Camping en el país de las maravillas


En el libro Camping en el país de las maravillas (Carpe Diem, 2014), Rebeca Urbina (Lima, 1983) ha reunido una veintena de poemas que presentan, de manera sencilla y lúdica, diversas situaciones de la vida una joven limeña de clase media. Desde su rutina como oficinista en un banco (“Lunes plastificado”) y sus paseos por el parque (“Parque Kennedy”), hasta sus costumbres al momento de dormir (“Fotografía de alcoba familiar”); pero también sus traviesas e irreverentes reflexiones y sueños diurnos (“Boceto de Teología”, “El secreto de las piedras calientes”).

Urbina –con estudios de Literatura en la Universidad Católica– logra unir acertadamente el lenguaje cotidiano con un cierto minimalismo retórico. La mayoría de los poemas están basados en una sola imagen o metáfora, desarrollada con humor y ternura. Así, el vientre materno se convierte en un “hotel de cinco estrellas… con jacuzzi personal” y las veleidades afectivas de un pretendiente resultan similares a las de un gato callejero. Son poemas simples pero “redondos”, cercanos a las letras de algunas canciones pop; incluso hay poemas (“Una dama en tres actos”, p. e.) que tienen la estructura estrófica de una canción.

Los peligros de esa estrecha cercanía con la cultura pop se pueden comprobar en poemas como “Archipiélago” o el arjoniano “Punto perdido”. No obstante esas caídas, Camping en el país de las maravillas es un poemario fresco y original. Seguramente por esas virtudes fue elegido –por un jurado presidido por el crítico Ricardo González Vigil– como ganador del IV Concurso de Poesía de Mujeres Scriptura, organizado por la Comisión de escritoras del PEN Internacional y el Centro Cultural de España.