Las falsas actitudes del agua

cabel
Andrea Cabel. Las falsas actitudes del agua (Mesa Redonda, 2007)

Uno de los libros más y mejor comentados de los últimos meses es el poemario Las falsas actitudes del agua de Andrea Cabel (Lima, 1982). Algo poco usual, no sólo por tratarse de “poesía joven” (género literario que recibe poca atención de la crítica); también por ser una reedición, ligeramente corregida y aumentada por la autora, de un libro que fue publicado hace solamente un año. Aquella primera edición no tuvo la suficiente difusión (como sucede con la mayoría de libros de poesía joven), aunque sí la fortuna de llegar hasta las manos del reconocido poeta chileno Raúl Zurita, quien ha considerado este poemario como “uno de los libros más reveladores de la reciente poesía latinoamericana”.

La de Cabel es una poesía fresca, de versos breves, con abundantes imágenes y metáforas integradas a un discurso centrado en las emociones y en los recuerdos personales. El carácter de estas emociones determina las tres secciones en que está dividido el libro: el tema del amor de pareja se desarrolla en Fruta partida, la más extensa e importante; mientras que en Todas las mujeres han sido tú lo que priman son los homenajes a mujeres (reales o ficticias) importantes en la vida de la autora. Y en la sección Las falsas actitudes del agua están los poemas más reflexivos, aquellos en que la autora enfrenta más directamente su mundo interior. Como ella misma ha explicado, estas tres secciones corresponden a tres ejes temáticos: “desamor, desencuentro y soledad”.

Pero estos temas están tratados de una manera elíptica y sutil. Además, como anuncia el propio título del libro, casi todo aquí está visto como objeto y a la vez como representación. La mayoría de los artículos críticos sobre Las falsas actitudes del agua abordan el poemario desde esta perspectiva, poniendo énfasis en esas “falsas actitudes” y en la simbología asociada con el agua. A ello hay que sumar el original y acertado trabajo con las imágenes, en el que las metáforas y sinestesias se suman a las referencias a elementos naturales (sol, nubes, agua, cielo) para crear un universo irreal y personal. En ese mundo se desarrolla la peculiar historia de amor “narrada” en Fruta partida, que por eso adquiere dimensiones casi míticas.

Aun quedan muchos aspectos por resaltar de este libro, entre ellos el del lenguaje. La frescura y vitalidad de estos versos se debe en gran medida a que Cabel parece dejarse llevar por el propio impulso de sus palabras, por lo que la sonoridad de estas (asonancias, ritmos) determina ciertas imágenes y giros del discurso: “dócil medida de miedo”, “la escalera relumbrante se retuerce / las esferas los vigilan sigilosas…”. Aunque ese dejarse llevar la conduzca a veces a aludir, de una manera muy posmoderna, versos ajenos (de poemas o canciones) rompiendo un poco la unidad de su discurso. En suma, Las falsas actitudes del agua presenta a Andrea Cabel, sin lugar a dudas, como una de las voces poéticas más interesantes de la llamada “generación post 2000”.


Se pueden leer poemas de Las falsas actitudes del agua en: Axolotl, Destiempos, El Hablador, El rincón del diablo, Flora Tristán, Los noveles, Paralelo sur, Resonancias.
Otros textos sobre el libro: Edith Baltazar, Luis Fernando Chueca, Arturo Corcuera, Camilo Fernádez, Jorge Frisancho, Miguel Ildefonso, Héctor Hernández, Luis Martínez, Rossella di Paollo, Róger Santiváñez, Denisse Vega, Víctor Vich, Carlos Villacorta, José Carlos Yrigoyen, Raúl Zurita.
También las entrevistas de Enrique Planas, Carlos Sotomayor, T. Sinche López y Giancarlo Stagnaro.

Ciudad jardín

acurio
Rómulo Acurio. Ciudad jardín (Nido de cuervos, 2007)

Diplomático y escritor, Rómulo Acurio (Cusco, 1965) ha reunido en Ciudad Jardín (Nido de Cuervos, 2007) un conjunto de poemas que describen, con versos breves y sencillos (ver primer comentario de este post), algunas de las calles y plazas más características de Lima. Los textos llevan los nombres de los lugares evocados –Plaza San Martín, Jirón Áncash, Plaza Mayor– y más que una mirada nostálgica al pasado de nuestra "tres veces coronada" capital (como parece sugerir el título del libro), muestran cómo la grisura del clima y el paisaje urbano limeño se corresponden con ciertos estados de ánimo y reflexiones del yo poético.

Ya en sus anteriores poemarios, Kalahari (1998) y Celeste romano (2001), Acurio había empleado esta estrategia literaria. Pero si en Celeste romano los monumentos de la capital italiana parecían reflejar la tristeza y soledad del poeta por la ausencia de la mujer amada, en Ciudad jardín el deterioro de las calles limeñas, así como la agresividad del desierto y el mar que rodean a la ciudad, lo llevan a abordar temas más interesantes, como el paso del tiempo, la fugacidad de la vida humana y lo inevitable y concluyente de la muerte: "como arcilla compacta / me agrieto / cada vez más inmóvil", "En los muros del Cercado / también la nada pierde su color".

Hacia la mitad del poemario el autor se anima a salir de Lima y a mirar otras regiones del Perú. Aparecen entonces textos como Isla Ballesta, Paracas, Huacachina. Y en la segunda sección del libro, titulada Jardines, los paisajes dejan de lado los referentes reales y se convierten en ámbitos de irrealidad casi abstractos: Jardín de agua, Jardín de grava, Jardín rojo. Pero los temas y motivos de los poemas se mantienen: "la nieve / se ha posado / sobre el musgo / de una vida / que no veré" (Jardín blanco). Así, Acurio agota el espectro paisajístico: el exotismo de Kalahari, la monumentalidad romana, la cotidianidad urbana limeña y los lugares irreales y de raigambre simbolista

A pesar de ser muy poco conocido entre el público lector, Acurio ya había llamado la atención de los críticos literarios, al punto que Mirko Lauer y Mario Montalbetti lo incluyeron en un eventual "dream team poético" en Post 2000. Nueva poesía peruana, el extenso y polémico artículo en que ambos pasaron revista a las nuevas voces de la poesía peruana del siglo XXI. Tres años después, Ciudad jardín –no obstante la reiteración de ciertas fórmulas y recursos– confirma el interés y calidad de la poesía de Rómulo Acurio.


Otras reseñas de Ciudad jardín: Abelardo Oquendo.

Salidas de emergencia

maria
César de María. Salidas de emergencia (Solar, 2007)

El escritor peruano César De María (Lima, 1960) ha publicado el libro Salidas de emergencia en el que reúne dos de sus obras teatrales: El último barco, llevada a escena por el TUC en el 2004 bajo la dirección de Alberto Isola; y Superpopper, ganadora del Festival de Teatro Peruano ICPNA 2006 y estrenada entonces en un montaje del grupo de Jorge Villanueva. Se trata, pues, de dos textos representativos de la dramaturgia peruana actual, de la que De María es uno de los principales representantes y más entusiastas impulsores.

Ambos textos están centrados en personajes de niños o adolescentes y ponen un énfasis especial en el imaginario y en los mitos propios de esas edades. En El último barco se parte del accidente que en 1987 costó la vida a los futbolistas del club Alianza Lima. Andrés, el protagonista, es un niño de nueve años, que tiene que enfrentar la crisis económica y familiar motivada por la muerte de su padre en ese accidente. Aparecen en escena los fantasmas de los futbolistas, el de Miguel Grau y el del bíblico Jonás, en un peculiar despliegue de iconos culturales que incluye hasta el trabajo de la madre de Andrés, bordadora de escudos patrios.

Igual de ecléctica e irreal resulta Superpopper, obra que el autor ha calificado de "tragicómic" y que está ambientada en un manicomio para adolescentes. Los protagonistas son Joe y Brunella, jóvenes enamorados recluidos en ese manicomio –y que en la obra son comparados implícitamente con Romeo y Julieta– que tienen que enfrentar a la peligrosa pandilla de Aguja, Badalada, El Mudo, Ansias y Ergum. También tienen que ayudar a Superpopper, un héroe de cómic, a enfrentar a los malvados Doctor Dreamer y El Zombie Maker, obvias alegorías de los mundos a los que suelen evadirse los adolescentes: las drogas y la TV. La realidad, el cómic y los sueños de los jóvenes se unen en la ficción teatral.

Esta preocupada aproximación a la problemática y la cultura adolescente en general lleva al autor a caer en un didactismo demasiado enfático y no exento de esquemas. A ello hay que sumar ciertos vicios de buena parte del teatro contemporáneo, como el abuso de los "nuevos" recursos escénicos audiovisuales (voces en off, apariciones de todo tipo), o la tendencia al efectismo y la grandilocuencia. Sin dejar de ser de interés por sí mismas, las obras reunidas en Salidas de emergencia muestran más que nada el afán experimental y la apertura a nuevos temas que caracterizan a la dramaturgia de César De María.


Sobre Salidas de emergencia se pueden leer las entrevistas de Ernesto Carlín, José Luis Gómez, César Nieri, Carlos Sotomayor, Rebeca Vaisman y el propio testimonio del autor.

El último día de la Inquisición

morand
Paul Morand. El último día de la Inquisición (Universidad Ricardo Palma, 2006)

El escritor Paul Morand (París, 1888-1976) fue una de las más polémicas personalidades francesas de la época de las grandes guerras mundiales; fue también un incansable viajero que recorrió buena parte del mundo, narrando sus experiencias en libros de viajes y ficciones novelescas. En 1932 Morand publicó Aire indio, libro en el que contaba su periplo por América Latina, incluyendo las ciudades de Cusco, Arequipa y Lima. En esta última ambientó su novela El último día de la Inquisición (1947), traducida y publicada por primera vez en español por la U. Ricardo Palma.

Como informa el historiador Teodoro Hampe en el documentado estudio preliminar, en 1813 las Cortes de Cádiz abolieron la ominosa Inquisición en todos los dominios hispánicos. Eso ocasionó que en Lima una turba asalte y saquee el local de esa institución para acabar con los archivos y documentos que difamaban a muchas familias. Morand usa este suceso en su narración, protagonizada por dos prisioneros, el aristocrático Don Esteban y el narrador plebeyo, compañeros de celda, a quienes el saqueo libera inesperadamente de las torturas e interrogatorios a que eran sometidos a diario.

Contrastan la justa e inteligente denuncia de las prácticas de la Inquisición con la prejuiciosa interpretación que hace Morand de nuestro mestizaje cultural: Don Esteban es un hombre sabio y piadoso, aunque mientras duerme habla de mitos y ritos prehispánicos que aquí son calificados de blasfemias, horrores y abominaciones. Por otra parte, la relación de los inquisidores con Don Esteban es muy parecida a la de un psicoanalista con su paciente, por lo que la novela ha llegado a ser considerada "una pieza de introspección psicológica, un fulgurante viaje al interior de la mente humana" (Jacques Lecarne, citado por Hampe).

Tanto por su extensión como por sus logros literarios, El último día de la Inquisición es en realidad una obra menor, pero en la que hay que destacar la capacidad de observación y lo acertado de las descripciones de Morand, ya sean de la sociedad colonial limeña o del clima y paisaje de la costa peruana (ver el primer comentario de este post). Descripciones en que la prosa adquiere un cierto barroquismo y carácter poético, "de una poesía que avanza a golpe de imágenes" (según Francisco Umbral), las que han sido acertadamente trasladadas al español por María del Pilar Zuazo, profesora de Humanidades de la Universidad Ricardo Palma.

Azul

villena
Nataly Villena Vega. Azul (INC-Cusco, 2006)

Hay varias sub-géneros dentro de los cada vez más frecuentes libros de narrativa escritos por autores adolescentes o muy jóvenes: desde las novelas que siguiendo el modelo “beatnick” cuentan las aventuras de un grupo de jóvenes poetas bohemios hasta los libros de cuentos fantásticos (cuyo modelo son los de Borges y Cortázar) en que los autores “crean” un mundo adulto a partir de sus temores y obsesiones netamente adolescentes. Azul, la novela de Nataly Villena Vega (Cusco, 1975), rehuye esos moldes genéricos para entregarnos de una manera más directa la frescura y originalidad propios de la narrativa joven.

Azul está formado por más de 70 textos breves en los que Teresa, una joven de unos 20 años narra diversos sucesos de su vida cotidiana en una innominada ciudad en el sur del Perú. El hogar de Teresa acaba de desintegrarse (sus padres se están divorciando) y por eso se ve obligada a buscar trabajo y a ingresar al mundo de los adultos. Pero su mirada a ese “otro mundo” está siempre cargada del sentido del sentido del humor, optimismo y espíritu lúdico de la adolescente traviesa que Teresa aún no ha dejado de ser. Y que le permiten escribir divertidas páginas sobre cosas tan triviales como comer “galletas de animalitos” (ver primer comentario a esta reseña).

Como la Amelie de Jean-Pierre Jeunet (con la que tiene tantas semejanzas) Teresa también está descubriendo el amor, y en la novela la vemos con al menos dos enamorados, los hermanos Jean y Olaf. Peo en este aprendizaje los viejos valores tradicionales (matrimonio, fidelidad) han sido reemplazados por otros más acordes con la cultura de hoy y sus íconos provenientes de los medios masivos: rock, televisión, cine, a los que se hace constante referencia en el texto. A pesar de sus accidentados amores, tanto Teresa como Amelie son en esencia personajes solitarios. Villena hace que la propia protagonista ponga en relieve esa característica: “… una frase describía a la soledad como un espacio gris. No sé si es gris… Para mí la soledad es más bien azul. Las cosas que amo tienen un halo azul.

Azul fue elegida como segundo lugar en el Premio Regional Regional de Cultura 2004 por un jurado integrado por Eduado Huárag, Cecilia Moreano y Ricardo Sumalavia. Pero Villena ha confesado que tenía el libro escrito desde diez años antes; acaso ese sea el origen de los errores de redacción y fallas estructurales que han debido ser corregidos posteriormente. No obstante, Azul es una buena novela, una divertida aproximación al mundo de los adolescentes que se inscribe en la línea de la muy lograda El camino de Ximena (2003) del escritor limeño Santiago del Prado.


Sobre Azul se puede leer la entrevista de Nacho Fernández.

El enigma de París

santis
Pablo De Santis. El enigma de París (Planeta, 2007)

En la novela El enigma de París el escritor argentino Pablo De Santis (Buenos Aires, 1963) nos remite a la capital francesa en 1889, para relatarnos el encuentro de Los Doce Detectives, los investigadores más famosos del mundo. Cada uno de ellos viaja con su "ayudante" (homólogos del Watson de Sherlock Holmes), y apenas llegados a París se ven involucrados en varios crímenes cometidos aparentemente por un asesino en serie. La identidad del asesino es un misterio que solo se devela al final del libro.

Estamos, pues, ante un relato que asume todas las convenciones y tópicos propios de la novela policial clásica, pero que lo hace de una manera posmoderna: con guiños al lector informado y con una actitud narrativa entre irónica y lúdica. La única libertad que se toma el autor –y es sin lugar a dudas su mayor acierto– es hacer del protagonista, el argentino Sigmundo Salvatrio, un aprendiz de detective al que sus mayores van revelando las grandezas y miserias del oficio. Salvatrio, un adolescente al inicio del relato, termina ocupando el lugar de su maestro.

Se puede encontrar una cierta continuidad entre estas novelas y las anteriores del autor, como el trabajo a partir de géneros literarios populares, la investigación como eje central de la narración y también esa prosa muy bien trabajada y que en algunos pasajes llega a reunir concisión y reflexión. El mayor cambio está en la extensión, pues Filosofia y letras (1999) y El calígrafo de Voltaire (2001) –reconocidas como las mejores obras de De Santis– son novelas breves y de pocos personajes. El enigma de París, con sus casi 400 páginas y decenas de personajes, no alcanza a tener la intensidad ni la eficacia de aquellas.

Pero el problema no es tanto que las virtudes literarias del autor se presenten aquí demasiado diluidas, sino su propia intención de escribir un libro "exitoso", aunque para ello tuviera que renunciar a ciertas complejidades de sus novelas anteriores (temas como la memoria, la identidad y la escritura desaparecen) y caer en los vicios del pastiche (exceso de artificios, situaciones efectistas, personajes estereotipados). De hecho, De Santis ganó su apuesta, puesto que El enigma de París obtuvo el Premio Planeta-Casamérica 2007 y es un best-seller en todo el mundo de habla hispana. Estos reconocimientos son merecidos, pues estamos ante uno de los narradores más interesantes de la nueva generación de escritores argentinos.


Se pueden leer las primeras páginas de El enigma de París en la revista Noticias.
Otras reseñas de la novela: Ernesto Ayala, Miguel García Posada, Héctor Guyot, Valeria Luiselli, Rodrigo Orihuela, Santos Sanz Villanueva, Zeta.
Entrevistas: Carlos Batalla, Ángel Berlanga, Manuel Eráusquin y Carlos Sotomayor, Pedro Escribano, Jorgelina Núñez, Giancarlo Stagnaro.