La segunda visita de William Burroughs


Carlos Calderón Fajardo. La segunda visita de William Burroughs (UNMSM, 2006)

La nueva novela del escritor y sociólogo Carlos Calderón Fajardo (Puno, 1946), La segunda visita de William Burroughs, no cuenta tanto esa ficticia venida al Perú del autor estadounidense (la primera y única verdadera tuvo lugar en 1953), como la historia de dos escritores limeños de personalidades opuestas: Montero es un poeta talentoso, bohemio y carismático, admirado por todos; Portillo es un narrador tímido y solitario, casi un misántropo, lector compulsivo pero con poco talento. Los encuentros y desencuentros de estos personajes, a lo largo de más de 30 años, constituyen el retrato de una generación de escritores peruanos, la denominada Generación del 70.

La historia comienza a inicios de esa década, cuando Portillo y Montero son escritores jóvenes, compañeros de universidad y muy buenos amigos. Desde entonces Montero desarrolla una exitosa vida literaria y académica, aunque se va degradando moralmente y cada vez escribe menos. Por su parte, Portillo nunca deja de escribir, pero su vida es un fracaso total y acaba “mantenido” por una amante mucho mayor que él. Ambos procesos son presentados en el acostumbrado estilo de CCF, alternando descripciones y relatos con las elaboradas reflexiones del narrador, en este caso Portillo, cuyo “punto de vista” no se abandona ni cuando se muestran los secretos más íntimos de Montero.

Otros dos escritores tienen una fuerte presencia: el narrador William Burroughs y el poeta Juan Martín Robledo, personaje basado en la figura de Juan Gonzalo Rose. CCF parece sugerir que estos dos autores, quienes sí asumieron su vocación literaria, son los modelos que debieron seguir Portillo y Montero. Pero esto queda apenas esbozado, pues a medida que la novela avanza se va llenando de personajes, algunos bastante retorcidos (como la prostituta sordomuda con la que se obsesiona Montero), y abriendo a nuevos temas (fotografía, erotismo, narrativa realista, ficciones en general) sin desarrollarlos ni articularlos adecuadamente a la historia y temática central.

Es el mayor problema de la novela, que en varios aspectos parece ser todavía una obra en proceso y necesitada de mayor trabajo. Resultan demasiado evidentes las motivaciones primarias del autor, como el “ajuste de cuentas” literarias con el escritor real al que inevitablemente remite el personaje de Montero (Portillo está basado en el propio CCF), que hace que la novela adquiera por momentos un innecesario tono farsesco por el exceso de vicios y defectos reunidos en ese personaje. Hay descripciones e historias secundarias demasiado extensas, además de una buena cantidad de errores de redacción que muestran que al texto le faltó al menos una corrección final antes de llegar a los lectores.

Tratándose de CCF no nos extraña que entre lo más interesante y destacable de La segunda visita de William Burroughs estén las reflexiones del protagonista, especialmente las referidas a los “simulacros” de la ficción, que en algunos pasajes le dan a la narración un carácter irreal, como si un mismo suceso pudiera ser interpretado simultáneamente como producto de distintas series de episodios paralelos o convergentes: “los simulacros aparecían enredados, opacos, contaminados, en decadencia”. Hay ahí una valiosa propuesta narrativa que el autor seguramente desarrolla en algunas de las novelas que tiene ya escritas y listas para publicación.

En la revista literaria virtual El hablador hay una entrevista a Carlos Calderón Fajardo y un fragmento de esta novela.