Himnos

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Miguel Ildefonso. Himnos (Apolo Land, 2008)

La producción poética de Miguel Ildefonso (Lima, 1970) presenta dos etapas bien definidas. Una comprende los tres primeros libros –Vestigios (1999), Canciones de un bar en la frontera (2001) y Las ciudades fantasmas (2002)– que consagraron a Ildefonso como una de la voces emblemáticas de la generación poética del 90. La segunda se inició con los libros M.D.I.H. y Haeutontimoroumenos (2004), en los que la creación poética era asumida de una manera mucho más libre y arriesgada. Ildefonso acaba de publicar dos nuevos poemarios, Los desmoronamientos sinfónicos (Hipocampo, 2008) e Himnos (Apolo Land, 2008), que muestran tanto las virtudes como los peligros de esta segunda etapa de su obra.

Los desmoronamientos sinfónicos es un conjunto de poemas en prosa, en los que Ildefonso vuelve a los temas y ambientes de sus primeros libros: la descripción de la vida urbana limeña, pero desde la perspectiva de sus pobladores más pobres y marginados; y la reflexión sobre la muerte, la soledad y la propia poesía. Son textos sin signos de puntuación (a excepción del punto) y en los que las imágenes (métaforas, símiles) fluyen sin cesar, pues incluso las disquisiciones metaliterarias se realizan a través de ellas: “juntar palabras como ladrillos. he ahí mi realidad. la poesía es caminar por Lima… en la poesía existe el mar. la vida no. la vida es otra cosa…”.

Himnos, desde el título, remite a la tradición de los grandes poetas románticos. Especialmente a Himnos a la noche de Novalis (1772-1801), libro en que el poeta alemán se sumerge en la oscuridad (la noche, la muerte, la nada) para llegar a lo más luminoso y trascendente. Ildefonso parte también del “oscuro pozo de la muerte”, que en este caso remite al caos y la violencia de los ámbitos urbanos más sórdidos y que gracias al poder de la poesía y el amor se transforman en lugares sagrados en que las personas más pobres adquieren una cierta divinidad: “… con su mandil sucio y sus zapatillas rotas de niña / sus cabellos blanco que salían del gorro… / la anciana miraba la avenida y dormitaba / así fue que vi a Dios”.

No obstante este esquema, un proceso con principio y final, estos Himnos (escritos en versos libres) casi no apelan a aquellos elementos narrativos tan importantes en los libros iniciales de Ildefonso. En general, en esta segunda etapa, y después de dos libros de narrativa –El paso (2005) y Hotel Lima (2006)–, la poesía de Ildefonso se ha vuelto más esencial y pura, basándose exclusivamente en el poder de las imágenes, las palabras y las ideas. Los textos se desarrollan impulsados por la propia sensualidad de las imágenes y la sonoridad de las palabras, alcanzando momentos de intenso lirismo, especialmente en Los desmoronamientos sinfónicos.

Con estos dos libros (basados en textos escritos hace más de diez años) Ildefonso continúa en la búsqueda del sentido de la vida y la muerte, de la armonía entre el destino individual y el universo natural; y también del papel de la poesía y el arte en una sociedad y una época como la nuestra. Lamentablemente en Himnos esa búsqueda se pierde en las recurrentes apelaciones a la luna y las estrellas, al corazón y los sueños. Además, los versos presentan demasiadas repeticiones, errores y deslices: “Y la ingravidad se convierte en ese errar y amar”, “Porque el amor se para para mirar”, “Empédocles se arrojó al río Etna”.

Los poemas de Los desmoronamientos sinfónicos mantienen un mayor rigor poético, aunque la imaginería desplegada a veces parezca más propia de la escritura automática surrealista que de la poesía urbana y coloquial de Ildefonso y la generación del 90. Sin embargo, las descripciones del paisaje urbano resultan aquí más acertadas, las reflexiones más originales y lúcidas, y el conjunto tiene una mayor unidad y solidez. Acaso la diferencia se deba a que estos textos han sido más trabajados a lo largo del tiempo, pulidos y hasta reformulados varias veces. Incluso el conjunto fue reunido hace algunos años en un libro “virtual” que Ildefonso difundió gratuitamente a través de Internet.
(Artículo publicado previamente en La Primera)


Otros textos sobre Himnos: David Abanto.
Otros textos sobre Los desmoronamientos sinfónicos: Javier Ágreda, David Abanto, José Güich, José Pancorvo, José Carlos Yrigoyen.
Entrevistas: Carlos Sotomayor, Jennifer Thorndike.

El autómata y otros relatos

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Xavier Abril. El autómata y otros relatos (PUCP, 2008)

Continuando con su labor de rescate de importantes obras literarias, la colección El manantial oculto, del rectorado de la Universidad Católica, acaba de publicar el libro El autómata y otros relatos, una recopilación de textos narrativos escritos por el peruano Xavier Abril (1905-1990). Más conocido por su poesía surrealista, Abril es autor de la “novela poemática” Hollywood (1931) y una serie de relatos que la crítica considera entre lo más destacado de la narrativa vanguardista peruana, junto con libros como La casa de cartón de Martín Adán o Escalas melografiadas de César Vallejo.

El autómata es una novela corta que Abril escribió entre 1929 y 1930 y de la que, por mucho tiempo, se conocieron apenas algunos fragmentos publicados en revistas. Tiene solo dos personajes, Sergio y su padre (el primero, el autómata, está encerrado en un manicomio; el segundo es un alcohólico), y ambos están en el umbral entre la vida y la muerte. En los ocho capítulos de la novela, el narrador omnisciente más que contar, describe esas extrañas agonías –desde el aspecto físico de los personajes hasta sus pensamientos y emociones– apelando a recursos netamente poéticos: “El aire serpentea la lengua de la llama que es una voz, tal vez la última palabra en la cueva de los ojos.”

En el estudio prologal de este libro, Xavier Abril y la experiencia de la vanguardia, el escritor Jorge Valenzuela (responsable de esta antología) afirma que esa “concatenación de imágenes”, a pesar de sus semejanzas con el fluir de la conciencia joyceano o la escritura automática surrealista, se diferencia por la “mediación conceptual e ideológica” del autor, su cuestionamiento de “los decadentes valores de la burguesía”. Abril recurre, como Breton en Nadja, al tópico de la locura, para describir “la conciencia errática y desintegrada de los retoños de esa clase social”. Hay que recordar que este escritor formó parte del grupo de intelectuales y artistas congregados por J. C. Mariátegui en torno a la revista Amauta.

Valenzuela ha rastreado en la obra de Abril, tanto en prosa como en verso, aquellos textos en los que se cumple con la diégesis, “narración de estados o acontecimientos en el tiempo, seguida de una transformación de la situación plateada en el inicio”. Por eso ha incluido en El autómata y otros relatos un capítulo completo de Hollywood –Prosas para una dama de Europa– y fragmentos de otros dos; así como Dos relatos (1930) y una Radiografía de Charles Chaplin (1929).
(Artículo publicado previamente en La República)


El libro Poesía soñada reúne la obra poética completa de Xavier Abril.
Otros textos sobre El autómata y otros relatos: Christian Elguera, Abelardo Oquendo.

La maravillosa vida breve de Óscar Wao

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Junot Díaz. La maravillosa vida breve de Óscar Wao (Mondadori, 2008)

Junot Díaz nació en República Dominicana, en 1968, pero desde los seis años vive Estados Unidos. Su primer libro Drown (1996, cuentos), escrito en un inglés plagado de términos propios del español dominicano, lo llevó a ser considerado como uno de los más importantes escritores norteamericanos de la actualidad. Díaz tomó esa fama con calma y trabajó casi una década en su siguiente obra, la novela The Brief Wondrous life of Oscar Wao, publicada el año pasado y que ha obtenido los premios Pulitzer y National Books CircleAward. Traducida hace poco al español, La maravillosa vida breve de Óscar Wao ya esta circulando en nuestro medio.

Díaz cuenta en este libro la historia de Óscar, un joven de origen dominicano que vive en Paterson (Nueva Jersey). Óscar es moreno, obeso y un “nerd” a carta cabal: obsesionado con la ciencia ficción y los videos juegos, casi no tiene amigos y menos amigas, al punto que su gran temor es convertirse en el primer dominicano en morir virgen. A pesar de ello, siempre está perdidamente enamorado de alguna mujer imposible para él. Díaz narra las desventuras de este personaje con un deslumbrante sentido del humor y un lenguaje que mantiene el ritmo y la gracia del “spanglish” hablado por los latinos en Norteamérica.

La unión de humor, ironía, oralidad y talento literario debe ser lo que más ha llamado la atención de la crítica en su país; pero a los lectores peruanos esa combinación los remitirá irremediablemente a la narrativa de Alfredo Bryce, en especial por los enamoramientos del protagonista: Óscar incluso intenta suicidarse por una decepción amorosa. En todo caso, Díaz sería una especie Bryce puesto de cabeza: mientras que los personajes del peruano suelen ser de clase alta y con un aristocrático “buen gusto”, los de Díaz son casi seres marginales que viven inmersos en la cultura de masas: películas, series de televisión, música pop. El libro se inicia con una cita de Stan Lee, un diálogo de Los cuatro fantásticos, que anuncia la importancia que estos referentes tienen en el imaginario de los personajes.

Además de la vida de Óscar, la novela cuenta la de tres generaciones de su familia, remontándose hasta la República Dominicana de la dictadura de Rafael Trujillo (1930-1952). Díaz relata en clave humorística, aunque sin escatimar los detalles más terribles, los excesos y abusos que soportaron los dominicanos en aquella época. Uno de los capítulos centrales está dedicado a Abelard Cabral, el abuelo de Óscar, quien entre 1944 y 1946 vivió una experiencia similar a la de Agustín Cabral en La fiesta del chivo, la novela de Mario Vargas Llosa: Trujillo, famoso por sus lujuriosos caprichos, quiere tener relaciones sexuales con la hija adolescente de Cabral. A diferencia del vargasllosiano, este Cabral no cede al capricho del dictador, originando así la terrible maldición (el “fukú”) que marca a todos sus descendientes.

La forma en que estos dos narradores han afrontado esta historia muestra las diferencias entre la modernidad y la posmodernidad. Vargas Llosa, no obstante sus audacias técnicas y estructurales, se centra en el “sacrificio” de la hija por parte del padre, casi como si se tratara de una tragedia griega. Díaz integra esta anécdota a su divertida saga familiar, vinculándola con un episodio de la serie televisiva La dimensión desconocida, comparando constantemente a Trujillo con Sauron (el oscuro personaje de El señor de los anillos), apelando a mitos ancestrales dominicanos y, por supuesto, aludiendo reiteradamente a la novela de Vargas Llosa.

A pesar de ciertos desbalances (la historia de Óscar pierde importancia ante las de sus parientes) y lo repetitivo de algunos recursos, La maravillosa vida breve de Óscar Wao es una muy buena novela, que merece todos los reconocimientos y premios que ha obtenido. Díaz ha sabido unir lo posmoderno, la historia y el verdadero trabajo literario; toda una lección para aquellos escritores que intentan ser actuales copiando descaradamente temas y personajes del cine o la televisión.
(Artículo publicado previamente en La Primera)

Se pueden leer fragmentos de la novela en Casa del libro y El Cultural.
Otros textos sobre La maravillosa vida breve de Óscar Wao: Frank Báez, Nuria Barrios, Cristina Castrillón, El Confidencial, José Antonio Gurpegui, Julio Ortega, Asima Saad.

El mundo sin Xóchitl

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Miguel Gutiérrez. El mundo sin Xóchitl (Santillana, 2008)

A pesar de haber publicado su primera novela El viejo saurio se retira en 1969, el escritor Miguel Gutiérrez (Piura, 1940) inició su gran ciclo narrativo más de veinte años después con Hombres de caminos (1988), libro al que siguió la monumental novela La violencia del tiempo (1991), considerada por buena parte de la crítica como la más importante entre las publicadas en el Perú durante la última década del siglo XX. Completaría este ciclo, de aliento épico y centrado en la violencia social y su importancia en el proceso histórico, La destrucción del reino (1992). Luego de dos libros narrativos de carácter experimental –Babel, el paraíso (1993) y Poderes secretos (1995)- Gutiérrez inició una nueva etapa de su obra con la publicación de El mundo sin Xóchitl (2001), una extensa y nostálgica novela sobre el amor de una pareja de hermanos.

La historia se basa en un manuscrito dejado por Wenceslao, miembro de una importante familia piurana y coetáneo del autor, a su amigo de adolescencia Martín (¿Villar, el protagonista de LVT?). En este manuscrito el personaje ya maduro, cuenta la estrecha relación -de carácter incestuoso- que mantuvo con su hermana Xóchitl, un año mayor que él. Las tres partes en que está dividido el libro corresponden a diferentes momentos de esa relación: la infancia feliz, llena de aventuras y travesuras; el reconocimiento de los hermanos de lo prohibido de su vínculo, lo que los lleva a aislarse y a odiar a todos los que intentan separarlos, especialmente a su anciano padre Don Elías; y, después de la muerte del padre, un breve período de libertad y plenitud de la pareja, que concluye con la prematura muerte de Xóchitl.

En varios textos críticos Gutiérrez ha planteado la existencia de básicamente dos tipo de novelas, abiertas y cerradas, tolstoianas y dostoievskianas. Las primeras tratan de trascender lo individual para buscar lo comunitario; las segundas están basadas en la introspección, en la profundización en el mundo interior de los personajes. Los modelos serían, respectivamente, La guerra y la paz y Crimen y castigo. No dudamos que, de acuerdo a esta clasificación, al propio Gutiérrez le gustaría que su obra sea considerada “tolstoiana”; toda a excepción de El mundo sin Xóchitl, una evidente incursión en terrenos novelísticos dostoievskianos. Crímenes largamente planeados (el del padre o el triste final de Mathilde, la primera esposa de Don Elías), el sentimiento de culpabilidad por vivir en pecado, los castigos terribles e ineludibles (no sólo el destino de Xóchitl, también la existencia de un tercer hermano retrasado mental); el autor ha apelado a toda la parafernalia relacionada con este tipo de novelas.

El resultado, sin embargo, no es una novela densa y trágica, el Crimen y castigo piurano planeado por Gutiérrez, sino un relato gótico y decadente más parecido a La caída de la casa Usher de Edgar A. Poe, como con ironía señala el propio autor. La diferencia podría radicar en la falta de profundización en la psicología de los protagonistas (Wenceslao, el narrador, parece no saber nunca lo que pasa en la mente de Xóchitl) y en los excesos de truculencia y retorcimiento de ciertas situaciones y personajes como Constanza, la madre de estos hermanos (cantante de ópera, posiblemente prostituida en su adolescencia, y que aún en su adultez juega con muñecas), o la zamba Pelagia, malvada sirvienta que practica la magia negra. Ni siquiera las connotaciones míticas de la historia (la pérdida del paraíso original, el asesinato del padre) sobreviven a estos excesos.

Contribuyen a acentuar estos problemas ciertas indecisiones del autor. Hay en la novela un pasaje clave al respecto, cuando después de narrar uno de lo recorridos nocturnos de la pareja de hermanos por las calles de la ciudad, se da cuenta que nos ha mostrado una mundo desierto, sin habitantes. Gutiérrez parece reflexionar en voz alta acerca de los “cerrado” de su historia principal, tan intimista y por momentos melodramática (la importancia determinante de la ópera en la vida de los protagonistas es otro detalle “auto-irónico”), y decide “abrirla” añadiendo numerosos personajes secundarios con sus respectivas historias. Una decisión que va en desmedro de la propuesta dostoievskiana original de la novela pero que afortunadamente la lleva a ámbitos más afines con la personalidad literaria del autor.

Así, el relato se convierte no sólo en la recapitulación de la vida de dos generaciones de esa familia sino también en un amplio retrato de la sociedad piurana de los años 50’s (pero que llega a abarcar todo el siglo XX), desde los estratos más altos (Don Elías, la familia de Mathilde) hasta los más pobres (los sirvientes, los campesinos que los hermanos conocen en sus paseos en moto, en la parte final del libro). Todo personaje parece tener una historia interesante que contar, hasta el gato Don Pasquale; y lo mismo sucede con los objetos (libros, muebles, pianos), al punto que la mansión familiar sus diferentes ambientes y los cambios que sufren (esplendor, divisiones por disputas conyugales, decadencia) se convierten en elementos centrales de la novela.

Es en estas historias secundarias donde nos reencontrarnos con las mayores virtudes narrativas de Gutiérrez: la funcionalidad de sus descripciones, su poco común capacidad de fabulación, su minucioso trabajo de documentación, y especialmente la acertada estructuración del relato, que incluye saltos en el tiempo bien dosificados y el oportuno uso de documentos tales como cartas y diarios. Si la historia de estos hermanos incestuosos (que ya estaba anunciada en El viejo saurio...) representó durante décadas un verdadero reto narrativo para Gutiérrez, El mundo sin Xóchitl finalmente demuestra que ha salido muy bien librado de ese reto, aunque para lograrlo haya tenido que renunciar a sus admirados modelos literarios Tolstoi y Dostoievski, para remontarse a un realismo ambiental muy similar al de Balzac.
(Artículo publicado previamente en La República)

Se puede leer el prólogo de la novela en Zonadenoticias.
Otros textos sobre El mundo sin Xóchitl: Melvin Ledgard, Carlos Morales, Javier de Taboada,
Entrevistas: Jorge Coaguila, Carlos Sotomayor,

La muerte lenta de Luciana B.

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Guillermo Martínez. La muerte lenta de Luciana B. (Planeta, 2007)

Doctor en Ciencias Matemáticas y escritor, Guillermo Martínez (Bahía Blanca, 1962) es uno de los más notorios representantes de la narrativa argentina actual. En su obra, que alterna los libros de narrativa con los de ensayo, hay dos hitos importantes: la novela Acerca de Roderer (1992), que lo consagró en su país; y Crímenes imperceptibles (2003), un relato policial que obtuvo el Premio Planeta y fue hace poco convertido en exitosa película, protagonizada por John Hurt y Elijah Wood. Martínez ha unido elementos de estos dos libros en la muy buena novela La muerte lenta de Luciana B., su más reciente publicación.

Luciana es una joven argentina cuyos amigos y parientes más cercanos comienzan a morir asesinados o víctimas de extraños accidentes. Ella piensa que detrás de estas muertes está el reconocido escritor Kloster –autor de oscuras novelas con crímenes y personajes malévolos–, a quien alguna vez ocasionó involuntariamente un terrible daño. Como la policía no le cree, busca la ayuda de otro escritor, un rival literario de Kloster, el innominado narrador y protagonista de esta novela. Los encuentros entre ambos escritores, sutiles e intensos enfrentamientos verbales, llevan a plantear hasta cuatro posibles explicaciones a esa serie de muertes.

En las novelas de Martínez hay siempre, detrás de los sucesos y los personajes, alguna disyuntiva intelectual: la inteligencia asimilativa vs. la creativa en Acerca de Roderer, los razonamientos inductivos vs. los deductivos en Crímenes imperceptibles. En La muere lenta de Luciana B. el dilema se da entre el azar y la causalidad, puntos de vista sostenidos por el narrador y Kloster, respectivamente. Pero ese transfondo teórico no hace perder humanidad ni verosimilitud a los personajes, pues Martínez, admirador confeso de Henry James, les otorga una compleja vida interior (emociones, dudas, pasado) que se manifiesta hasta en sus más pequeñas decisiones y gestos.

Hay todavía otras virtudes que señalar en este libro: el cuidadoso manejo del lenguaje, trabajado hasta lograr la máxima precisión y economía; o el acertado manejo de la trama, en la que las diversas versiones de los hechos (sin contradecirse en nada) dan lugar a interpretaciones completamente diferentes. Y si en Crímenes imperceptibles encontrábamos algunas concesiones al "gran público lector", en La muerte lenta de Luciana B. Martínez hace un feliz retorno a temas y motivos más personales, aquellos ya presentes en sus primeros cuentos y novelas.
(Artículo publicado previamente en La República)

Se pueden leer las primeras páginas de la novela en amazon.com
Otros artículos textos sobre La muerte lenta de Luciana B: Elena Bisso, Artemio Echegoyen, Javier Fresán, Aurora Intxausti, Jorge Monteleone, Javier de Navascués, Ricardo Senabre.
Entrevistas: Héctor Guyot.

La ciudad de los culpables

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Generación perdida
Rafael Inocente. La ciudad de los culpables (Editorial Zignos, 2007)

En estos tiempos de marketing literario, en que los libros suelen presentarse con campañas mediáticas y anuncios publicitarios, todavía existen algunas obras cuyo prestigio está basado exclusivamente en los comentarios honestos de aquellos que las han leído. En el caso de La ciudad de los culpables, primera novela de Rafael Inocente (Lima, 1969), la fama antecedió a la propia publicación del libro, pues el manuscrito circuló entre críticos y escritores durante varios años, obteniendo comentarios tan elogiosos como el incluido en el libro de ensayos El pacto con el diablo de Miguel Gutiérrez.

Ambientada en la Lima de fines de los 80 e inicios de los 90, la novela (que hasta hace poco se titulaba Ciudad enferma), es un amplio retrato de los barrios más pobres y marginales de la ciudad (los “conos”, como se dice en el texto) elaborado a través de las historias, contadas siempre en primera persona, de una serie de jóvenes hijos de migrantes y de origen andino. El más importante de ellos es Orlando Zapata, perteneciente a una familia tradicionalmente ligada a las luchas populares: su abuelo fue un “aprista de lo viejos” que murió encarcelado en El Frontón, y una tía le hace leer tempranamente El Capital. Por esos antecedentes, Orlando es capturado por la policía y pasa diez años en la cárcel acusado injustamente de ser terrorista.

Las historias de los otros personajes –Lucía, Julia y Sebastián, entre otros– son bastante similares y muestran a adolescentes que terminan su educación escolar justo en el momento más álgido de la violencia política en nuestro país. Todos ellos fracasan en sus intentos de hacerse de una formación universitaria, un trabajo decente o al menos una vida digna. Peor aún, Lucía y Sebastián, amigos y compañeros ideológicos de Orlando, tienen finales trágicos, ambos víctimas de los excesos de la política antisubversiva. Sólo Julia parece librarse de ese destino, y es a través de ella que la narración sale del ámbito urbano y se traslada a la selva, mostrándonos que todo el país se encuentra inmerso en la violencia y el caos.

Ya otros narradores peruanos han abordado esa época, temática y generación, en especial Daniel Alarcón y Jorge Eduardo Benavides. Este último tiene incluso una novela muy parecida a la de Inocente, El año en que rompí contigo (2003), desarrollada también a partir de las historias de un grupo de jóvenes limeños. Pero mientras los personajes de Benavides pertenecen a la clase media y alta, los de Inocente son de extracción mucho más popular. Sin lugar a dudas la mayor virtud de La ciudad de los culpables es mostrar de la manera más fidedigna el mundo de esos jóvenes: su vida cotidiana, sus anhelos y expectativas; y su propia cultura, desde sus lecturas y música que escuchan (huaynos, salsa, rock) hasta la forma de hablar, con su agresivo lenguaje y peculiar sentido del humor.

Muy pocos autores se han atrevido a emplear en sus obras el lenguaje casi lumpenesco que aparece aquí, por ejemplo, en las cartas que “el erótico Fuentes” le escribe a Orlando. Lamentablemente, el libro tiene muchas debilidades desde el punto de vista estrictamente literario: la retórica, la técnica narrativa y la estructura de la novela muestran claramente a un autor en proceso de aprendizaje y que todavía comete demasiados errores. A eso hay que sumar el monótono y enfático discurso social, compartido por casi todos los personajes, y que en muchos casos llega al más abierto didactismo. Al menos así lo reconoce Sebastián: “…le dije, y mi maldito didactismo nunca fue más evidente”.

Por eso, aunque compartimos en buena medida el entusiasmo con que Miguel Gutiérrez comenta esta novela (destacando “el conocimiento verdaderamente excepcional de la Lima andina que tiene Inocente”); no creemos, como él, que se trate de una obra que se adscriba a la narrativa picaresca. Más bien nos atreveríamos a vincular a La ciudad de los culpables con las vertientes más radicales del realismo, aquellas que rozan el panfleto político.
(Artículo publicado previamente en La Primera)


En Internet se puede leer un cuento de Rafael Inocente.
Otros textos sobre La ciudad de los culpables: Augusto Higa, Carlos Rengifo, Tomacini Sinche, Rodolfo Ybarra.
Entrevistas: José Luis Ayala.

La Divina Comedia. Voces y ecos.

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Jorge Wiesse, editor. La Divina Comedia. Voces y ecos (Universidad del Pacífico, 2008)

Dante Alighieri (1265-1321) comenzó a escribir la Divina Comedia en 1307, durante su prolongado exilio –por motivos políticos– de su Florencia natal. Conmemorando los siete siglos de este clásico de la literatura italiana y mundial, la Universidad del Pacífico organizó el año pasado una serie de actividades, cuyo punto central fueron seis conferencias de destacados especialistas, tanto peruanos como extranjeros. Los textos de esas disertaciones han sido reunidos por el escritor y docente universitario Jorge Wiesse en el libro La Divina Comedia. Voces y ecos (U. del Pacífico, 2008).

Como el título indica, estos ensayos abordan tanto la obra misma como su influencia en la literatura y el arte en general. Giuliana Contini (Venecia, 1940) establece un vínculo entre dos cumbres de la cultura italiana en La gloria de aquel que todo lo mueve: Dante y Miguel Ángel. El profesor Carlos Gatti (Lima, 1942), miembro vitalicio de la Dante Society of América, analiza una de las grandes sinfonías de Liszt en Ecos musicales de la Divina Comedia: la sinfonía Dante de Franz Liszt y Jorge Wiesse se centra en el episodio de Pía, que Dante presenta apenas en siete versos y que fue desarrollado posteriormente en dramas de Gaetano Donizetti y Marguerite Yourcenar.

Distinto es el enfoque de Joaquín Barceló (Chile, 1927), filósofo y rector de la Universidad Andrés Bello, en sus ensayos Las ideas políticas de Dante y La Divina Comedia: poema de amor. En este último interpreta la obra de Dante a partir de la filosofía neoplatónica (en especial su particular interpretación del amor), de tanta vigencia durante la Edad Media. Y el poeta Marco Martos (Piura, 1942), actual presidente de la Academia Peruana de la Lengua, reflexiona sobre algunos episodios y personajes, en los que están basados sus poemas reunidos en el libro Dante y Virgilio iban oscuros en la profunda noche (2008).

La Divina Comedia. Voces y ecos contiene también interesante material gráfico: las series de pinturas que, a partir de la lectura de este clásico, han realizado los artistas Luis Alfredo Agusti y Susan Zimic; y la portada de Ricardo Wiesse. Además el libro está acompañado del DVD La Divina Comedia: voces e imágenes" con lecturas de diversos pasajes de la obra a cargo de Leopoldo Chiappo, Ana María Gazzolo, Julio Picasso, entre otros; así como imágenes de algunos ilustradores de la Divina Comedia y fragmentos de la Sinfonía Dante.
(Artículo publicado previamente en La República)


Otros textos sobre La Divina Comedia. Voces y ecos: Alonso Cueto, Ricardo González Vigil.

Uñas

rengifo
Travesuras de otra niña mala
Carlos Rengifo. Uñas (Ediciones Altazor, 2007)

Surgido en plena eclosión de la violenta narrativa urbana limeña de los años 90, Carlos Rengifo (Lima, 1964) se ha convertido en uno de los escritores más constantes y productivos de su generación. Su obra se inició con los cuentos de El puente de las libélulas (1996) y se ha desarrollado, con algunos altibajos, en otros cinco libros de narrativa, entre los que destaca claramente la novela corta La casa amarilla (2007). Rengifo acaba de publicar Uñas (Ediciones Altazor, 2008), también una nouvelle, pero que muestra aspectos menos interesantes de su narrativa.

Uñas es la peculiar historia de amor de una pareja de jóvenes pertenecientes al grupo de escritores, artistas y personas marginales que animan la vida nocturna limeña. El narrador es un fotógrafo enamorado de Tatiana, una muchacha hermosa pero con “ciertas goteras en la azotea”. Ella rechaza el amor que el fotógrafo le ofrece insistentemente; no obstante, recorren juntos bares y locales nocturnos, donde ambos coquetean con otros. Así entran y salen de la narración una serie de personajes bohemios, con los que la pareja de protagonistas (cuya relación recuerda en mucho a la de los protagonistas de Travesuras de la niña mala) va formando extraños triángulos amorosos. La mayoría de los 13 capítulos del libro están centrados en alguno de esos fugaces amantes de los protagonistas.

Pronto la historia de amor se diluye y la novela se convierte en una galería de seres marginales (poetas malditos, freaks, emos, etc.), de aspecto grotesco y comportamiento casi estúpido: la poetisa erótica Cynthia Obregón, la suicida Darlina, el autista Fontanés, la enana de los piercings, entre otros. Ciertos datos y guiños indican que algunos de estos personajes están basados en personas reales; pero eso no añade interés a un relato que, a pesar de su brevedad, resulta demasiado disperso, con personajes poco elaborados y episodios importantes mal resueltos. Un par de ejemplos: el incidente que da título al libro, en el que Tatiana usa sus uñas como armas; y la venganza final del narrador, anunciada desde la primera página y que no llega a contarse.

Estos problemas ya habían sido advertidos por la crítica en los anteriores libros de Rengifo. “sus personajes… pierden verosimilitud y ganan maniqueísmo hasta devenir en meros esbozos caricaturescos” señaló Olga Rodríguez con respecto a El rumor de la tormenta (2007); mientras que para Marcel Velázquez los primeros libros de Rengifo estaban demasiado inmersos en “la vorágine kitsch de la marginalidad urbana”. Pero el mismo Velázquez reconoció que en La casa amarilla Rengifo superó ese y otros defectos gracias a la “la cabal reconstrucción de la vida interior del personaje central”. Como hemos señalado, Uñas muestra un marcado retroceso en este aspecto.

Más alarmante resulta la caída de la calidad de la prosa. Rengifo siempre ha tratado de unir el lenguaje coloquial, dominante en su narrativa, con pasajes de un cierto aliento poético; aunque esta combinación nunca estuvo libre de asperezas e irregularidades. Para corregir esos errores se necesita un paciente trabajo de corrección, que seguramente sí se hizo en La casa amarilla, un libro que esperó varios años por su publicación. En esta nueva novela, publicada pocos meses después, abundan los errores gramaticales, las imágenes fallidas y hasta las palabras mal empleadas: “Su coexistencia en estos ambientes... debió haber sido muy frustrante para ella, al punto de cubrir su rostro de niña tradicional, de hijita de papá, con una falsa máscara de guerrera indomable que, visto a la distancia, era pura apariencia” (p. 14).

Definitivamente, Uñas no es de lo mejor de la producción literaria de Carlos Rengifo, pero sí una ratificación de su vocación de narrador, dedicación al trabajo creativo y fidelidad a ciertos temas, personajes y ambientes. Pero el elemento esencial de la literatura son las propias palabras, y cuando éstas son tratadas con superficialidad o ligereza, todo el trabajo literario se pierde irremediablemente.
(Artículo publicado previamente en La Primera)

Otros textos sobre Uñas: José Güich.

Alegoría y nación en la novela peruana del siglo XX

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Juan Carlos Galdo. Alegoría y nación en la novela peruana del siglo XX (IEP, 2008)

En el libro Alegoría y nación en la novela peruana del siglo XX el crítico Juan Carlos Galdo (Lima, 1968) hace un seguimiento de las ideas acerca de la nación peruana y sus problemas esenciales presentes en algunas de las más importantes novelas peruanas del siglo XX. Para ello ha elegido seis obras adscritas al realismo imperante en nuestra narrativa: desde el realismo socialista de El tungsteno (1931) de César Vallejo, pasando por las diferentes etapas del indigenismo, hasta novelas totales como Conversación en la Catedral (1969) de Mario Vargas Llosa y La violencia del tiempo (1992) de Miguel Gutiérrez.

La propuesta de Galdo –doctor en Literatura y actualmente profesor en la Texas A&M University– es unir la interpretación literaria con las interesantes reflexiones acerca de la alegoría, el símbolo, el realismo y la mímesis de autores como Benjamin, Lukacs, Jameson o Eagleton. Partiendo de una minuciosa recapitulación de la trama y de los personajes de estas novelas, el crítico identifica las alegorías más importantes en cada caso, para después analizar las características y la dinámica de estas alegorías, además del contexto histórico y la ideología de los autores.

Este método de trabajo está respaldado por un amplio conocimiento e inteligente manejo de la abundante bibliografía crítica sobre estas novelas. Es el aspecto más destacable de este libro, originalmente una tesis universitaria, y en el que se pueden apreciar el rigor académico y la sólida formación del autor. Sin embargo hay una evidente desproporción entre el espacio empleado en esa revisión del estado de la cuestión o las numerosas páginas dedicadas al recuento de las novelas (Galdo parece asumir que no las hemos leído) y la brevedad de los análisis y de las conclusiones de cada capítulo. O entre el despliegue de erudición del extenso ensayo introductorio y las breves conclusiones finales.

Entre los aportes de la obra de Galdo se encuentra la reivindicación crítica de El tungsteno y El Sexto (1961), consideradas generalmente obras menores dentro de la producción de sus autores, aunque en ambos casos las alegorías encontradas por Galdo resultan bastante previsibles: la revolución y la utopía andina, respectivamente. Más interesantes y originales son las reflexiones sobre los recursos narrativos de que se vale Mario Vargas Llosa para cuestionar precisamente esas categorías, o el trabajo de Miguel Gutiérrez para renovarlas e integrarlas en su ambiciosa novela.
(Artículo publicado originalmente en La República)


Otros textos sobre Alegoría y nación en la novela peruana del siglo XX: Marcel Velázquez, Ricardo González Vigil.
En Internet se pueden leer dos ensayos de Juan Carlos Galdo: Rituales sangrientos: poéticas y políticas del sacrificio en José María Arguedas y Mario Vargas Llosa y Algunos aspectos de la narrativa regional contemporánea: los casos de Enrique Rosas Paravicino y Oscar Colchado Lucio.

La iluminación de Katzuo Nakamatsu (2)

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El marginal en su laberinto.
Augusto Higa Oshiro. La iluminación de Katzuo Nakamatsu (San Marcos, 2008)

Hay entre nuestros narradores seniors (de 50 años de edad o más) dos grupos claramente definidos y casi antagónicos: los vinculados al Grupo Narración (Gutiérrez, Reynoso, Martínez, etc.) y los llamados “criollos” (encabezados por Cueto y Ampuero), que cuentan con una mayor presencia mediática. La famosa polémica entre escritores andinos y criollos de hace tres años, no fue otra cosa que un enfrentamiento entre esos dos grupos. Un enfrentamiento que, al menos en lo que respecta a las obras literarias, están ganando los primeros, con libros como La iluminación de Katzuo Nakamatsu de Augusto Higa Oshiro (Lima, 1947).

Según Borges todo destino humano se decide en “un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es”. Para Katzuo Nakamatsu –niséi peruano de 58 años de edad– ese momento se produce mientras contempla un árbol de cerezos (símbolo de la cultura japonesa) en un parque limeño. Entonces descubre la proximidad de la muerte y también que a pesar de haber pasado tantos años en Lima “simplemente la había vivido con indiferencia y lejanía, sin involucrarse, impasible, extraño, marginal…”. Es el inicio de un descenso al infierno de la locura, que concluirá con Nakamatsu –un respetable profesor universitario– vagando desnudo por las calles limeñas.

Después de esa “iluminación” Nakamatsu comienza a vestirse como un par de personajes marginales de Lima de los años 40, sobre los que estaba realizando investigaciones académicas: el poeta Martín Adán y el japonés Etsuko Untén. Con esta anacrónica indumentaria, como si se tratara de un Quijote, sale a realizar largas caminatas por la ciudad. Cada capítulo del libro corresponde a una de esas “salidas”, que en conjunto abarcan toda la Lima de la época de Martín Adán. Y en todas ellas se encuentra lo mismo, calles sucias y deterioradas en las que deambulan los marginados: delincuentes, niños sin hogar, alcohólicos, prostitutas, homosexuales, etc.

Paralelamente a ese recorrido del laberinto limeño, Nakamatsu realiza un viaje interior, tras sus recuerdos y su identidad. Recuerda a sus amigos, a su esposa muerta, a sus padres y a los jóvenes japoneses que llegaron al Perú hace 60 años. Y se van haciendo más evidentes los síntomas de su locura y las huellas de sus ancestros japoneses. Ambos procesos, los recorridos urbanos y el viaje interior, convergen cuando Nakamatsu encuentra, en el centro del laberinto, la belleza que siempre soñó; y con ella, la locura. Poco después, también la paz espiritual, gracias a la ayuda de la yutá Miyagui, una médium okinawense.

Así Higa une en esta breve e intensa novela los dos elementos más importantes de su obra: el interés por los barrios más populosos y tradicionales de Lima, manifestado en su libro de cuentos Que te coma el tigre (1977) o la novela Final del Porvenir (1992); y la “ambigüedad entre su original mundo niséi y el mundo criollo”, expresada en el libro testimonial Japón no da dos oportunidades (1994). Y lo hace renovando su lenguaje literario, cambiando lo coloquial y oral de su narrativa inicial por una prosa artística y sumamente trabajada. El reto parece ha sido escribir sobre este submundo urbano empleando un lenguaje elevado; y aunque en algunas líneas la prosa chirría un poco, los resultados son buenos.

Los temas y recursos señalados se complementan con el aprovechamiento de la tradición literaria, pues a los autores mencionados se añaden mucho otros, tanto occidentales como orientales. Esta rigurosa forma de encarar la creación es una constante en las obras de madurez de los ex integrantes del Grupo Narración, a cuya segunda promoción perteneció Higa. La iluminación de Katzuo Nakamatsu se suma así a los más recientes libros de Gutiérrez, Morillo, Reynoso y otros, conjunto que incluye mucho de lo más importante en la narrativa peruana de los últimos años. Sin embargo, los premios literarios y reconocimientos internacionales suelen ir a autores y obras de menor valía. Una injusticia que seguirá generando polémicas y discusiones.
(Artículo publicado previamente en el suplemento Semana del diario La Primera)


Otros textos sobre La iluminación de Katzuo Nakamatzu: Javier Ágreda, Pedro Escribano, Gabriel Espinoza, Juan Francisco Ugarte, Ricardo González Vigil, Diego Alonso Sánchez.
Entrevistas: Francisco Ángeles, Ernesto Carlín, Maribel de Paz, La Primera.