La despedida
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El periodista y escritor Marcelo Birmajer (Buenos Aires, 1966) ha hecho de la vida cotidiana del hombre “promedio” de su país el centro de su obra narrativa, compuesta por una docena de libros, desde Un crimen más alto (1992) hasta Últimas historias de hombres casados (2001). Pero es recién en La despedida (Norma, 2010), su nueva y extensa novela, que se anima a profundizar en las emociones y sentimientos de estos personajes, en su soledad y vacío existencial.
Dreidel, el protagonista, es un cuarentón soltero, neurótico e impotente, a quien la muerte de su mejor amigo sume en una profunda crisis. Sus problemas (personales, familiares, laborales) parecen agravarse con esa crisis, lo que lo lleva a enfrentar situaciones extremas. No obstante, a la manera de los personajes de Kafka, mantiene siempre una actitud fría y distante (mezcla de temor e indiferencia), con todas las personas de su entorno.
Así, yendo a contracorriente de las tendencias dominantes en la narrativa argentina (el policial “intelectual”, por ejemplo). La despedida se convierte en un peculiar retrato de un amplio sector de la sociedad de ese país. Lamentablemente, hacia la mitad de la novela, Birmajer comienza a complicar demasiado la trama, a parodiar textos clásicos (La celestina, El curioso impertinente), generando situaciones irreales que concluyen en un “final feliz” que poco tiene que ver con el resto de la narración.
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Otras reseñas de la novela: Ezequiel Acuña, Jesús Ruiz Mantilla, Oswaldo Paz y Miño.
El siguiente video es una entrevista de Casa América.
Otros lugares de interés
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En su novela Otros lugares de interés (Alfaguara, 2010) el periodista y escritor Enrique Planas (Lima, 1970) nos cuenta la historia de un joven matrimonio, Verónica y Daniel, que emprende un largo viaje para superar la pérdida de un hijo. Pero en ese viaje Verónica pasa por una serie de experiencias que la hacen abandonar a Daniel y a asumir la personalidad de la esquizofrénica artista Unica Zürn (1916-1970), llegando finalmente a la locura.
Planas vuelve en este relato a los temas y motivos dominantes en sus tres novelas anteriores: el complejo universo de las emociones femeninas, el erotismo transgresor y la duplicidad como principio estructural (los personajes tiene siempre “dobles” o modelos a los que imitan). Pero esta vez el escritor se libra de los excesos de aquellas novelas: la obsesión por lo grotesco, por el lenguaje “de moda”, o el abigarrado despliegue de técnicas narrativas.
Renunciando a aquello que lo hacía uno de nuestros escritores más explícitamente posmodernos, Planas se aproxima a la narrativa de Iván Thays, en especial a la novela El viaje interior, una historia similar y hasta complementaria (Planas se centra en la mujer que abandona a su pareja, Thays en el hombre abandonado). Otros lugares de interés muestra a un autor dejando atrás los errores de Alrededor de Alicia (1999) y Puesta en escena (2002), pero aún en búsqueda de su propia personalidad literaria.
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Entrevistas: Correo, Pedro Escribano, Enrique Sánchez H.,
Planas vuelve en este relato a los temas y motivos dominantes en sus tres novelas anteriores: el complejo universo de las emociones femeninas, el erotismo transgresor y la duplicidad como principio estructural (los personajes tiene siempre “dobles” o modelos a los que imitan). Pero esta vez el escritor se libra de los excesos de aquellas novelas: la obsesión por lo grotesco, por el lenguaje “de moda”, o el abigarrado despliegue de técnicas narrativas.
Renunciando a aquello que lo hacía uno de nuestros escritores más explícitamente posmodernos, Planas se aproxima a la narrativa de Iván Thays, en especial a la novela El viaje interior, una historia similar y hasta complementaria (Planas se centra en la mujer que abandona a su pareja, Thays en el hombre abandonado). Otros lugares de interés muestra a un autor dejando atrás los errores de Alrededor de Alicia (1999) y Puesta en escena (2002), pero aún en búsqueda de su propia personalidad literaria.
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Entrevistas: Correo, Pedro Escribano, Enrique Sánchez H.,
Amados transformadores de corriente
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Las originales y arriesgadas propuestas poéticas de Rafael Espinosa (Lima, 1960), especialmente las de los libros Book de Laetitia Casta (2003) y El anticiclón del Pacífico Sur (2007), hicieron que la crítica lo considere como uno de los más destacados poetas peruanos del primer decenio del siglo XXI. Su más reciente libro, Amados transformadores de corriente (AUB, 2010) mantiene e incluso radicaliza aquellas propuestas.
El libro muestra las emociones y reflexiones de un limeño de clase media a lo largo de un día feriado cualquiera. La visita a la madre o el reencuentro con los viejos amigos del barrio, desencadenan extensas reflexiones, verdaderos monólogos interiores del “protagonista”, expresadas en un lenguaje que combina la sintaxis barroca, la retórica poética y el léxico urbano-tecnológico característico de nuestro tiempo: “Una madre es un código de señales náuticas / por demasiado tiempo, con solo / clickearla en los archivos de imágenes, nos dice / que hemos entrado en aguas tranquilas…”.
Lo más destacado de Amados transformadores de corriente es que con ese léxico, tan aparentemente deleznable y antipoético, se alcanzan momentos de logrado e intenso lirismo. Rafael Espinosa pertenece a esa estirpe de poetas que no temen experimentar con el lenguaje más actual y cotidiano (de las calle, la publicidad o Internet, en este caso), una línea que inicia el Vallejo de Trilce y que continuó con los poetas sociales y los más polémicos grupos posteriores, desde “los nuevos” hasta Kloaka.
El libro muestra las emociones y reflexiones de un limeño de clase media a lo largo de un día feriado cualquiera. La visita a la madre o el reencuentro con los viejos amigos del barrio, desencadenan extensas reflexiones, verdaderos monólogos interiores del “protagonista”, expresadas en un lenguaje que combina la sintaxis barroca, la retórica poética y el léxico urbano-tecnológico característico de nuestro tiempo: “Una madre es un código de señales náuticas / por demasiado tiempo, con solo / clickearla en los archivos de imágenes, nos dice / que hemos entrado en aguas tranquilas…”.
Lo más destacado de Amados transformadores de corriente es que con ese léxico, tan aparentemente deleznable y antipoético, se alcanzan momentos de logrado e intenso lirismo. Rafael Espinosa pertenece a esa estirpe de poetas que no temen experimentar con el lenguaje más actual y cotidiano (de las calle, la publicidad o Internet, en este caso), una línea que inicia el Vallejo de Trilce y que continuó con los poetas sociales y los más polémicos grupos posteriores, desde “los nuevos” hasta Kloaka.
La estación de los encuentros
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Radicado en Estados Unidos desde 1986, el escritor y crítico Peter Elmore (Lima, 1960) se ha mantenido siempre presente en el debate literario peruano a través de sus colaboraciones en las más importantes revistas culturales y diarios locales, entre ellos La República. Lo mejor de ese abundante material ha sido reunido en el libro La estación de los encuentros (Peisa, 2010).
Se hace aquí un recorrido del último siglo de la poesía peruana, a través del análisis de 10 poemarios claves, desde Trilce (1922) hasta Cinco segundos de horizonte (2005) de Mario Montalbetti. Este top ten incluye también a Martín Adán, Westphalen, Eielson y Cisneros, entre otros. En narrativa, en cambio, Elmore se muestra mucho más “continental” y analiza obras de Piglia, Bolaño y Fonseca, además de las de Ribeyro, Arguedas y Vargas Llosa.
Pero la sección más interesante de La estación de los encuentros es “Artes de leer” en la que Elmore escribe sobre los ensayistas que más lo han influenciado: George Steiner, Edward Said, Claudio Magris, J. M. Coetzee, Italo Calvino. En todos ellos encuentra algunas de las virtudes (la capacidad de abstracción, el enfoque culturalista que no deja de lado los detalles) de sus propios libros de crítica: Los muros invisibles (1993), sobre la narrativa limeña; La fábrica de la memoria (1997), sobre la novela histórica; y El perfil de la palabra (2002), sobre la obra de Ribeyro.
Se hace aquí un recorrido del último siglo de la poesía peruana, a través del análisis de 10 poemarios claves, desde Trilce (1922) hasta Cinco segundos de horizonte (2005) de Mario Montalbetti. Este top ten incluye también a Martín Adán, Westphalen, Eielson y Cisneros, entre otros. En narrativa, en cambio, Elmore se muestra mucho más “continental” y analiza obras de Piglia, Bolaño y Fonseca, además de las de Ribeyro, Arguedas y Vargas Llosa.
Pero la sección más interesante de La estación de los encuentros es “Artes de leer” en la que Elmore escribe sobre los ensayistas que más lo han influenciado: George Steiner, Edward Said, Claudio Magris, J. M. Coetzee, Italo Calvino. En todos ellos encuentra algunas de las virtudes (la capacidad de abstracción, el enfoque culturalista que no deja de lado los detalles) de sus propios libros de crítica: Los muros invisibles (1993), sobre la narrativa limeña; La fábrica de la memoria (1997), sobre la novela histórica; y El perfil de la palabra (2002), sobre la obra de Ribeyro.
Lo mejor del 2010
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RECUENTO DE LA PRODUCIÓN LITERARIA PERUANA DEL 2010
El acontecimiento literario fue, sin lugar a dudas, el Premio Nobel otorgado a Mario Vargas Llosa, en el mes de octubre, tras largos años de injusta postergación. Coincidió este galardón con el lanzamiento de la novela El sueño del celta (Alfaguara), el relato de la vida del irlandés Roger Casement (1864-1916), que sin ser de las mejores obras de MVLL se convirtió en el libro más importante del 2010.
Por su parte Rodrigo Núñez, tras varios intentos, logró en la novela Sueños bárbaros (Peisa) recrear todo el mundo de escritores, intelectuales y artistas limeños que él conoce desde dentro. Lo hizo con una narración de largo aliento (casi 500 páginas), que conjuga lo ameno y cotidiano con episodios trágicos en los que encontramos a personajes tan entrañables como José Watanabe o Juan Bullita.
También merece mencionarse la novela El anticuario (Peisa), el debut narrativo del conocido crítico y bloguero Gustavo Faverón. Se trata de un relato policial “intelectual”, bien escrito y con diversos niveles de lecturas, aunque tal vez excesivamente recargado de temas y vueltas de la trama. Otro relato policial de buena factura fue La venganza del silencio (Planeta) de Alonso Cueto, que ratificó la madurez alcanzada por este autor de ya larga trayectoria.
Entre las “nuevas voces” de la narrativa habría que destacar a la cusqueña Karina Pacheco, que con la novela La sangre, el polvo, la nieve (San Marcos) y los cuentos de Alma alga (Borrador) se consolidó como una de las más importantes escritoras peruanas. Además, los premios literarios permitieron descubrir a narradores como Javier Pizarro (La vereda más larga del mundo, Premio Nacional PUCP) y Giancarlo Poma (Sonata para kamikazes. Premio BCR). Y no se puede dejar de mencionar la reedición de La violencia del tiempo (Alfaguara), la gran saga narrativa de Miguel Gutiérrez
POESÍA
Con más de 30 años de dedicación constante a la creación poética, Carlos López Degregori por fin está alcanzando el reconocimiento que merece. Su libro Una mesa en la espesura del bosque (Peisa) es el poemario que más y mayores elogios ha tenido de parte de la crítica en este año. Sin dejar de lado la compleja simbología de sus obras anteriores, Una mesa… nos muestra a un López incursionando en terrenos poéticos más accesibles para los lectores no especializados.
La muerte de un burgués (Álbum del Universo Bakterial), tercer poemario de Jerónimo Pimentel, significó la confirmación de su autor como el más importante de la llamada generación post 2000. Lejos de las rigideces estructurales y temáticas de sus anteriores libros, Pimentel nos entrega poemas más personales e intimistas, con diversos registros y técnicas. También dio un giro a su obra el arequipeño Oswaldo Chanove, poeta emblemático de la generación del 80, quien en Plexo solar (Aquelarre) ironiza sobre los discursos científicos vigentes en la actualidad.
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| Maoli Mao |
Entre las nuevas voces, destacó la poeta Maoli Mao, quien en su primer libro Ceguera emocional (Bisagra)incursionó en la temática erótico-amorosa, pero tomando distancia de la violenta poesía femenina peruana de las décadas pasadas. Se trata de una lírica fresca y original, que une los recursos más clásicos del género con desenfadados toques de modernidad. Otro buen “debutante” fue el conocido periodista Eloy Jáuregui, quien en Profundo vello (Bisagra) reunió lo mejor de su producción poética, mostrando un desconocido lado libresco de su personalidad.
Otros poemarios de interés y ampliamente comentados fueron Morir es un arte (Tranvías) de Mariela Dreyfus y Moridor (Pakarina) de Willy Gómez Migliaro, intensas reflexiones sobre el siempre presente tema de la muerte; mientras que Juan de la Fuente, en La belleza no es un lugar (Carpe diem) asume una posición más vitalista y estética. Mención especial merece La resurrección del los muertos (Asamblea Nacional de Rectores), una gran obra póstuma de Gamaliel Churata (1897-1969), recuperada por el peruanista italiano Ricardo Badini.
ENSAYO
El mayor aporte en el campo del ensayo fue el del sociólogo Gonzalo Portocarrero, quien nos entregó en Oído en el silencio (Ed. Red para el desarrollo de las Ciencias Sociales) el fruto de cinco años de reflexiones sobre la literatura, el cine, el arte y la sociedad peruana. En el ámbito más propiamente literario, el crítico Camilo Fernández continuó con su labor de análisis de los principales poetas peruanos del siglo XX, esta vez con Casa, cuerpo. La poesía de Blanca Varela frente al espejo (Universidad San Ignacio de Loyola). Otros libros de interés fueron La estación de los encuentros (Peisa) de Peter Elmore, Espejos de la modernidad, Vanguardia, experiencia y cine en 5 metros de poemas de Selenco Vega, La intertextualidad en la poesía de Emilio Adolfo Westphalen, de Mauro Jiménez y la reedición de La imaginación crítica de Julio Ortega.
Otros recuentos
Ricardo González V., Revista Somos, Carlos Sotomayor.
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