El Grupo Narración en la literatura peruana

Narracion1
Nestor Tenorio. El Grupo Narración en la literatura peruana (Arteidea, 2006)

El Grupo Narración congregó, entre 1966 y 1976, a importantes escritores peruanos de varias generaciones: Oswaldo Reynoso, Antonio Gálvez Ronceros, Miguel Gutiérrez (líder e ideólogo del grupo), Gregorio Martínez, Roberto Reyes, entre otros. Y si bien la revista que publicaron, también llamada Narración, tuvo apenas tres números (1966, 1971 y 1974), las propuestas del grupo acerca del realismo y la literatura popular están presentes en las obras más importantes de todos ellos. A propósito de los 40 años del grupo y su revista, el investigador y periodista Néstor Tenorio (Chiclayo, 1947) ha presentado el libro El Grupo Narración en la literatura peruana una recopilación de 60 artículos y ensayos críticos sobre estos narradores.

Tenorio ha dividido los textos en dos secciones, la primera dedicada a las Aproximaciones panorámicas al grupo entre las que destacan los estudios El proyecto literario de Narración de Sara Rondinel y La experiencia literaria del Grupo Narración de Jorge Valenzuela, que aborda los experimentos del grupo elaborando crónicas a partir de gestas populares de aquellos años, como Los sucesos de Huanta y Ayacucho, La gran huelga minera o Luchas del magisterio. De especial interés resultan los testimonios Sobre el Grupo Narración de Gutiérrez y Narración en los años 70 de Reyes.

En la segunda parte del libro, En los vericuetos del Grupo Narración, se recopila una gran cantidad de comentarios a las obras de ocho miembros del grupo incluyendo, además de los ya mencionados, a Juan Morillo, Augusto Higa e Hildebrando Pérez H. Esta sección es mucho más extensa e irregular que la primera, pues abarca tanto ensayos publicados en revistas especializadas como pequeñas notas periodísticas. Entre los autores antologados figuran Mario Vargas Llosa, Antonio Cornejo Polar y Washington Delgado, además de escritores y críticos menos conocidos pero sumamente respetados en el ámbito académico.

Sin lugar a dudas, el mayor aporte de El Grupo Narración en la literatura peruana es reunir en un solo libro un buen número de valiosos textos críticos que de otra manera seguirían dispersos en publicaciones de difícil acceso. Néstor Tenorio, profesor de la Universidad Pedro Ruiz Gallo de Lambayeque, ya ha realizado una labor similar en los libros Julio Ramón Ribeyro: el rumor de la vida (1996) y Mario Vargas Llosa: el fuego de la literatura (2001), amplias recopilaciones de ensayos dedicados a las obras de estos escritores.

.

El cielo sobre nosotros

garayar

Carlos Garayar. El cielo sobre nosotros (Alfaguara, 2007)

La novela El cielo sobre nosotros, del escritor y crítico Carlos Garayar (Lima, 1942), nos remite a un ficticio pueblo de la selva peruana, a mediados del siglo XX. Ahí, en un hospital, se desarrolla la peculiar historia de amor entre una enfermera madura (la señorita Soria, casi una solterona) y un enfermo terminal de tuberculosis, el polaco Juan Siélac, sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial. Un amor triste y sin futuro que los protagonistas viven con la mayor intensidad y dignidad posibles, solos y encerrados en "la Siberia" (la zona de aislamiento del hospital), pero generando todo tipo de rumores y comentarios.

Con esta historia oscura y pesimista, que remite a prestigiosos antecedentes literarios y fílmicos –El cielo protector (1989) o El paciente inglés (1996)–, el autor aborda los grandes temas de todos los tiempos: la soledad, el paso del tiempo, el amor, la muerte, el destino humano. Un reto del que Garayar sale muy bien librado, evitando los excesos de melodrama y patetismo mediante el recurso de narrar desde el punto de vista de otros personajes: Tuesta, el médico de Siélac, y un joven oficial de policía recién llegado al pueblo. Son estos personajes, lúcidos e inteligentes, quienes reflexionan sobre las peripecias y el desenlace de la historia.

Conocedor de la tradición literaria, Garayar emplea con acierto en esta novela los recursos retóricos clásicos de la narrativa: símiles, símbolos, descripciones, las ya mencionadas reflexiones. Estos elementos se complementan con una prosa lenta pero sumamente trabajada, dando lugar a algunas de las mejores páginas del libro, como aquellas en que el policía observa atentamente las nubes y el siempre cambiante cielo de la selva, símbolos de una visión trágica y escéptica de la vida humana que el autor ya había expresado en los cuentos de Una noche un sueño (1996), su primer libro de narrativa.

Resultan especialmente destacables la coherencia y el rigor con que el autor ha desarrollado su propuesta, desde las páginas iniciales hasta el epílogo, donde se muestran sutiles pero significativos cambios en los sentimientos del policía; y sin caer en efectismos de ningún tipo ni pretender sorprender nunca al lector. El cielo sobre nosotros (título que alude a la novela de Bowles y al famoso verso de J. Lennon) es una excelente novela que confirma la calidad de la obra literaria de Carlos Garayar, tanto en ensayo como en narrativa.


Otras reseñas de El cielo sobre nosotros: Alonso Cueto, Roland Forgues, Iván Thays.

La puta de Babilonia

vallejo
Fernando Vallejo. La puta de Babilonia (Planeta, 2007)

El escritor colombiano Fernando Vallejo (Medellín, 1942) no sólo es autor de una original obra narrativa –con novelas como La Virgen de los sicarios (1998) y El desbarrancadero (Premio Rómulo Gallegos 2003) –, también lo es de una serie de libros ensayos sumamente polémicos: Logoi. Una gramática del lenguaje literario (1983), La tautología darwinista (1992), entre otros. En esa línea del ensayo controversial se inscribe su más reciente libro, el recién publicado La puta de Babilonia, una mordaz pero bien fundamentada revisión de la historia de la iglesia Católica, desde sus inicios hasta la actualidad.

Con su conocida irreverencia, ácido sentido del humor y abundante apoyo documental, Vallejo rememora los grandes errores de la iglesia Católica y sus consecuencias: los miles de torturados y asesinados por la Inquisición, el exterminio de los albigenses en el siglo XIII, los saqueos y matanzas durante las cruzadas, las persecuciones a judíos y protestantes, y muchos otros más. A ello suma una interminable galería de personajes (en su opinión) corruptos e inmorales dentro de la Iglesia, incluyendo muchos papas, que llega hasta nuestros días, con los sacerdotes pedófilos de Boston (que ya le han costado a la Iglesia “110 millones de dólares por demandas”) y a “los nuevos grandes cazadores de herencias del Opus Dei”.

De las más de 300 páginas del libro, seguramente las más trabajadas y rigurosas son las dedicadas al análisis de los textos bíblicos, especialmente los evangelios. Vallejo afirma (confrontado citas y traducciones del griego, latín y arameo) que estos últimos fueron escritos recién en el siglo II y que a lo largo del tiempo han tenido múltiples correcciones y añadidos, por lo que su valor “histórico” es nulo. Por los errores y contradicciones que les encuentra (“no hay peor enemigo de la Biblia que la propia Biblia”), cuestiona el origen divino de los evangelios (de la Biblia en general) y hasta llega a afirmar que “Jesús no existió. Ni en cuerpo y alma según pretenden los evangelistas, ni como espíritu no encarnado…”.

Vallejo hace también críticas similares a Lutero y al protestantismo; y a Mahoma, el Corán y el islamismo. Su conclusión, respecto a todas las religiones mencionadas es que “No hay razón para que estos fanatismos monstruosos… perduren un día más. Ha llegado la hora de decirles basta”. Tampoco faltan en el libro aquellos temas recurrentes en la narrativa de Vallejo, desde su particular enfoque de problemas como la pobreza y la sobrepoblación mundial; hasta sus opciones sexuales y amor por los animales, los grandes olvidados en los textos sagrados que analiza. La puta de Babilonia (nombre que los albigenses daban a la iglesia Romana, como testimonia el Apocalipsis) es un ensayo ameno y provocador cuya lectura solo disfrutarán plenamente aquellas personas de mente abierta y que valoren más la verdad y la razón que la fe religiosa.

.

La felicidad de los muertos

Cortez

Enrique Cortez. La felicidad de los muertos (Mundo ajeno, 2007)

A pesar de su brevedad (menos de 80 páginas), la novela La felicidad de los muertos es un relato complejo cuya trama parece ramificarse con la aparición de cada nuevo personaje. Su autor, el reconocido periodista cultural Enrique Cortez (Lima, 1976), ha querido hacer con esta narración una aproximación al universo de los desplazados por la violencia política y la extrema pobreza, "esta experiencia de millones de limeños que no ha sido tematizada en la literatura", señaló el autor en una reciente entrevista.

La narración parte del protagonista, un periodista de nombre Enrique, cuya familia se traslada de Tacna a Lima, primero al distrito de Lince y después a la miseria de los arenales de Ventanilla. A la manera de las novelas picarescas, Enrique comienza contando su propia historia, desde el nacimiento: "Nací como todos los que aquella mañana vieron la luz...". Pero a medida que el relato se va enfocando en otros personajes, el narrador pasa de la primera persona (yo), a la segunda (tú) y a la tercera (él, ella). De estos personajes, el más importante es Victoria, la madre de Enrique, quien abandonó a sus hijos para unirse a la subversión y cumple una condena en el penal de Yanacmayo.

En paralelo a estas historias, Enrique desarrolla una serie de reflexiones sobre el proceso de escritura de esta novela, el carácter de las ficciones narrativas, y sobre su propia y casi compulsiva vocación literaria. Pero estas cavilaciones aportan poco, pues no llegan a tener la originalidad (el "aburrimiento" de Enrique remite al ‘spleen’ baudeleriano) ni la fuerza de los relatos. Y por su importancia y extensión, obligan a que la narración resulte excesivamente fragmentaria, y que tanto los personajes como las situaciones den siempre la impresión de necesitar un mayor desarrollo.

No se trata de negar la validez de lo fragmentario o de lo breve dentro de la novela, pero estas opciones deben estar acompañadas de un riguroso trabajo en la selección del material narrativo y las técnicas a emplearse. Recordemos que entre las propuestas de Ítalo Calvino para la literatura del tercer milenio estaban la levedad, la rapidez y la multiplicidad, pero también la exactitud: en el diseño de la obra, en la nitidez de las imágenes y en la precisión del lenguaje. Y esos son precisamente los puntos débiles de La felicidad los muertos, novela que, pese a sus defectos, resulta de todos modos un interesante debut literario para Enrique Cortez.

.