La soledad de la página en blanco


Camilo Fernández C. La soledad de la página en blanco (UNMSM, 2006)

Camilo Fernández Cozman (Lima, 1965) es uno de los críticos literarios que con más entusiasmo y preparación estudia la poesía peruana del siglo XX. Ha escrito libros sobre poetas claves de las generaciones del treinta (Westphalen), cincuenta (Eielson), sesenta (Hinostroza) y setenta (Watanabe), además de una serie de estudios y ensayos sobre poemas específicos de estos y otros autores. En el libro La soledad de la pagina en blanco (San Marcos, 2006) Fernández ha reunido doce de esos ensayos que abordan poemas de González Prada, Valdelomar, Martín Adán, César Moro y Blanca Varela, entre otros.

Partiendo siempre de un documentado “estado de la cuestión” (resumen de la bibliografía sobre cada poeta), Fernández refuta en estos ensayos algunos lugares comunes de la crítica. En este aspecto, el texto más logrado es, sin lugar a dudas, La poesía de César Moro y el pensamiento mítico en el que se estudian las Cartas a Antonio dejando de lado el “punto de vista biografista” imperante para plantear “una lectura antropológica de la poesía moreana”. La relación entre los poemas y los mitos, partiendo de las reflexiones del rumano Mircea Eliade (sobre el axis mundi y lo sagrado y lo profano), queda demostrada, y con ello que “la poesía de Moro merece una nueva lectura”.

Una de las virtudes críticas de Fernández es la diversidad de métodos de análisis que plantea. En algunos casos la interpretación parte de detalles formales, como el “punto de vista fónico” en Lectura del poema Tiza blanca de José María Eguren; o de un particular uso de los tropos, como de las “redes metafóricas” en El hermano ausente en la cena pascual (El amor y el hogar en la poesía de Abraham Valdelomar). En otros se parte más bien del contenido, confrontando los poemas con textos de pensadores como Benjamin, Lévi Strauss y Foucault. Y también, por supuesto, con reflexiones de escritores y críticos: Pound, Paz, Borges, Mariátegui, Cornejo Polar, entre otros.

Tratándose de poesía, la validez de las interpretaciones depende finalmente de la perceptividad del crítico con respecto a cada texto. Por eso hay aquí algunos ensayos fallidos, como el dedicado al poema Vals del Angelus de Blanca Varela, que lo convierte casi en un panfleto antimachista (llega a ser calificado como “un poema político”); o Apuntes sobre el estilo dividido de Carlos Oquendo de Amat, que resalta una cuestionable faceta tradicional y clásica de la obra del poeta puneño. Sin dejar de lado aquellas ocasiones en que Fernández despliega su arsenal teórico para “interpretar” detalles que no son más que imperfecciones en los textos, como la pobreza de la rima (conjugaciones) en Triolet de Manuel González Prada, considerada aquí un rasgo “medular para comprender la estructura del poema”.

No obstante, en todos los ensayos de La soledad de la página en blanco se puede comprobar que Fernández está madurando su propio y personal método interpretativo, basado en el equilibrio de –en sus propias palabras– lo textual y lo ideológico: por un lado, el análisis de los aspectos formales y estilísticos; del otro, la reflexión interdisciplinaria sobre temas y contenidos. Cuando alcanza ese equilibrio, Fernández logra sus mejores textos (como en los aquí dedicados a Valdelomar, Eguren, Moro y Delgado), aportando interpretaciones originales y rigurosas que respetan el carácter abierto y la multiplicidad de significados de la buena poesía.



Camilo Fernández ha iniciado hace poco un blog titulado precisamente La soledad de la página en blanco, en el que reúne sus textos críticos. Ahí se pueden leer varios ensayos de este libro, como los dedicados a poemas de César Moro, Carlos Oquendo de Amat y Wáshington Delgado.

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