaje por tierra desde Río de Janeiro hasta Cusco, vía La Paz. Cuando su bus llegó a la ciudad de Puno, Galdo se enteró que la ciudadela de Machu Picchu había sido elegida como una de las “siete maravillas” del mundo moderno, por lo que se estaba organizando una gran celebración en el Cusco. Eso lo decidió a quedarse en Puno, aunque no conociera a nadie ahí, y de paso recoger información para un proyecto de novela centrado en la figura del escritor Gamaliel Churata (1897-1969). El ambiente convulsionado (huelgas y bloqueos de carreteras), hizo que esa investigación fracasara; pero el escritor de todas maneras recorrió la zona conocida como el “corredor cultural aimara” (orilla suroriental del lago Titicaca) conversando con personas que le pudieran brindar información acerca de monumentos y personajes históricos locales.

Así, Galdo visitó los poblados de Yunguyo, Juli, Zepita, Pomata y Ácora, entrevistando a los personajes más pintorescos, cuyos testimonios y peculiares versiones de la historia de la región le dan un cierto carácter “real maravilloso” a este libro. A ellos se suman también las conversaciones que el autor sostiene con la gente común que va conociendo en su peregrinaje, quienes le dan muy particulares interpretaciones de la tensa situación política. Y también el descubrimiento de Galdo de que está haciendo el mismo recorrido que hizo en 1567 el funcionario español Garci Diez de San Miguel, en una visita oficial por los poblados de la antigua provincia de Chucuito.

Todos esos discursos son incorporados a la narración de la manera más objetiva, imparcial y respetuosa. Algo especialmente notorio en las numerosas conversaciones con los escritores, músicos, artistas e intelectuales locales, son sus egos tan inflados como los de sus colegas de cualquier gran ciudad. Galdo reserva su subjetividad para las precisas descripciones que hace de los paisajes, iglesias y casas de todo tipo; y también para algunos pasajes “ficcionales” (que aparecen en letras cursivas), en los que se anima a esbozar pequeñas historias sobre las personas y situaciones que va encontrando. Por todo ello, Caminos de piedra y agua resulta una lectura sumamente amena (no obstante sus 340 páginas) y una demostración del gran potencial que los libros de viajes tienen en un país con tanta diversidad geográfica y cultural como el Perú.