Mi cuerpo es una celda


Andrés Caicedo. Mi cuerpo es una celda (Norma, 2008)

Andrés Caicedo (1951-1977) es ya un mito de las letras colombianas. Un adolescente talentoso y precoz, ganador de varios premios de narrativa y muerto prematuramente; también un joven con serios problemas para relacionarse con su entorno, tartamudo, aficionado a las drogas y los universos artificiales: la literatura, el rock y especialmente el cine, su mayor pasión. Se suicidó a los 25 años de edad, dejando una gran cantidad de textos: relatos, guiones, cartas, diarios y escritos de todo tipo. A partir de este material, el escritor Alberto Fuguet ha elaborado el libro Mi cuerpo es una celda. Una autobiografía de Andrés Caicedo (Norma, 2008).

Las páginas elegidas por Fuguet abarcan desde apuntes de un diario escrito en 1966 hasta las dos cartas que Caicedo redactó el 4 de marzo de 1977, momentos antes de morir por mano propia, y en las que no menciona su trágica determinación. Son las cartas (muchas de ellas editadas) el material dominante en este libro, pues Caicedo, a la manera de Kafka “algunas veces escribía tres o cuatro cartas largas en un mismo día”. A las epístolas y páginas de diarios se suman algunos poemas, un pequeño relato y muchas críticas y artículos sobre cine que Caicedo publicó tanto en Ojo al cine (revista que fundó y dirigió), como en la recordada revista peruana Hablemos de cine.

Este peculiar collage, cronológicamente ordenado, nos permite seguir la evolución del lado “oscuro” de Caicedo, desde los típicos problemas de adolescencia hasta las crisis de su drogadicción y los intentos de suicidio, pasando por la tentación homosexual y la epilepsia. Y también su lado “luminoso”: las tiernas cartas a sus hermanas, los intentos de convertirse en guionista en Hollywood, la labor de infatigable promotor cultural y, especialmente, sus agudas y bien fundamentadas críticas de cine. Las diferencias entre estos dos caicedos las descubrirían pronto Isaac León y Desiderio Blanco, cuando viajaron a Cali y conocieron al joven colaborador de Hablemos de cine.

Aunque no estemos de acuerdo con algunas de las opciones de Fuguet (a comenzar por el propio título del libro, tomado de una canción de hace dos años), su meritorio trabajo hace de Mi cuerpo es una celda un conmovedor testimonio sobre la vida de Caicedo. Quienes todavía no conozcan a este original escritor colombiano, “el hermano mayor de McOndo, el link perdido al siglo XXI, el fan de Vargas Llosa que escribía guiones de westerns y películas de terror”, pueden iniciarse en la caicedomanía con este muy buen libro, y luego continuar con la obra del autor, casi toda editada por Norma.
(Artículo publicado previamente en La República)

En Internet se pueden leer elgunos textos de Andrés Caicedo.
Otros artículos sobre Mi cuerpo es una celda: Juan Andrade, Cine con Chile, José Noé Mercado, Iván Thays.