Procesos autónomos


Lingüista y profesor universitario, Manuel Fernández (Lima, 1976) tiene publicados dos poemarios —Octubre (2006) y La marcha del polen (2013)— en los que se establece un interesante diálogo entre los discursos político, literario e histórico. Son libros que remiten directamente, y a la vez actualizan, la propuesta del “poema integral” de las generaciones del sesenta y setenta. Ya desde la publicación de Octubre, la crítica recibió con entusiasmo la poesía de Fernández; incluso recordamos un encendido elogio de José Watanabe, en una de sus últimas intervenciones públicas. Diez años después, Fernández parece cerrar ese ciclo poético con el libro Procesos autónomos (2016, estruendomudo).

Lo primero que llama la atención del libro es que está estructurado a la manera de una tesis académica: introducción, marco conceptual, conclusiones, notas a pie de página, bibliografía, etc. En la “Introducción”, el autor reconoce el “amor-odio” que siente por lo académico, por “sus modelos y modales”. Tras esos formalismos, el libro está claramente dividido en tres secciones, con un total de nueve poemas. En los dos de la primera sección predomina la reflexión histórica (en tono irónico y con muchas alusiones librescas) sobre la sociedad y las ciudades latinoamericanas a partir de la conquista europea. La segunda sección está centrada en el Perú, y es un recuento crítico de diversos episodios y personajes (entre ellos Santa Rosa de Lima) de nuestra historia (a la manera de los primero poemarios de Cisneros), en los que se manifiesta especialmente el problema del poder político.

No obstante, este último tema se desarrolla más claramente en la tercera y última sección, titulada igual que el libro, “Procesos autónomos”, y que es también la más literaiamente lograda. Son tres poemas centrados en momentos claves de nuestra historia política reciente: la dictadura militar (“El discurso como interacción social”), la violencia política de los noventa (“Elementos excluyentes de la acción humana…”) y el desalojo de los comerciantes de La Parada (2012) ordenado por la alcaldesa Susana Villarán (“Del triángulo sin base a la desaparición del vértice”). Son textos que se aproximan a la épica (como en La marcha del polen); o más bien a una “anti épica”, pues están marcados por el fracaso de las causas populares y de los discursos de izquierda”, que tuvieron un papel determinante en estos episodios.

En las tres secciones del libro se exploran distintos registros literarios: desde la descripción urbana hasta el lirismo intimista, pasando por lo narrativo, lo lúdico, lo irónico, lo épico y lo grotesco. Hasta los propios versos varían de manera sustancial: breves, versículos de largo aliento y párrafos completos. Hay además un arduo trabajo de referencias intertextuales, con numerosos escritores e intelectuales mencionados o aludidos, y también muchos versos de canciones populares. El mayor logro de Procesos autónomos, y de la obra de Fernández en general, es articular todo ese material dentro de un discurso crítico y reflexivo, que recurriendo a recursos literarios muy de nuestros tiempos (montaje, repeticiones, parodias) mantiene siempre la intensidad poética.