Vivir abajo


Delirio de condenados


Reconocido ensayista y crítico literario, Gustavo Faverón (Lima, 1965) debutó en la narrativa con El anticuario (2010), una novela policial que mezclaba (según el propio autor) la fantasía gótica con el relato de terror para hacer una aproximación personal a la violencia política de los años ochenta en nuestro país. Una narración original y compleja, aunque acaso apelaba demasiado a lo alegórico y metaficcional. Ocho años después, Faverón nos entrega su segunda novela, Vivir abajo (Peisa, 2018), en la que amplía y mejora esa propuesta: la fantasía, lo gótico y lo metaficcional como herramientas para describir (con mejores resultados) la terrible experiencia de la violencia; pero esta vez ya no solo en nuestro país, sino en casi toda Sudamérica y otras partes del mundo.

El personaje alrededor del que se desarrolla la trama es George Bennett, un cineasta norteamericano cuya azarosa vida lo lleva por casi todos el continente. Al inicio de la novela lo encontramos en Lima, en los años noventa, llevando a cabo, con sangre fría y detallada planificación, una cruenta venganza: secuestra, tortura e incinera a un viejo enemigo, aunque para ello tiene que enamorar a la hija de su víctima. Después las acciones de trasladan a Estados Unidos, a la formación de George en el seno de una extraña familia, con un padre que ha sido militar y torturador, y que guarda sumamente vivos los recuerdos de su participación en diversos conflictos en otros países. Luego George seguirá las huellas de su padre en el Paraguay de Stroessner, en el Chile de Pinochet y la Argentina de Videla, entre otros lugares. En ese amplio recorrido (espacial y temporal), nos encontramos con personajes históricos como el nazi Klaus Barbie o el Che Guevara.

Pero ese es solo el esquema, el armazón de esta novela de más de 600 páginas. En cada una de estas etapas se desarrollan complejas tramas, con numerosas historias secundarias y situaciones en el límite de lo verosímil; como las salas de reclusión y de tortura ubicadas en insospechados subterráneos, que dan título al libro. Y también con personajes peculiares y exagerados, entre los que nunca falta algún artista (escritor, cineasta, músico), con el que entran a la ficción un universo de citas y referencia de todo tipo, que incluso llegan a integrarse a las propias acciones narradas. Como se señala en algunas páginas, gran parte del texto puede ser tomado como los delirios de alguien que está sometido a las más inhumanas torturas, al punto que comienza a confundir la realidad con la ficción, y sus recuerdos con lo que ha leído, soñado o le quieren hacer confesar.

Con tantos y tan dispares elementos, además de su vocación “barroca”, Vivir abajo contiene algunos pasajes que pueden resultar un tanto tediosos; especialmente en los extensos párrafos dedicados a las “obras” de los propios personajes de la ficción, como en el caso de las novelas de Mano Manzano. Pero, en suma, lo que Faverón nos entrega es algo así como el otro lado la historia latinoamericana del siglo XX: una minuciosa cartografía del horror y los crímenes generados por la violencia política y el abuso de poder. Y como si esto fuera poco, además se presenta en una novela con pretensiones de totalidad: historia, cultura, arte, literatura, humor y parodias, y que además quiere mantener siempre atento al lector brindándole historias interesantes, llenas de peripecias y descubrimientos sorprendentes, como el de la insospechada filiación de algunos personajes, solo revelada en las últimas páginas.

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