Culpa de sombras


Es difícil comentar el libro de una “celebridad mediática”. Y más aún si se trata de una novela, como en el caso de Culpa de sombras (Mesa Redonda, 2012) de Ariel Bracamonte (Lima, 1989). Como se sabe, Ariel tuvo una notoria y polémica participación en el juicio que se le hizo a su hermana Eva, condenada por el asesinato de la madre de ambos, ocurrido en 2006. Desde entonces, Ariel (estudiante de periodismo) ha aparecido frecuentemente en diversos programas de televisión, desde noticieros hasta concursos de baile.

La primera sorpresa del libro es que se trata de una obra de ficción, de una novela, y no de un testimonio, como suele suceder en estos casos. El autor imagina como será su vida cuando tenga cuarenta años: convertido en un exitoso presentador de televisión en Estados Unidos (bastante parecido a Jaime Bayly) tiene que enfrentar la crisis del inicio de la vejez (la carátula del libro apunta en esa dirección). Una crisis que lo aleja momentáneamente de la televisión y que lo lleva de regreso a la casa familiar en Lima, donde debe enfrentar a los fantasmas de su pasado.

Una segunda sorpresa es que el libro está bastante bien escrito, tanto en lo que respecta al lenguaje (incluso por momentos demasiado recargado) como en las técnicas narrativas, pues Bracamonte maneja con bastante solvencia las elipsis y los relatos paralelos, aunque las líneas narrativas no lleguen a desarrollarse plenamente. Y en cuanto al carácter “testimonial” de la novela, las páginas más personales y valiosas son las dedicadas al padre del protagonista, un vividor ocioso y sin moral. En suma, Culpa de sombras resulta una lectura interesante en varios aspectos.