El cántaro y la ola

Descifrando a Octavio Paz


Uno de los mayores escritores en lengua española del siglo XX, Octavio Paz (1914-1992), Nobel de Literatura 1990, fue además un excelente ensayista y destacado animador del debate cultural y político. Esas actividades han hecho que su poesía –una poesía difícil y que refleja su vasta cultura– quede acaso un tanto postergada. Un buen intento para develar los misterios de esta lírica y acercarla a los lectores es el libro El cántaro y la ola (Universidad Nacional Santiago Antúnez de Mayolo, 2015) que el catedrático, crítico y doctor en Literatura Camilo Fernández Cozman (Lima, 1965) acaba de publicar.

La propuesta central del libro es que la lírica de Paz, especialmente la reunida en el libro Libertad bajo palabra, Obra poética (1935-1957) es una “poesía antropológica” por su sistemática utilización de ritos y símbolos de origen prehispánico. Por supuesto, no se trata de una simple búsqueda de exotismo o color local –a la manera de los peores modernistas o indigenistas– sino de un serio cuestionamiento a la razón instrumental imperante en la cultura occidental. CFC inicia su libro recordando antecedentes de la literatura francesa dentro de esa línea crítica y que influyeron claramente en esta poesía: Víctor Hugo, Baudelaire, Mallarmé y el surrealismo. Añadiríamos a Gérard de Nerval, tantas veces citado por Paz en poemas y ensayos.

El escritor mexicano no pretendía estar descubriendo nada. Como afirmó en su libro de ensayos Los hijos del limo (1974), una de las características de la modernidad es esa capacidad de criticarse a sí misma, que ha dado lugar a las obras de pensadores como Freud, Marx, Weber o Lévi-Strauss. A todos ellos, y a muchos otros, se hace referencia en el segundo capítulo, titulado “Octavio Paz y la modernidad como edad crítica” –mejor desarrollado que el correspondiente a los antecedentes literarios– hasta llegar al famoso debate de la posmodernidad, con las propuestas divergentes de Habermas y Lyotard.

Solo después de esa revisión, CFC procede a abordar “La poética de Octavio Paz”, primero a partir de las reflexiones que el propio autor hiciera en El arco y la lira (1956), y después rastreando los rasgos antropológicos de los poemas hasta en cuatro “niveles”: el de la lengua, el de la estructuración literaria, el de las estructuras figurativo-simbólicas y el de la cosmovisión. Entre otros, se analizan los poemas “Las palabras”, “Fábula”, “Semillas para un himno”, para terminar con un capítulo dedicado a "La piedra del sol" (1957), extenso poema de versos endecasílabos considerado como su obra maestra.

Los problemas de la propuesta de CFC están en el desigual trabajo con los niveles por él mismo establecidos. Casi todos sus análisis se limitan al tercer nivel, las estructuras figurativo-simbólicas, dejando al margen los aspectos formales del lenguaje y la estructuración literaria. Incluso en algún momento reconoce que sus análisis de estos elementos se van a limitar al título y al final del poema (p.88). A ello hay que sumar una cierta tendencia al esquematismo que lo lleva, por ejemplo, a interpretar cualquier mención a los sueños en los textos de Paz como una influencia del surrealismo.

Esos problemas no disminuyen los logros de CFC en el estudio de los elementos simbólicos del poema, una labor en la que se inició analizando los arquetipos junguianos (árbol, sombra, río) en Las ínsulas extrañas de E. A. Westphalen, (1990). En El cántaro y la ola ese aspecto se convierte en el aporte crítico más destacable del libro, pues aborda una galería más amplia de elementos (piedra, colibrí, tigre, flor, etc.) provenientes todos de la cultura y los mitos prehispánicos.