El poemario del año


Jorge Frisancho. Desequilibrios (PUC, 2004)

Jorge Frisancho fue el poeta más joven de los reunidos en la polémica antología La última cena. Poesía peruana actual (1987). Ya entonces era considerado, a pesar de ser un autor inédito, como uno de los más talentosos representantes de su generación, la surgida en la segunda mitad de los 80’s. Su dos primeros libros, Reino de la necesidad (1988) y Estudios sobre un cuerpo (1991), fueron recibidos con elogios casi unánimes por parte de la crítica. Después de un largo silencio, que abarca los 12 años que el poeta lleva radicado en Estados Unidos, Frisancho acaba de publicar su tercer libro, Desequilibrios, un poemario sobre la experiencia del exilio que consideramos el mejor publicado en el Perú en el 2004.

Dividido en tres partes (con un Arte poética final a manera de colofón) Desequilibrios es un ordenado y reflexivo itinerario del retorno del poeta a su patria. La primera sección está constituida por 10 poemas en los que el yo poético (desde el exilio) expresa reflexiva y emotivamente su sentimiento de desarraigo: "he venido tan lejos para llegar a nada / y me siento a escribir continuamente / en los pedazos de un día que no me pertenece...". Frisancho es un poeta ‘cultista’ y sus versos están siempre llenos de alusiones y citas que en este caso remiten inequívocamente a la obra póstuma de Vallejo, escrita también desde el exilio, tanto físico como idiomático. El título de uno de los poemas es expresivo al respecto: Pero me sale espuma
.
La segunda parte del libro trata acerca del viaje de regreso y está constituida por un solo poema largo titulado Migraciones. Continúa el diálogo con Vallejo y con otros autores peruanos (se menciona a Hinostroza), y también con los primeros libros del propio Frisancho, que en Reino de la necesidad abordó el tema de la migración en sus diferentes connotaciones. En la última sección los poemas hablan del difícil reencuentro: "porque ahora estoy aquí, más nunca se regresa / y porque todo regreso es a otra parte". Los paisajes desérticos de la costa peruana remiten, por las imágenes y asociaciones, a los poemarios Fin desierto (1997) de Mario Montalbetti y Una procesión entera va por dentro (1998) de Rodrigo Quijano.

No es extraña esta filiación, pues Frisancho formó parte de un grupo de jóvenes (Quijano, Echarri, Del Valle, Reátegui, Salas) que intentaron actualizar la poética de la generación del 60, la influencia de anglosajona, en una dirección más libresca y reflexiva (en la línea de Eduardo Chirinos y Mario Montalbetti) que la seguida por los poetas de los 70’s en general. Los novísimos, así se denominó al grupo en aquellos años, representaban una propuesta radicalmente opuesta a la de sus contemporáneos del movimiento Kloaka. Lamentablemente, publicaron muy poco, apenas un poemario en la mayoría de los casos y algunos hasta hoy continúan como autores inéditos.

La poética novísima era bastante compleja y ambiciosa: versos introspectivos (a la manera de Eliot), citas y alusiones literarias, juegos con los diversos registros del lenguaje (desde lo coloquial a lo libresco) y la reflexión acerca de los recursos y fines de la propia poesía. Todos esos elementos están presentes en Desequilibrios, integrados apropiadamente a los versos gracias al dominio técnico y rigor formal de Frisancho; y también a su buen oído para el ritmo y la prosodia. El resultado es una poesía que por momentos se aproxima a lo más reciente de otros autores (Lauer, Montalbetti) pertenecientes a esa 'otra margen' de la siempre caudalosa producción poética peruana.

Acaso en algunas páginas Frisancho se deja llevar demasiado por el impulso de su propio discurso y cae en ciertos excesos y retoricismos; pero esas caídas son mínimas. En líneas generales, Desequilibrios es un muy buen poemario, una minuciosa y descarnada exploración en el tema del exilio (el título alude a la infructuosa búsqueda de 'apoyos' existenciales) y el retorno a la patria. Además de un feliz reencuentro con uno de los mejores poetas peruanos entre los surgidos en los últimos veinte años.