Caligrafía china


Marco Martos (Piura, 1942) es una de las voces más valiosas y características de la llamada “generación del sesenta” y autor de una obra poética que, como la de Borges, partiendo de lo cotidiano y la novedad formal, ha llegado finalmente a una temática clásica y al rigor de la retórica más tradicional. Lejos ya de esos poemas “ásperos y crispados” (según él mismo) de sus primeros libros –Casa nuestra (1965) y Cuadernos de quejas y contentamientos (1969)–, en sus más recientes textos explora universos literarios específicos, para hacerlos suyos y recrearlos. Ese es el caso de Caligrafía china (Peisa, 2014), un homenaje a los grandes poetas de la dinastía Tang.

“Al comienzo fue una cuestión estilística: escribir como lo haría un poeta chino; luego el mundo poderoso de esa cultura fue imponiendo sus reglas”, cuenta el propio Martos en el “Preámbulo” del libro. Por ello, no solo aparecen en estos poemas las figuras y los versos de los legendarios Li Po, Wang Wei, Tu Fu y Lao Tse, sino más que nada su manera de escribir, basada en la minuciosa observación de la naturaleza y lo humano, y la contenida expresión de las emociones y reflexiones más profundas.

La empatía del poeta peruano con esa literatura y cultura fue tan grande que lo llevó a escribir los más de cien poemas que integran Caligrafía china. Y a pesar de que se menciona recurrentemente a mandarines, emperadores, ciruelos y demás, Martos continúa en realidad desarrollando aquellos temas presentes en sus mejores poemarios de “madurez” –Cabellera de Berenice (1990), El mar de las tinieblas (1999) y Aunque es de noche (2006)–: el amor, lo efímero de la vida y de todo lo material, y la trascendencia espiritual.