Dora Bruder



La Academia Sueca le otorgó el Premio Nobel de Literatura 2014 al escritor francés Patrick Modiano (Boulogne, 1945) por “el arte de la memoria con el que ha evocado los destinos humanos más inaprensibles y descubierto el mundo de la ocupación nazi de Francia”. Una afirmación que remite casi puntualmente a la novela Dora Bruder (1997), que muchos consideran como su obra maestra, en la que Modiano trata de reconstruir, a partir de un pequeño aviso real de un diario de 1941 (solicitando información acerca de la adolescente Dora Bruder, aparentemente fugada de su hogar), la trágica vida de una joven francesa de ascendencia judía.

Lo que más llama la atención a Modiano de ese aviso es que la casa de la familia Bruder estaba precisamente en la calle parisina en la que él pasó su infancia, pocos años después. Por eso comienza la reconstrucción con la descripción de ambientes, calles y edificios en los que seguramente transcurrió la vida de Dora, hija de emigrantes y de condición muy humilde. Así, va creando el retrato del París de medio siglo antes. Y de lo físico, Modiano pasa a los estados de ánimo y al imaginario de los parisinos durante la ocupación, para graficar la opresión, la angustia y hasta el terror que se vivió en la ciudad durante la ocupación alemana.

En su reconstrucción de la época, el narrador revista a algunos libros y autores de moda en aquellos años, y hasta vuelve a ver una película cómica que disfrutó especialmente en su niñez. Pero ahora la encuentra demasiado oscura y opresiva: “Comprendí repentinamente que esa película estaba impregnada por las miradas de los espectadores del tiempo de la ocupación: espectadores de todas clases, muchos de los cuales no habían sobrevivido a la guerra”.

Finalmente llegamos a conocer el destino final de Dora: fugada de su casa, fue capturada por la policía y, debido a su origen judío, conducida a una cárcel parisina y de ahí al campo de concentración de Auschwitz, donde aparentemente tuvo un trágico final. Lo que Modiano hace con especial maestría en esta novela es hacernos tomar verdadera conciencia no solo de los horrores de la guerra, sino la indiferencia con la que buena parte de los parisinos presenciaron los excesos de los invasores, e incluso algunos hasta colaboraron con ellos. Como afirma Adolfo García Ortega, Dora Bruder “es Modiano en la cumbre de su narrativa”.