Una bala en la frente


En la novela Una bala en la frente (Planeta, 2013) el ex oficial del Ejército peruano Manuel Aguirre (Arequipa, 1940) cuenta la experiencia del alférez Arrieta en uno de los lugares más remotos de nuestro país: el poblado de Ninantaya, cerca del lago Titicaca y la frontera con Bolivia. En ese apartado e inhóspito lugar, más que las leyes peruanas rigen las del contrabandista llamado “El fantasma” y su satánico sobrino Hilario, a quien Arrieta vencerá gracias a la ayuda del anciano brujo aimara Yatiri.

Estamos, pues, en los transitados terrenos del realismo mágico y su combinación de sucesos reales con leyendas y creencias propias de la región. Aguirre lo aborda de una manera hasta cierto punto ingenua y maniquea: Hilario a los 16 años ya era un violador de niños, y Yatiri es un personaje aparentemente eterno, como el Melquiades de Cien años de soledad. Uno de los aciertos del autor es combinar estas historias oníricas y casi irreales con otras más verosímiles y propias de la vida militar, la mayor parte de ellas ambientadas en Lima.

Pero incluso en estas historias están demasiado presentes los esquematismos y estereotipos propios de la formación castrense. Como en la del mayor Hermosa, quien se suicida al saber que su homosexualidad ha sido descubierta, una muerte que es celebrada por todos sus compañeros. O la irónica mención de los abogados “defensores de los derechos humanos”, que sacan de prisión a unos peligrosos traficantes de armas. Una bala en la frente muestra, desde la literatura, cuán equivocados están quienes hoy afirman que el Servicio Militar Obligatorio servirá para inculcar “valores” a los jóvenes peruanos.