
Andreas Maier. Klausen (Tusquet, 2005)
La esperada segunda novela del escritor alemán Andreas Maier (Bad Nauheim, 1967) acaba de ser traducida al español manteniendo el título original de Klausen, nombre de un pequeño pueblo austríaco, cerca de Italia. Ahí se produce una serie de hechos violentos, aunque no muy trascendentes (protestas, enfrentamientos étnicos, atentados fallidos) que parecen estar relacionados con Josef Gasser, nativo de Klausen que regresa tras una larga ausencia, y su amigo Auer, artista, intelectual y alcohólico. Pero la historia no se cuenta a través de estos personajes, sino de los rumores, chismes y conjeturas personales de los habitantes de este pueblo en el que todos parecen conocerse y tener mucho que decir de los demás.
Maier vuelve a emplear la estrategia narrativa de su exitosa primera novela -Martes del Bosque (2000), ganadora de cinco premios literarios en Alemania-, consistente en el empleo exclusivo de diálogos (entre los abundantes personajes secundarios) que se enlazan entre sí formando un único e ininterrumpido discurso. El recurso es llevado al extremo, pues no hay divisiones en capítulos ni párrafos, ni siquiera un punto aparte en ninguna de estas novelas. Y aunque en Martes... la lectura se torna por momentos algo pesada y difícil, en Klausen el autor ya ha alcanzado un pleno dominio de su técnica (que por momentos nos hace recordar a la de Crónica de una muerte anunciada), por lo que las acciones y la trama en general se desarrollan con mayor fluidez.
La principal consecuencia de estas opciones es que los lectores nunca llegamos a conocer la verdad de los hechos narrados, pues sólo disponemos de las versiones, muchas veces contradictorias y absurdas, que los personajes se van contando entre ellos. No podemos saber con certeza si Gasser y Auer están relacionados con el intento de dinamitar un puente (el suceso “anunciado” desde el inicio del libro), ni siquiera sabemos si esa explosión fue un verdadero atentado y no un simple accidente. Igual de ambiguas y confusas quedan para los lectores las personalidades de los protagonistas. Es posible que el radicalismo político de Gasser y el talento poético de Auer estén sólo en la imaginación de sus paisanos.
Klausen es una especie de paraíso, un pueblo rodeado de bosques y lagos, y muy cerca de las principales ciudades europeas. A pesar de ello, sus habitantes viven sumidos en prejuicios de todo tipo y en la pobreza mental y frivolidad que genera la cultura de los medios masivos. El mayor logro de Maier es recrear literariamente, a través de los diálogos y opiniones de los personajes, la voz de ese pueblo, con todas sus simplezas, contradicciones y tonterías. Y lo hace de una manera sumamente crítica, burlándose abiertamente de los discursos de moda, ya sean ecologistas, nacionalistas, contra la modernidad, y hasta religiosos.
Pero el verdadero objetivo crítico de la narrativa de Maier es la propia democracia, el sistema político hoy casi universalmente aceptado y que parte precisamente de esa voz del pueblo. “Ud. no defiende bien a su democracia, pero probablemente no se la puede defender mejor”, le reprochan en Martes... a una autoridad que no logra justificar ciertos resultados electorales. Menos explícita y más elaborada, Klausen es una original y valiosa puesta al día de la narrativa costumbrista, liberándola de la búsqueda del color local y la vocación populista tan frecuentes en este tipo de novelas.
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