La sonrisa de la musaraña

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Lorenzo Osores. La sonrisa de la musaraña (Peisa, 2007)

Reconocido artista gráfico, Lorenzo Osores está plenamente identificado con el humor más crítico e inteligente, pues ha sido jefe de arte de la revista Monos y monadas (1978-1983) y está relacionado con publicaciones satíricas como El idiota, El salvaje ilustrado o la española Sal y pimienta. Además de ello, Osores es un fino prosista, que acaba de publicar el libro La sonrisa de la musaraña, reunión de medio centenar de textos en prosa en que une su preocupación por el idioma (ha ejercido como corrector de estilo) con el peculiar sentido del humor que caracteriza a toda su obra.

Las secciones en que está dividido el libro corresponden a los diferentes temas que se abordan: las mujeres (Dulces arpías), la religión (Pecado, lleno eres de gracia), los escritores (Pluma de ganso y una que otra langosta), la estupidez (De sandios y paparulos). Y como se puede apreciar ya desde los títulos citados, Osores aborda estos temas empleando un lenguaje irónicamente solemne y elevado, que apela con frecuencia a referentes culturales clásicos. En Santa lujuria, texto de la segunda sección, se cita o alude, en poco más de una página, a personajes históricos como El Arcipestre de Talavera, San Pablo, San Agustín, Montaigne, Oscar Wilde, Gregorio Marañón, entre otros.

A pesar de esta aparentemente excesiva carga “culturosa”, el texto resulta una lectura muy divertida; todo un logro basado en el prolijo trabajo con el lenguaje, tanto en los aspectos léxicos como en la prosodia. Es un lenguaje más próximo al cataverusa (término con el que Ribeyro demoninaba al “lenguaje literario, elegante…”) que al habla coloquial y cotidiana. Pero que siempre mantiene el ritmo y la eufonía pues, según confesión indirecta, el propósito del autor es que estos textos “parezcan escritos para el oído…” y que en ellos concuerden “el buen decir y el mejor pensar”. Osores identifica ese “buen pensar” con la “línea satírica y mordaz” de escritores y artistas como Catulo, Wilde, Goya, Groz y Daumier.

Hay una quinta sección en el libro, de temática diversa y cuyo título, Babel desde una ventana, hace referencia a la columna que Osores tuvo en el diario Correo, Palomilla de ventana, en la que fueron publicados originalmente muchos de estos textos. Y acaso ese origen, más periodístico que literario, explique ciertas deficiencias del conjunto, como el que a veces se pierde un tanto la coherencia del “sujeto de la enunciación”. No pocos escritores, al asumir el proyecto de un libro de esta naturaleza, han optado por crear un personaje al que atribuyen la autoría de los textos. Así nacieron el ribeyriano Luder (Los dichos de Lúder), el Palomar de Calvino, El Lucas de Cortázar (Un tal Lucas) o –el paradigma de todos– el Zarathustra de Nietzsche. Osores crea también un personaje, aunque sin darle nombre, un hedonista erudito e iconoclasta, pero abandona este personaje en algunos textos en los que prima lo personal y autobiográfico.

Aun tendríamos que hacerle otro reparo al libro: que las prosas no lleguen a ser nunca tan punzantes como su autor pretendió. Al menos eso deducimos del texto final –Cortante como un cuchillo– dedicado al caricaturista George Groz, en que la obra del caricaturista alemán (con el que Osores parece sentirse especialmente identificado) es elogiada por ser "satírica, mordaz... radical. Y aunque las ideas y propuestas de Osores tienen un gran potencial crítico, pierden mucho de su “filo” en la búsqueda de la eufonía o la alusión culturalmente prestigiosa. No obstante, La sonrisa de la musaraña, es un libro inteligente y muy bien escrito, un auspicioso debut literario para Lorenzo Osores.


Sobre La sonrisa de la musaraña se pueden leer las reseñas de Guillermo Giacosa y Diego Otero, y las entrevistas de Gonzalo Pajares y Manuel Eráusquin y Carlos Sotomayor.