El sentido de los límites

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Carlos Schwalb. El sentido de los límites (RSE, 2006)

Carlos Schwalb (Lima, 1953) ha reunido en El sentido de los límites (RSE,2006) diez cuentos en los que la libertad plena y la contemplación de labelleza son los mejores recursos para encontrarle algún sentido a la muerte, inevitable límite de nuestras vidas. Así sucede en el relato que da título al libro, la historia de una pareja de adolescentes norteamericanos, el narrador y su amiga Inés, aficionados a escalar "vetustos edificios" por sus escaleras exteriores, para emergencias. Pero más que contarnos esas peligrosas aventuras, el narrador se dedica a reflexionar sobre los motivos de su afición: "¿Afirmábamos nuestra suprema libertad al tentar así elabismo y la muerte?".

Las consideraciones sobre la libertad, la belleza y el carpe diem (como alternativas a la sensatez, lo práctico y lo convencional) continúan en los cuentos El fantasma de la mediocridad y Fadime, que grafican opciones radicalmente opuestas: la de elegir ser "como hubiéramos querido ser" y la de "labrarse una posición cómoda en la vida". En ambos casos los protagonistas son hombres cultos, con formación académica o artística (como la mayoría de los protagonistas de estos relatos), aunque sus reflexiones, el verdadero eje de las historias, en pocos momentos alcanzan "la precisión de la palabra... la eficacia y la fuerza poética" que ha señalado EdgardoRivera Martínez con respecto a otros cuentos de Schwalb.

Tanto por su temática como por su estrategia narrativa, centrada en el "discurso" del protagonista, estos relatos tiene un cierto carácter anticuado, casi decimonónico, que no se puede dejar de relacionar con la obra de Julio Ramón Ribeyro, a la que Schwalb dedicó su tesis universitaria. Más aún, el tipo de historias y el pesimismo de los personajes remiten indudablemente a La palabra del mudo. Nada más ribeyriano que el escritor en crisis de creatividad de Fértil sequía, o el viejo funcionario público que en La dorada puerta no se atreve a establecer una relación afectiva con la señora Chue y su hija, a pesar de que ellas parecen necesitarla tanto como él.

Pero la proximidad con el modelo literario hace evidentes ciertas limitaciones de los cuentos, especialmente en lo que respecta a la empatía psicológica del autor con sus personajes, una de las mayores virtudes de Ribeyro. Los personajes de Schwalb enfrentan situaciones límites (Una muerte digna, Desahuciados), con una racionalidad exacerbada y casi sin mostrar emociones, incluso cuando el tema es la pasión amorosa. En Amor eterno, el protagonista elabora complejas teorías sobre la reencarnación y la transmigración de las almas para explicar "el amor prohibido que tengo hoy día por una mujer casada". Y cuando esa relación termina, confiesa evocarla con "escepticismo".

No son los cuentos que abordan el tema del amor, a pesar de lo que anuncia el epígrafe y la nota de presentación del libro, los mejores de El sentido de los límites, sino aquellos en los que está involucrado el punto de vista de un niño o adolescente. En estos casos Schwalb puede conjugar su opción por lo racional con la tendencia natural de los jóvenes a buscar explicación a las complejidades y misterios del mundo de los adultos. Esa es precisamente la fórmula que le ha permitido ganar los más importantes concursos narrativos del medio -El cuento de las mil palabras (1985) y el Copé(1996)-, y que empleó con más eficacia en Dobleces (2000), su primer librode cuentos.

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1 comentario:

Anetta dijo...

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