Dos años después de su auspicioso primer libro –
Preparaciones anatómicas (2009)– el poeta
Mario Pera (Lima, 1981) reúne en
Ruido blanco (Lustra, 2011) un conjunto de 20 poemas que nos remiten (a través de imágenes contradictorias y símbolos de muerte y destrucción), a un mundo de sombras, fuego y cenizas. En este escenario apocalíptico, en el que el tiempo no transcurre, el yo poético se cuestiona obsesivamente acerca del destino y el sentido de la existencia humana.
En la búsqueda de certezas, se apela aquí tanto a los vínculos familiares (la figura de la madre en el poema, “Ausencia del otoño”; la paternidad (“Expiación en el jardín del alacrán”) como a la propia vocación literaria o artística (“Se sueltan las amarras”, “Brecht entre clavelinas”); pero mas que nada al cuestionamiento de la fe, los ritos y los mitos relacionados con el catolicismo. Es el tema dominante, como se puede apreciar desde los títulos de los textos (“Auto de fe”, “Oteando el Edén”, “Miserere”, etc.), y se llega hasta a la identificación del poeta con Cristo: “mi sangre… / se hizo un río de muerte que corona el Gólgota”.
Pero estos poemas no parecen ir más allá del escepticismo irónico o de un nihilismo bien expresado en lenguaje lírico. Haría falta un mayor desarrollo, textos de mayor aliento, para que el poeta reflexione con más fundamentos acerca de los temas que aborda o aquello que critica. A eso se suman algunos excesos formales, como el abuso de las citas y alusiones “cultistas”.
Ruido blanco no llega a superar a
Preparaciones anatómicas, pero sí confirma la calidad y el interés de la poesía de Mario Pera.
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Diego Molina,
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