Cuando los hijos duermen



Juan Carlos Cortázar (Lima, 1964) es un escritor peruano que ha radicado fuera del país buena parte de su vida. En Argentina hizo estudios de Escritura Narrativa en la Casa de Letras (Buenos Aires) y ha publicado tres libros de narrativa: la novela Tantos angelitos (2012) y los libros de cuentos Animales peligrosos (2014) y La embriaguez de Noé (2015). Recientemente Cortázar ha presentado su segunda novela, Cuando los hijos duermen (Animal de Invierno, 2016), el primer libro que publica en el Perú, y que aborda la problemática de las familias limeñas de hoy, pero centrándose en aspectos polémicos como los padres divorciados, la homosexualidad, el machismo imperante en nuestra sociedad y hasta la violencia política de las décadas pasadas.

La historia que se cuenta es la de Adrián, un limeño de clase media, ex militante izquierdista y que vive en Estados Unidos, pero que regresa a su patria para pasar algunas semanas con Lucas, su hijo adolescente. Pronto nos enteramos que el alejamiento de Adrián de su familia y de su país se debe al propio reconocimiento de su homosexualidad, algo que no se atreve a confesarle a Lucas. Y durante su estadía en Lima, Adrián vive un tortuoso romance con César (padre de una compañera de aula de Lucas), quien prefiere seguir siendo considerado un padre y esposo ejemplar, y mantener la relación con Adrián en el más absoluto secreto. A ello se suman los enfrentamientos y discusiones de Adrián con su propio padre y con la madre de Lucas, que terminan alejándolo definitivamente del Perú.

Así, aunque la homosexualidad de Adrián es el motor de las acciones, en realidad el tema es el de las relaciones al interior de la familia; en especial las concesiones que se suelen hacer al asumir la paternidad y que obligan a muchos a vivir parcialmente (cuando los hijos duermen) sus propias vidas. Y además sin tener ninguna certeza de estar haciendo lo correcto. En ese sentido resultan acertadas las opciones formales de Cortázar: las descripciones sencillas (y que abarcan diversos distritos limeños), el énfasis en los gestos y las miradas; y la narración en tercera persona, pero enfocada en el punto de vista de Adrián. Todo apunta a generar una atmósfera de ambigüedad e incertidumbre: nunca llegamos a saber si César está enamorado de Adrián, lo que siente Lucas por su padre.

Acaso algo que no encaja bien dentro de esta historia de “claroscuros, sombras y silencios” (según la ha definido el propio autor) son esos irrefrenables impulsos sexuales de Adrián, que lo llevan a buscar jóvenes en cualquier discoteca limeña. Para el escritor y crítico Ricardo Sumalavia, la función de estos episodios es crear “paralelismos entre una sexualidad en tensión, pero que busca estallar en cualquier instante, con un contexto determinado, que busca también enfrentarnos a lo que sucedió en el Perú durante los años de la violencia más irracional”. En todo caso, Cuando los hijos duermen resulta una buena novela, abierta a diversas interpretaciones.