El mascarón de proa


José Güich Rodríguez. El mascarón de proa (Mesa redonda, 2006)

José Güich Rodríguez (Lima, 1953) ha reunido en El mascarón de proa un conjunto de relatos que se mantiene en la línea de los de Año sabático (2000), su primer libro, y dentro de la vertiente más tradicional del cuento fantástico. Son narraciones que parten de un contexto cotidiano y mediante la inserción de elementos "fantásticos" –que rompen con las leyes espaciales o temporales- nos hacen dudar acerca de los límites de lo real. En Paisaje con hombre que corre, por ejemplo, la ciudad de Lima, descrita minuciosamente, es el escenario del suceso extraordinario: un hombre desaparecido en la década del 30 reaparece misteriosamente, vivo y con la misma edad, 60 años después.

Más que sorprendernos con un final que descubra repentinamente lo fantástico (insinuado casi desde las primeras líneas del cuento) Güich mantiene la atención del lector por el propio interés de la trama, centrada en las peripecias del inteligente detective (otra concesión a la tradición) que intenta resolver el misterio. La prioridad es crear "suspenso" y para ello se evita cualquier complicación que distraiga a los lectores, especialmente en la estructura de los relatos, rigurosamente lineales. Estas opciones son más evidentes en cuentos como Onirolalia, confusión de ámbitos oníricos y reales; o El veterano, en el que figuran personajes históricos como Francisco Bolognesi y Jorge Basadre.

Los cuentos mencionados, junto con En busca de Serling, son los más logrados de un conjunto bastante parejo, en el que acaso desentone un poco El mascarón de proa, precisamente el que da inicio y título al libro. En líneas generales, estos cuentos muestran una saludable superación con respecto a los de Año Sabático. Hay una mayor distancia con respecto a los maestros, las tramas son más elaboradas y los relatos están mejor desarrollados. Pero algunos problemas de aquel primer libro se mantienen, como en el caso del lenguaje, correcto aunque ampuloso y con pocas muestras de creatividad. El trabajo en este aspecto parece limitarse a una adjetivación casi decimonónica: "una mujer joven cubría con su quebrado esplendor la trajinada y sanguinolenta mesa..."

El énfasis en el suspenso y el interés del relato ha levado al autor a descuidar un tanto los aspectos técnicos, retóricos, la construcción de los personajes (sin densidad psicológica ni motivaciones) y hasta los temas que suelen estar debajo de las tramas. Y son estos temas los que le dan a la verdadera narrativa literaria su complejidad y diversidad de niveles de lectura. Por eso, algunos relatos se acercan más a los guiones de programas de televisión que a la propia literatura. El modelo, a quien se menciona en el título de uno de los cuentos, es el norteamericano Rod Serling (1925-1975), creador y guionista de programas tan conocidos como La dimensión desconocida y Galería nocturna.

No se trata de una tendencia exclusiva de Güich. La aproximación de la literatura a la televisión y cultura de masas en general es un rasgo de la posmodernidad que se hace cada vez más notorio. Una muestra es la exitosa novela Pudor de Santiago Roncagliolo. El mascarón de proa es una lectura capaz de mantener el interés de los lectores de principio a fin, actualizando de una manera muy particular la vieja tradición del cuento fantástico. Pero esa es sólo una de las diversas opciones con las que un interesante grupo de escritores peruanos (Prochazka, Sumalavia, Benavides, Silva, Gallardo, Page) está trabajando actualmente la narrativa fantástica.