Frágiles trofeos

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Jerónimo Pimentel. Frágiles trofeos (Álbum del Universo Bacterial, 2007)

El periodista y escritor Jerónimo Pimentel (Lima, 1978) nos entrega en su segundo poemario, Frágiles trofeos un conjunto de 21 textos muy diversos, tanto por su extensión –desde aforismos hasta poemas de varias páginas– como por los temas que abordan. No obstante esa aparente dispersión, el conjunto alcanza unidad y coherencia a través de ciertos ejes poéticos y del empleo de una lograda red de elementos simbólicos, entre ellos los insectos (langostas, abejorros, hormigas) que aparecen en varios poemas y que determinan el título, las ilustraciones y el diseño gráfico del libro.

Uno de esos ejes es la oposición entre lo estático y lo dinámico, entre lo permanente y lo fugaz. El libro se inicia en uno de esos polos con Otras celebraciones, un poema sobre la infancia y la casa familiar ("Nunca salimos. /Y así, encerrados en palacio...") y termina en el opuesto, con el hablante identificándose con una Langosta migratoria: "Siempre hay una buena razón para marchar... las espigas de cereales que aún no devoramos...". Lo estático está asociado con la seguridad y la trascendencia; lo dinámico con el peligro, la violencia y el deterioro. En Bombus ardens, estos últimos elementos se materializan en una plaga de abejorros "...como una nube a punto de explotar... como flechas negras disparadas a blancos imposibles".

Sin embargo, la opción del poeta es por lo dinámico: el viaje, la aventura, la incertidumbre. Así lo expresa en los poemas Melmoth, the wanderer y El misterio del mundo, sobre el protagonista de Moby Dick. Un poema que –además de remitir al primer poemario de Pimentel, Marineros y boxeadores (2003)– muestra otro de los ejes mencionados, la reflexión sobre la poesía y la literatura en general. Hay, por eso, una serie de "artes poéticas" (Otras composiciones, La fe en el fondo) entre las que destacan La fábula del padre y del hijo e Ítaca-Tannhäuser, el poema más extenso.

Si Pimentel organizó su primer poemario como "una antología de heterónimos", en Frágiles trofeos estos parecen limitarse a Armando Chang, el autor de Pequeños poemas para caras largas, textos que acompañan al libro y que comentan, con ironía y humor, cada uno de los poemas de Pimentel. Son recursos muy propios de nuestra generación post 2000, que con los libros de José Carlos Yrigoyen, Andrea Cabel, Manuel Fernández, Romy Sordómez y el propio Pimentel, representa una saludable renovación dentro de la polémica poesía "joven" peruana.


Otros textos sobre Frágiles trofeos: Ricardo González Vigil, José Güich, José Carlos Yrigoyen.
Entrevistas: Raúl Cachay, Carlos Sotomayor.

El árbol de Sodoma

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Jorge Nájar. El árbol de Sodoma (Ediciones Desafío, 2007)

El poeta Jorge Nájar (Pucallpa, 1946), uno de los más identificados con el movimiento Hora Zero, ha reunido en El árbol de Sodoma sus tres novelas ambientadas en Mayushín, una ciudad ficticia ubicada en la selva central peruana, fácilmente identificable con la Pucallpa de nuestros días. Sin personajes ni episodios en común, estas novelas son tres diferentes intentos de llevar a la narrativa la compleja problemática de esta región del país (narcotráfico, corrupción, pobreza extrema) y también de testimoniar la riqueza y vigencia de sus mitos, costumbres y tradiciones.

La más antigua de estas novelas es Nadie escucha el canto, publicada inicialmente en 1999, que aborda esa temática desde el marco de un relato policial. Pedro Sifuentes, artista nacido en Mayushín pero radicado durante decenios en Europa (el propio Nájar vive desde hace mucho en París), vuelve a su tierra buscando a los asesinos de su hermano menor. Para ello contrata a Willy Ruiz, un ex policía que descubre una red de narcotraficantes, militares y autoridades corruptas. Paralelamente, Pedro vuelve a tomar contacto con los dioses amazónicos que en su niñez conoció a través del Yobe Shipibo.

Nájar trabaja mejor la relación entre trama narrativa y mitos en la segunda novela, El otro olimpo, titulada originalmente (y con mayor acierto) Ángeles y demonios de Mayushín. Aquí quien regresa a la ciudad , también procedente de Europa, es Enrique Cabrera, un exitoso artista plástico. El encuentro con los amigos de infancia lo lleva a recordar las leyendas shipibas (la de Ronin, la gran serpiente cósmica; la de Ibojiwi, el árbol madre) que entonces les relataba el viejo Juan Chufandana y en las que el pintor descubre su verdadera identidad y el tema a desarrollar en sus futuros trabajos.

Una casa embrujada resulta la novela menos lograda y en la que se hacen más evidentes las debilidades de todo el conjunto, especialmente el esquematismo y el abuso de los elementos exóticos o de supuesto prestigio cultural. La protagonista es Úrsula del Río, una abogada defensora de los más pobres, nacida en Mayushín y que en su juventud actuó en cabarets limeños, disfrazada de diosa amazónica y bailando música de Piazzolla. A pesar de ser una acertada aproximación a la problemática dePucallpa, las novelas de El árbol de Sodoma muestran a un autor que, dedicado hace mucho a la creación poética, está todavía iniciándose en el arte de la narrativa.


Otros textos sobre El árbol de Sodoma: Nota de presentación, Sonia Luz Carrillo, Rosina Valcárcel.

Bonitas palabras

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Francisco Izquierdo Quea. Bonitas palabras (Mundo ajeno, 2007)

Los cuentos de Bonitas palabras, el primer libro del escritor y periodista cultural Francisco Izquierdo Quea (Lima, 1980), se dividen claramente en dos grupos: por un lado aquellos escritos con un lenguaje coloquial y que retratan el mundo de los jóvenes limeños; por otro, los relatos menos realistas y más “literarios”, que van desde lo fantástico hasta la recreación de trágicos episodios de nuestra historia, como en el cuento que da título al libro, que narra un crimen cometido por el poeta José Santos Chocano en 1925, poco después de haber sido laureado por el gobierno peruano.

En los cuatro primeros relatos el habla urbana limeña se conjuga con ciertos mitos y obsesiones propias de la adolescencia, y con una estrategia narrativa sumamente libre y abierta a las digresiones, a la manera de los cuentos de la segunda etapa de la obra de Bryce. En Zapatos, el relato más extenso, vemos a un joven abandonar la universidad para instalarse cómodamente en el mundo de los adultos: un negocio próspero, una pareja estable, buenos amigos. Pero hay una cierta distancia e ironía del narrador con respecto a ese bienestar. Algo similar sucede en los cuentos La pelota y La guapa, cuyos protagonistas parecen hacer realidad, aunque brevemente, sus más anheladas fantasías.

En la segunda mitad del libro los cuentos abandonan la cotidianidad limeña para incursionar en “los espacios de la nostalgia y el ensueño”, como ha señalado Giancarlo Stagnaro. Son textos más “cerrados” y que presentan una mayor brecha entre los sucesos narrados y la subjetividad de los protagonistas. En Nada ni nadie, por ejemplo, se recrea el asesinato de Antonio Miró Quesada, director de El Comercio en la década de 1930, a manos de Carlos Steer Lafont. Este crimen político resulta para el Steer de la ficción algo personal, pues él es un hijo no reconocido de su víctima. Y los niños que protagonizan Los cuervos y El niño en casa viven los acontecimientos narrados como si se tratara de pesadillas.

En líneas generales, los nueve cuentos de Bonitas palabras presentan a Izquierdo como un escritor que sabe contar una historia manteniendo el interés del lector tanto por los giros y peripecias de la trama como por los temas que va abordando. Pero Izquierdo todavía necesita trabajar bastante en los aspectos estilísticos de su narrativa, pues en los dos tipos de cuentos mencionados (los coloquiales y los literarios) encontramos demasiados errores y palabras mal empleadas.


Otros textos sobre Bonitas palabras: Marlon Aquino, José Güich, Enrique Sánchez Hernani, Giancarlo Stagnaro, Alberto Villar y las entrevistas de Francisco Ángeles, Miguel Ildefonso, Tomacini Sinche López y Giancarlo Stagnaro.

Un millón de soles

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Jorge Eduardo Benavides. Un millón de soles (Alfaguara, 2007)

Después de sus grandes retratos narrativos de la Lima de los 80 –Los años inútiles (2002) y El año que rompí contigo (2003)– Jorge Eduardo Benavides (Arequipa, 1964) completa su trilogía de novelas políticas con Un millón de soles, la historia de Juan Velasco Alvarado y su dictadura militar, desde el golpe con el que obtuvo el poder en octubre de 1968 hasta aquel otro golpe que se lo quitó en agosto de 1975. Una ficción que sigue cronológicamente, a la manera de una crónica, el septenato que duró esa dictadura personalista y autoritaria, que con sus polémicas reformas cambió definitivamente el rostro del Perú.

Reconocido admirador de Vargas Llosa, Benavides ha optado en este libro por el modelo de La fiesta del Chivo y no por el de Conversación en La Catedral. Más que una novela total, la suya es una aproximación al entorno del dictador, a los entretelones de sus decisiones políticas, a las intrigas de sus ministros y asesores. El relato está constituido casi exclusivamente por las conversaciones entre estos personajes, entre los que destaca un joven Vladimiro Montesinos, asesor del ministo del Interior. Son diálogos técnicamente bien trabajados, aunque el abuso y reiteración de ciertos detalles (los vasos de whisky, por ejemplo) llegan a hacer tediosa la lectura.

Sorprende que Benavides le haya dado más protagonismo a Montesinos que al propio Velasco Alvarado. Mientras el asesor aparece en diferentes contextos –hasta enamorando a la hija de un ministro– al dictador apenas lo vemos en su despacho vociferando alguna orden o fumando nerviosamente. No se relata ningún episodio de su pasado, ni se dice nada de su enfermedad o problemas personales. El hombre que convirtió su rostro en el emblema más característico del "gobierno revolucionario de las FFAA" es en esta novela una sombra sin voluntad ni vida propia. Incluso varios de sus ministros resultan personajes más logrados.

El énfasis en las intrigas de este oscuro grupo de asesores termina trivializando importantes sucesos históricos, como la reforma agraria –objeto de tantos libros de ensayo y hasta novelas– o la expropiación de los diarios y empresas de TV. Solo al final, en el Epílogo del libro, Benavides se anima a narrar directamente todo lo relacionado con la huelga de los policías (febrero de 1975) y los saqueos que precedieron a la caída de Velasco. Son, sin lugar a dudas, las mejores páginas de Un millón de soles y una muestra del potencial novelesco de esta fascinante etapa de nuestra historia.


Se puede leer un capítulo de la novela bajándolo de aquí como PDF.
Otros textos sobre Un millón de soles: Ernesto Carlín, Edmundo Paz Soldán.
Entrevistas: Ernesto Carlín, Pedro Escribano, Diego Otero, Enrique Patriau, Enrique Planas, Tomacini Sinche López, Carlos M. Sotomayor.