Codex de los poderes y los encantos



Martín Rodríguez-Gaona (Lima, 1969) se hizo conocido como poeta en los años noventa con los libros Efectos personales (1993) y Pista de baile (1997), que no llegaron a hacerlo destacar dentro de esa generación. Desde entonces ha continuado formándose literariamente (en Estados Unidos y España) y tras un largo silencio ha comenzado a publicar una mucho más interesante obra de madurez, como se puede comprobar en su más reciente poemario: Codex de los poderes y los encantos (Olifante, 2011).

El libro está conformado por ocho poemas extensos y un colofón en prosa, todos ellos basados en personajes y en lugares distintos. Además, en los propios textos el discurso es fragmentario, con violentos saltos espaciales y temporales; de ahí que en la introducción se anuncie que se trata de un “libro mosaico”. Pero hay un tema central: el desarraigo, la experiencia de vivir lejos de la patria (algo que el autor conoce bien), que además está simbolizada por diversas figuras de la literatura peruana, como Garcilaso de la Vega, en el poema “Sobre los diálogos de amor”, y César Vallejo.

El oficio poético adquirido por el Rodríguez-Gaona (tiene una maestría en Lenguas Romances y ha traducido a importantes poetas norteamericanos) le permite combinar exitosamente lo narrativo y lo reflexivo, el lenguaje coloquial con imágenes expresivas; sin dejar de lado las citas, alusiones y juegos intertextuales tan característicos de la poesía posmoderna. Todo ello, sumado a la unidad temática y a la acertada estructura del libro, hace de Codex de los poderes y los encantos uno de los mejores poemarios peruanos del 2011.



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Se puede leer el poemario completo aquí.
Otros textos sobre Codex de los poderes y los encantos: Ernesto García LópezA. Sáenz, Enrique Villagrasa,
Entrevistas: Enrique Sánchez Hernani,


Revelaciones



Hace 30 años el historiador y antropólogo Luis Enrique Tord (Lima, 1942) comenzó a publicar una serie de relatos breves, la documentación histórica y la reflexión ensayística. La calidad de estos textos fue pronto reconocida –obtuvieron el Premio Copé de cuento en los años 1979, 1983 y 1987– y Tord los agrupó en los libros Oro de Pachacámac (1985), Espejo de constelaciones (1991) y Fuego secreto (2005). Hoy por fin tenemos todos esos valiosos cuentos juntos en un solo libro: Revelaciones. Relatos reunidos 1979-2011 (Prisa Ediciones, 2011).

La estrategia narrativa de Tord es parecida a la que emplea Borges en muchos de sus cuentos: un investigador parte de un suceso histórico y tras consultar documentos secretos, o poco conocidos, hace un descubrimiento sorprendente. En el conocido cuento “Oro de Pachacámac”, por ejemplo, se “demuestra” que la procesión del Señor de los Milagros (El “Cristo de Pachacamilla”) no es otra cosa que una variante de los cultos a Pachacámac. Y en “Cide Hamete Benengeli, coautor del Quijote”, que la obra maestra de la literatura hispana fue escrita en realidad por el árabe Hamete ben Gelie.

Tord logra darle forma de cuento a estas argumentaciones históricas gracias a un acertado manejo de las estrategias narrativas y a una prosa muy bien trabajada, con un cierto aliento poético. Especialmente en aquellos textos que tienen como tema las creencias y rituales religiosos del pasado, en los que Tord alcanza su más alto nivel literario. Los cuentos de Revelaciones se convierten, por eso, en una fascinante aproximación a la historia del Perú de los siglos XVI y XVII.


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Se pueden leer las primeras páginas de Revelaciones en Prisa Ediciones.
Otros textos sobre el libro: Enrique Planas.

Las tristezas fugitivas



En el 2011, el tipo de libros de ficción más publicado en nuestro medio han sido las primeras novelas de escritores jóvenes (o no tanto). Se trata de relatos con bastantes características en común, especialmente su naturaleza autobiográfica, pues sus autores cuentan sus propias vidas: su experiencia de estudiantes (colegio, universidad), sus primeros amores y el difícil ingreso al mundo adulto (trabajo, matrimonio). Así sucede, por ejemplo, en Las tristezas fugitivas (Magreb, 2011) primera novela del escritor y crítico Marlon Aquino (Callao, 1980).

Antonio, el protagonista, es un escritor y estudiante de literatura de la Universidad de San Marcos (como el autor), y la mayor parte del libro está constituida por el relato del accidentado romance que sostuvo con Tania –una compañera de estudios–, su labor como profesor preuniversitario y el fracasado intento de ganar un concurso de cortos cinematográficos. Son historias comunes y cotidianas, narradas aquí de una manera amena, empleando el fresco lenguaje de los jóvenes, pero sin mucho vuelo artístico.

Por su formación, Aquino debe haber notado que su relato no era de especial interés, y por eso le agregó una breve historia “marco”: la narración empieza y termina con Antonio ya anciano, de regreso en el Perú después de muchos años. Pero en realidad eso no resulta un aporte (temático o formal) trascendental para la ficción. Como la mayoría de las “primeras novelas” publicadas recientemente, Las tristezas fugitivas no llega a ser un buen libro, aunque sí muestra alguna virtudes literarias que el autor podría desarrollar en futuros trabajos.


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Marlon Aquino administra el blog Apuntes de un nefelibata.
Otros textos sobre la novela: Jaime Cabrera,
Entrevistas: Carlos Sotomayor, Roberto Morales.

Una pasión latina



Miguel Gutiérrez (Piura, 1940) es, sin lugar a dudas, uno de los más importantes escritores peruanos de la actualidad, tanto por su valiosa obra novelística –desde El viejo saurio se retira (1969) hasta Confesiones de Tamara Fiol (2011)– como por su labor como ensayista y fundador y líder del Grupo Narración (1966-1980). Su más reciente novela es Una pasión latina (Alfaguara, 2011), la historia de Nolasco Vílchez, un peruano radicado en Washington quien, sin ningún motivo aparente, asesina y descuartiza a su esposa norteamericana.

Gutiérrez aborda así el relato policial; pero a su manera, centrándose más en el interior y el pasado de los personajes (tanto Vílchez como su amigo Artimidoro Correa, el narrador) que en los giros y sorpresas de la trama. Y también vinculando el relato con el contexto peruano, pues buena parte de las acciones suceden en la ciudad de Ayacucho en la década de 1980, la época más difícil de la violencia política. A eso se suma la reconstrucción de la pobreza y marginación que, al lado de su madre, sufrió Vílchez en su infancia piurana.

El mayor logro de Gutiérrez es precisamente vincular la violencia y las intrigas políticas, así como los resentimientos y prejuicios racistas (la historia tiene muchos puntos de contacto con el cuento “Alienación” de Ribeyro), con el crimen cometido por Vílchez. Con ello, Una pasión latina logra trascender el marco del relato policial para convertirse en un crítico y descarnado retrato del Perú de fines del siglo XX. Una muy buena novela, de lo mejor que nos ha entregado la literatura peruana en el año que está por concluir.


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Se pueden leer las primeras páginas de Una pasión Latina en Prisa Ediciones y otro fragmento en Caretas.
Otros comentarios sobre la novela: Jerónimo Pimentel,
Entrevistas: Andina, Jaime Cabrera, Pedro Escribano, ExpresoLa Primera,