La ciudad de los culpables

inocente
Generación perdida
Rafael Inocente. La ciudad de los culpables (Editorial Zignos, 2007)

En estos tiempos de marketing literario, en que los libros suelen presentarse con campañas mediáticas y anuncios publicitarios, todavía existen algunas obras cuyo prestigio está basado exclusivamente en los comentarios honestos de aquellos que las han leído. En el caso de La ciudad de los culpables, primera novela de Rafael Inocente (Lima, 1969), la fama antecedió a la propia publicación del libro, pues el manuscrito circuló entre críticos y escritores durante varios años, obteniendo comentarios tan elogiosos como el incluido en el libro de ensayos El pacto con el diablo de Miguel Gutiérrez.

Ambientada en la Lima de fines de los 80 e inicios de los 90, la novela (que hasta hace poco se titulaba Ciudad enferma), es un amplio retrato de los barrios más pobres y marginales de la ciudad (los “conos”, como se dice en el texto) elaborado a través de las historias, contadas siempre en primera persona, de una serie de jóvenes hijos de migrantes y de origen andino. El más importante de ellos es Orlando Zapata, perteneciente a una familia tradicionalmente ligada a las luchas populares: su abuelo fue un “aprista de lo viejos” que murió encarcelado en El Frontón, y una tía le hace leer tempranamente El Capital. Por esos antecedentes, Orlando es capturado por la policía y pasa diez años en la cárcel acusado injustamente de ser terrorista.

Las historias de los otros personajes –Lucía, Julia y Sebastián, entre otros– son bastante similares y muestran a adolescentes que terminan su educación escolar justo en el momento más álgido de la violencia política en nuestro país. Todos ellos fracasan en sus intentos de hacerse de una formación universitaria, un trabajo decente o al menos una vida digna. Peor aún, Lucía y Sebastián, amigos y compañeros ideológicos de Orlando, tienen finales trágicos, ambos víctimas de los excesos de la política antisubversiva. Sólo Julia parece librarse de ese destino, y es a través de ella que la narración sale del ámbito urbano y se traslada a la selva, mostrándonos que todo el país se encuentra inmerso en la violencia y el caos.

Ya otros narradores peruanos han abordado esa época, temática y generación, en especial Daniel Alarcón y Jorge Eduardo Benavides. Este último tiene incluso una novela muy parecida a la de Inocente, El año en que rompí contigo (2003), desarrollada también a partir de las historias de un grupo de jóvenes limeños. Pero mientras los personajes de Benavides pertenecen a la clase media y alta, los de Inocente son de extracción mucho más popular. Sin lugar a dudas la mayor virtud de La ciudad de los culpables es mostrar de la manera más fidedigna el mundo de esos jóvenes: su vida cotidiana, sus anhelos y expectativas; y su propia cultura, desde sus lecturas y música que escuchan (huaynos, salsa, rock) hasta la forma de hablar, con su agresivo lenguaje y peculiar sentido del humor.

Muy pocos autores se han atrevido a emplear en sus obras el lenguaje casi lumpenesco que aparece aquí, por ejemplo, en las cartas que “el erótico Fuentes” le escribe a Orlando. Lamentablemente, el libro tiene muchas debilidades desde el punto de vista estrictamente literario: la retórica, la técnica narrativa y la estructura de la novela muestran claramente a un autor en proceso de aprendizaje y que todavía comete demasiados errores. A eso hay que sumar el monótono y enfático discurso social, compartido por casi todos los personajes, y que en muchos casos llega al más abierto didactismo. Al menos así lo reconoce Sebastián: “…le dije, y mi maldito didactismo nunca fue más evidente”.

Por eso, aunque compartimos en buena medida el entusiasmo con que Miguel Gutiérrez comenta esta novela (destacando “el conocimiento verdaderamente excepcional de la Lima andina que tiene Inocente”); no creemos, como él, que se trate de una obra que se adscriba a la narrativa picaresca. Más bien nos atreveríamos a vincular a La ciudad de los culpables con las vertientes más radicales del realismo, aquellas que rozan el panfleto político.
(Artículo publicado previamente en La Primera)


En Internet se puede leer un cuento de Rafael Inocente.
Otros textos sobre La ciudad de los culpables: Augusto Higa, Carlos Rengifo, Tomacini Sinche, Rodolfo Ybarra.
Entrevistas: José Luis Ayala.