Esa muerte existe


La escritora Jennifer Thorndike debutó literariamente con el libro de cuentos Cromosoma Z (2007), pero fue recién con la novela [ella] (2012) que llamó la atención de los lectores y de la crítica. Y no era para menos, pues se trataba de un relato breve (cien páginas) pero sumamente intenso, que abordaba la siempre problemática relación de madre e hija, llevándola hasta extremos de odio y crueldad. Thorndike acaba de publicar su segunda novela, Esa muerte existe (Random House, 2016) en la que continúa su exploración de los vínculos enfermizos dentro del propio hogar, esta vez a través de la historia de dos hermanas, siempre en competencia y empeñadas en dañarse mutuamente.

La historia de Sofía y Lucía, las hermanas, es sumamente trágica: hijas de una pareja de adictos, son rescatadas por el abuelo, quien las trata de muy diferente manera, dándole todo su cuidado a la bella Lucía y convirtiendo a Sofía en poco menos que sirvienta de su hermana. La intención del anciano es potenciar la belleza de Lucía para explotarla económicamente, pero eso genera una gran rivalidad entre las hermanas. Así, aún siendo niñas, Sofía es la causante de un incendio en el que su hermana queda ciega y con huellas en el rostro y en el cuerpo, con lo que se frustran todos los planes del abuelo. El odio entre las hermanas sigue creciendo, y ellas se someten mutuamente a las más peores humillaciones hasta que, ya adultas, Sofía asesina a Lucía.

Si bien se trata de una historia trágica, el énfasis está más en lo sórdido e insano, desde los sobrenombres que los personajes se dan entre sí (Larva, Monstruo, etc.) hasta las propias acciones: las ratas que Sofía hace comer a su hermana ciega, las fotos obscenas que el abuelo les toma a las niñas, el que Sofía (ya adulta) duerma a su hermana con drogas para prostituirla… y la lista podría continuar. En esta incursión en la vileza y suciedad, Thorndike va mucho más allá de lo verosímil, por lo que su universo ficcional pierde solidez y coherencia en todos los aspectos: tanto los personajes (no humanos sino caricaturescos), su sexualidad (siempre retorcida y aberrante), la lógica de la trama (las contradicciones “económicas” de esa peculiar familia, los sucesos de la Casa de Reposo), etc. Así, la interesante propuesta narrativa de [ella] se convierte aquí (acaso por malas influencias literarias) en algo demasiado parecido al guion de una película gore.

El relato se inicia con Sofía capturada por la policía y confesando su crimen. Esta confesión abarca dos secciones del libro: la primera con los sucesos de la casa del abuelo, en la infancia de las hermanas; la segunda con los sucesos de la Casa de Reposo, donde las hermanas van a vivir ya sin el abuelo. Pero hay además una tercera sección, titulada “Pena de muerte”, en la que Sofía, ya presa y condenada a muerte, reflexiona sobre su situación y sobre la relación amorosa que tiene con su abogada. En esta sección sí nos encontramos con una Sofía humana y real. Son las mejores páginas de Esa muerte existe; pero por su tenue conexión con el resto de la historia, no logran salvar a la novela.