Guerra a la luz de las velas



Daniel Alarcón. Guerra a luz de las velas (Alfaguara, 2006)

Daniel Alarcón es considerado por algunos como la mayor promesa de la narrativa peruana actual; algo que no deja de ser extraño pues, a pesar de haber nacido en Lima (1973), radica en Alabama (EEUU) desde los tres años de edad y todos sus cuentos –algunos de ellos publicados en importantes revistas estadounidenses– los ha escrito en inglés. Su único libro War by candlelights: stories (2005) fue finalista del premio PEN/Hemingway para el mejor debut literario del año en el país del norte. Recién con la publicación de Guerra a la luz de las velas (Alfaguara, 2006), una traducción que incluye tres relatos nuevos, los peruanos podemos conocer la obra de este joven escritor.

Los 11 cuentos de Guerra... son de aquellos que dan más importancia a la creación de atmósferas que al interés de la trama o a los finales sorpresivos. Sus historias nos llevan a diversos ambientes, desde recónditos parajes de la selva peruana hasta la ciudad de Nueva York, pasando por los pueblos jóvenes limeños. Los protagonistas son seres marginales, exiliados, sin futuro; víctimas de la guerra, los desastres naturales o simplemente de la pobreza. En Ciudad de payasos (titulada City of clowns en su versión original), Óscar es un joven periodista, hijo de una empleada doméstica y un ladrón, que recorre Lima vestido de payaso (para un artículo) y va recordando los episodios más tristes y humillantes de su vida, como cuando ayudaba a su padre a asaltar las casas de sus compañeros de escuela.

Este cuento, uno de los más extensos, muestra claramente algunas de las virtudes literarias de Alarcón, como la economía y precisión en sus descripciones, ya sea de la ciudad (no cae en el despliegue costumbrista de algunos narradores limeños) o de las emociones y estados de ánimo de sus personajes. No incurre, tampoco, en maniqueísmos de ningún tipo, y los lectores podemos advertir nobleza y dignidad tanto en los personajes pobres (Carmela), en los ricos (Azcárate) y hasta en delincuentes como el padre de Óscar. En los cuentos “yanquis” (Suicidio, Florida, Ausencia) el destierro y la soledad de los personajes son tratados sin efectismos y de un modo que remite a referentes literarios estadounidenses.

Estas cualidades de la narrativa de Alarcón son especialmente estimables cuando aborda el difícil tema de la violencia política de las últimas décadas, en los cuentos Lima, Perú, 28 de julio de 1979 y Guerra a la luz de las velas. En ambos los protagonistas –“pintor” y Fernando– son militantes de movimientos subversivos que mientras llevan a cabo una misión rememoran diversos episodios de sus vidas: pobreza, injusticias, problemas familiares y del contexto político. Estos relatos presentan seres humanos verosímiles, dejando de lado los prejuicios y estereotipos de otros cuentos –Abel de Sergio Galarza, por ejemplo– y novelas que han intentado desarrollar este tipo de historias.

El retrato de la sociedad peruana se amplía y complica en aquellos cuentos en los que el tema principal es la miseria y el desamparo que enfrentan los pobladores de los Andes ante los desastres naturales, como en Huayco, El visitante y también Lima, Perú... que recuerda el trágico terremoto de 1970. Y aunque podríamos hacerle algunos reparos (en especial la falta de creatividad en el manejo del lenguaje, seguramente debido al filtro de la traducción), Guerra a la luz de las velas es un muy buen primer libro, un auspicioso debut en la narrativa para Daniel Alarcón.