Los dueños de astros ajenos

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Percy Vílchez Vela. Los dueños de astros ajenos (Tierra Nueva editores, 2008)

El escritor Percy Vílchez Vela (Loreto, 1960) es un destacado animador de la actividad cultural en el oriente peruano, ya sea como integrante del grupo Urcututu (entre cuyos miembros figura la poeta Ana Varela), por su labor periodística o por su reconocida obra poética. Pasando de la poesía al ensayo, Vílchez acaba de publicar el libro Los dueños de astros ajenos. La historia desde la visión amazónica, un recorrido crítico por los más de cuatro siglos de accidentadas relaciones entre los hombres de la amazonía y sus compatriotas costeños y andinos; entre las tradiciones y culturas ancestrales de la región y los siempre fallidos intentos de evangelización y modernización que han tenido que soportar.

Como hizo el uruguayo Eduardo Galeano en Las venas abiertas de América Latina (1971), Vílchez aborda diversos aspectos de la historia de la amazonía, empezando por sus sucesivos “descubrimientos” por parte de españoles ávidos de riqueza. En este punto, un mito importante es el de El Dorado, la utópica ciudad de oro, que en nuestra amazonía cambió su nombre por el de Paititi; aunque no por ello se hizo más real. Se pasa revista aquí –en los capítulos "Navegantes antiguos en el Amazonas" y "Los reinos imposibles"– con un mezcla de aliento épico y humor negro las trágicas aventuras de personalidades históricas como Lope de Aguirre, Francisco de Orellana y Pedro de Ursúa. Ninguno de ellos pudo vencer la resistencia de los nativos ni la de la propia naturaleza.

Aunque el libro está divido en capítulos dedicados a temas específicos, estos no han sido escogidos de una manera acertada, por lo que se hace necesario rastrear ciertos tópicos a lo largo de todo el texto. Eso sucede, por ejemplo en lo que respecta al activo rol de la amazonía en la lucha por la independencia del país ante el colonialismo español, desarrollado en el capítulo "Las emancipaciones anticipadas". Pero todo lo referente a la sublevación de Juan Santos Atahualpa, el cuadillo cusqueño que a mediados del siglo XVIII logró establecer, en plena selva central, un enclave casi independiente del poder colonial –una de las mayores “emancipaciones anticipadas” de nuestra historia– figura en el capítulo "La guerra celestial", dedicado más bien a los aspectos religiosos.

Es precisamente este capítulo, el religioso, el más débil del libro. Vílchez se muestra demasiado temeroso para refutar las disparatadas hipótesis que sobre la selva sudamericana elaboraron los primeros evangelizadores católicos, como la leyenda de que insignes personajes (Santo Tomás, algunos apóstoles) estuvieron de paso alguna vez por ahí. Esa actitud del ensayista muestra lo hondo que ha calado la evangelización en la mentalidad de los pobladores de la selva. Uno de los pasajes más extraños del libro es aquel en que Vílchez establece la posibilidad de que Cumbanama, una deidad prehispánica de la región, resulte ser el mismo “Dios uno y trino” de los católicos. Como si con eso Cumbanama ganara dignidad.

Otros capítulos del libro son "Los descubrimientos indígenas", que pasa revista a las primeras aproximaciones de los nativos de la selva a las ciudades más importantes de la Colonia (Quito, Lima); "La expropiación del fuego artístico", recuento de motivos y corrientes literarias y artística desarrolladas en la selva peruana pero cuyos orígenes se remontan al continente europeo; y "La rebelión de los ritos", análisis de los procesos de resemantización y sincretismo mediante los cuales los ritos y celebraciones cristianas se han transformado en expresiones tan diferentes y propias de la región como las Pascuas Indígenas y la gran fiesta de San Juan.

A pesar de las fallas estructurales, de una cierta falta de rigor en el manejo de las fuentes, y de los recurrentes errores gramaticales (faltó un buen corrector), Los dueños de astros ajenos es un libro valioso y de muy amena lectura. En sus páginas encontramos historias tan fascinantes como la larga peregrinación del pueblo Cocama (los descubridores de las propiedades del caucho) o la de la concesión del gobierno peruano –en 1953– de 400,000 Km. cuadrados de nuestra amazonía al empresario norteamericano Robert Gilmour le Tourneau.
(Artículo publicado previamente en La Primera)


La siguiente entrevista es de Pro & Contra.