Sucedió entre dos párpados


El periodista y escritor Fernando Ampuero (Lima, 1947) ha publicado más de veinte libros de casi todos los géneros literarios: novela, cuento, crónica, poesía, ensayo, drama, etc. Pero sin lugar a dudas es más reconocido por su obra narrativa, con títulos como Malos modales (1994), Trilogía callejera de Lima (2012) y Loreto (2014) marcados por el realismo urbano y la actualidad. Cambiando de registro, Ampuero acaba de presentar Sucedió entre dos párpados (Planeta, 2015), una novela ambientada en 1970, en la zona más afectada por el terremoto que ocurrió ese año en nuestro país.

El protagonista del relato es Gustavo, un joven estudiante de la Universidad Católica que al enterarse de la tragedia ocurrida en diversas ciudades de Ancash, especialmente Yungay (más de 70,000 muertos), decide enrolarse como voluntario para ir a ayudar a los sobrevivientes. Allá Gustavo se enterará de historias conmovedoras, como la de un payaso que salvó a muchos niños, aunque a costo de su propia vida; o la de los tres sobrevivientes que fueron abaleados por la policía al creerlos delincuentes. Tras poco más de un par de meses, en los que hasta tuvo un intenso romance con una socorrista, Gustavo volvió a Lima y “reencontró su centro de gravedad, su equilibrio vital”.

Aunque resumida así la novela parece tener unidad y coherencia, la sensación que nos deja como lectores es más bien de dispersión y fragmentación. Hay varias historias que no se llegan a integrar a la narración principal: la de los dos sobrevivientes encerrados en el interior de una casa, la del payaso Cucharita (el que salvó a los niños) o la de anciana que ofrece sus lágrimas a las víctimas para aliviar sus sufrimientos. Ampuero sabe que con estas historias la novela se saldría de su tan apreciado realismo, y por eso hace que el propio Gustavo las descalifique como “¡Desvaríos! ¡Material para costumbristas, o para autores de realismo mágico de segunda fila!”.

Hay además otros dos problemas en la novela. El primero es el protagonista, que se nos presenta como un joven intelectual afrancesado y “existencialista”; pero que según lo vemos “actuar” resulta un aventurero hedonista y no muy consciente de la magnitud de la tragedia a la que se está enfrentando. Un par de muestras: el terremoto lo encuentra en la cama, con una joven “uruguaya y bonita” a la que acababa de conocer; y al rememorar sus experiencias en Ancash no puede dejar de mencionar su “récord vitalista: el beso más largo de su historia amorosa”. El otro problema es la retórica empleada por Ampuero, que en algunos pasajes resulta demasiado ampulosa y casi modernista: “…los pájaros seguían volando por todo lo alto, en coreográficas bandadas… y mientras ambos avistaban el orden perfecto de aquel ballet aéreo, el aire se atiborró de un olor acre”.

Sin llegar a estar entre lo mejor de la obra de Fernando Ampuero, Sucedió entre dos párpados resulta una lectura amena y también una saludable aproximación al mundo “andino”, realizada por uno los escritores más identificados con la ciudad de Lima.