Coordenadas temporales


Doctora en Literatura, con estudios en las universidades de San Marcos y de Nueva York (NYU), Claudia Salazar (Lima, 1976) es una conocida crítica, catedrática y promotora cultural. Aunque había publicado algunos relatos en revistas virtuales, su verdadero debut como narradora lo hizo con la novela La sangre de la aurora (2013), sobre las vidas de tres mujeres durante los momentos más difíciles de la violencia política de las décadas pasadas. Un año después esta novela obtuvo el Premio Las Américas de Narrativa Latinoamericana, otorgado en Puerto Rico. Y a pesar de las expectativas generadas en torno a su obra, Salazar se ha tomado tres años para entregarnos su segundo libro de narrativa: Coordenadas temporales (Animal de Invierno, 2016).

Textos muy diversos son los que integran este nuevo libro, tanto por su temática, extensión (desde el microrrelato de apenas un párrafo hasta las diez páginas) y diversidad de registros, que abarcan el realismo registro, la metaliteratura, el horror y la ciencia ficción, entre otros. Salazar lo sabe, y por eso ha ordenado sus textos de acuerdo al eje realismo-fantasía. De ahí que el libro se inicie con “Aquella olas”, cuento basado en la recordada noticia del hombre al que en un hospital del Callao le amputaron, por error, una pierna sana. La autora le ha agregado a esta historia algunos detalles del pasado del protagonista, logrando un relato efectivo. En el otro extremo está el cuento final, “Cyber-proletaria”, narrado en primera persona por un robot con Inteligencia Artificial evolucionada y que dirige la empresa Procrear Inc., la que amenaza con monopolizar la actividad reproductiva humana.

Entre estos dos polos, el resto de relatos se caracteriza, según afirma en la nota de presentación el escritor mexicano Alberto Chimal, porque en ellos “las sujeciones, las esclavitudes, las injusticias que hemos aprendido a aceptar como parte de la normalidad se revelan como algo monstruoso”. Eso es exactamente lo que sucede en el ya mencionado cuento “Aquellas olas”, y también en “En paz”, en el que la soledad e incomunicación del hombre moderno es llevada más allá de la muerte. Un relato que nos recuerda al ribeyriano “Nada que hacer, monsieur Baruch”. Y en “Carta a Salvador” Salazar se da el gusto de revivir y traer a nuestro siglo XXI nada menos que a Franz Kafka; con el mismo sentido del humor con que la película Ha vuelto (2015) hace aparecer en la Alemania actual a Adolph Hitler.

Pero lo que prima en el libro son los relatos menores, textos breves que se limitan a presentar una situación aparentemente cotidiana y a “darle la vuelta” de alguna manera; como en los cuentos “El juego de las sábanas”, “Los otros 200” o “El ballet”. Incluso en los relatos más extensos nos quedamos con la sensación de que pudieron desarrollarse mucho más, de que la autora solo nos brinda pequeños atisbos a los temas abordados. En general, en los cuentos de Coordenadas temporales resulta demasiado evidente que la autora está experimentando con el relato corto, descubriendo las particularidades de este género literario que todavía no domina a plenitud.