K.


Roberto Calasso. K. (Anagrama, 2005)

El ensayista italiano Roberto Calasso hace en el libro K. una original y valiosa interpretación de la obra de Franz Kafka, desde sus novelas El Proceso y El castillo hasta sus cuentos, diarios y aforismos.

Considerada entre las obras fundamentales de la literatura del siglo XX, la narrativa de Franz Kafka (1883-1924) ha sido objeto de innumerables interpretaciones. A los ya clásicos estudios de Benjamin, Canetti y Blanchot se sumó hace poco otro de similar importancia, el del ensayista italiano Roberto Calasso (Florencia, 1941). En la línea de sus anteriores trabajos –que unen las reflexiones sobre literatura y experiencia religiosa, como en La literatura y los dioses (2001)-, el libro de Calasso sobre Kafka, titulado simplemente K., acaba de ser traducido y publicado en español por la editorial Anagrama.

Partiendo de las semejanzas entre las historias de Joseph K. y K. -los protagonistas de las novelas El proceso y El castillo- Calasso afirma que se trata de “elegidos”, personas separadas de la multitud para ser juzgados (uno para ser condenado y el otro para ser nombrado agrimensor) por un tribunal invisible y misterioso. Abandonan su hogar y su rutina para trasladarse a lugares tan extraños que parecen una especie de umbral del mundo real, y que el ensayista -especialista en mitos y autor de libros como La ruina de Kash (1983) y Las bodas de Cadmo y Harmonía (1988)- identifica con el Bar-do, el “estado intermedio” que el Libro Tibetano de los Muertos enseña a atravesar a las almas.

La propuesta central del libro es que desde el iluminismo lo religioso -el orden cósmico expresado en los mitos- no ha desaparecido sino que ha sido “mimetizado en el interior del orden social”. De ahí que en la narrativa de Kafka aparezca un nuevo fenómeno, la conmistión, la unión de lo alto y sagrado con lo bajo y ruin: “no existe aspecto de la sordidez que no se deje tratar como metafísica. Y no existe metafísica que no se deje tratar como aspecto sórdido”. Los señores del castillo y los magistrados del tribunal, que dan tantas muestras de corrupción y sordidez, adquieren la categoría de “arcontes”, mientras que Joseph K. y K. simplemente esperan sus veredictos.

Desde esta perspectiva, Calasso inicia un rigurosa y minuciosa lectura de ambas novelas, reflexionando acerca de los episodios, situaciones, y palabras empleadas por Kafka. Para ello se apoya constantemente en las diversas versiones que éste hizo de sus narraciones, y también en los diarios y cartas del escritor. La inteligencia y erudición del ensayista le permite alcanzar originales e interesantes interpretaciones hasta de los sucesos aparentemente más triviales (hay un capítulo dedicado a Los sueños de Pepi, por ejemplo), y actualizar el discurso crítico sobre las más reconocidos temas de estas novelas: el poder, la autoridad, la culpa, el castigo, el sacrificio, la problemática de los judíos.

Pero K. es mucho más que una revisión de esas novelas, y Calasso dedica capítulos a extender sus teorías hacia las otras obras de Kafka: la novela Amerika; los relatos La condena, La guarida, En la colonia penitenciaria y, por supuesto, La metamorfosis: “una historia de puertas que se abren y cierran... que son cerradas con llave y forzadas”. También son analizados -en el último capítulo del libro, El esplendor velado- los enigmáticos aforismos que Kafka escribió cuando se retiró a Zürau, a recuperarse de la tuberculosis, y en los que pueden encontrarse algunas claves para entender mejor su vida y obra.

Algunos rasgos típicamente posmodernos le restan fuerza y eficacia a los planteamientos de Calasso: la falta de una estructura sólida (los capítulos parecen independientes entre sí), o lo contradictorio de ciertos fundamentos. No obstante esos detalles, Calasso ha logrado hacer en K. una de las más importantes y valiosas interpretaciones de la obra de Kafka. Y como todo buen libro de crítica, nos impulsa a releer, con mayor cuidado y detenimiento, los siempre vigentes relatos, novelas y aforismos del escritor checo

Georg Trakl. Poemas


Georg Trakl. Poemas (PUC, 2005)

Perteneciente a una brillante generación de escritores en lengua alemana –la de Kafka, Hesse, Musil, Broch- el austríaco Georg Trakl (1887-1914) desarrolló durante su breve vida (se suicidó a los 27 años de edad) una valiosa obra poética centrada en la decadencia y la corrupción de la humanidad, y que los críticos han interpretado como un reflejo de la grave crisis europea que precedió a la Primera Guerra Mundial. La Universidad Católica ha publicado el libro Georg Trakl. Poemas (PUC, 2005) que reúne toda la obra lírica de este escritor, en una edición con traducción, prologo y notas del poeta argentino Aldo Pellegrini.

Trakl nació en Salzburgo, el 3 de febrero de 1887. Allí realizó sus estudios escolares y comenzó a publicar poemas y a escribir pequeñas obras teatrales, algunas de las cuales fueron llevadas a escena. Estudió farmacéutica en la Universidad de Viena entre 1908 y 1910, viajando después a Innsbruck a trabajar en el servicio de sanidad del ejército. En esta ciudad se integró al grupo de escritores de la revista Der Brenner, y su poesía comenzó a alcanzar reconocimiento. Su primer libro de poemas fue publicado en Leipzig, en 1913, por Kurt Wolf, el mismo editor que descubrió a Kafka. Paralelamente, seguía escribiendo obras teatrales, entre ellas una versión trágica del Don Juan.

Sus primeros poemas están escritos en formas estróficas simples (con versos rimados y de la misma métrica) y remiten a los paisajes, urbanos o campestres, en los que el autor vivió su infancia. Pero en la descripción de estos paisajes, casi siempre nocturnos -Pellegrini señala que la palabra “Abend”, anochecer, es la más usada por el poeta- hay elementos (símbolos, colores, personajes) en los que se manifiesta una muy personal visión del mundo, sumamente oscura y pesimista: “El mirlo se lamenta entre las deshojadas ramas./ Rojos racimos se balancean contra las herrumbrosas verjas/... como niños pálidos que hacen ronda a la muerte”.

Una serie de sucesos trágicos marcarían los últimos años del poeta: la muerte de su padre, la grave enfermedad de Grette, su hermana más querida (algunos estudiosos dicen encontrar en los poemas pruebas de una relación incestuosa), las crisis producidas por su adicción a viarias drogas, y el inicio de la guerra. Estuvo en el frente de combate y participó, como oficial del servicio médico, en la batalla de Grodek. El horror de esa experiencia le hizo intentar suicidarse, pero no consiguió su propósito y fue internado en el hospital psiquiátrico de Cracovia. En ese hospital, algunos meses después, Trakl moriría por una sobredosis de cocaína.

Los poemas de estos años son aun más sombríos, aunque hay en ellos una mayor libertad formal -llegando incluso al poema en prosa- y el peculiar universo subjetivo que asomaba en los textos iniciales se muestra más abiertamente: “se vuelve gris el mísero verdor al marchitarse en las ventanas... y los corazones sangrantes no dejan de pensar en el mal”. Pero básicamente los temas y motivos se mantienen, por lo que el filósofo Martin Heidegger, quien dedicó (como Wittgenstein, Rilke y otros) varios ensayos a la poesía de Trakl, llegó a afirmar que toda esta obra podía ser interpretada “como el desarrollo de un solo poema”.

Para esta edición se ha reproducido la traducción al castellano que Aldo Pellegrini (1903-1973) publicó en 1972. Figura también, como prólogo, su excelente ensayo Introducción a la poesía de Trakl, más de 40 páginas en las que el poeta argentino hace un detallado seguimiento de las etapas de esta obra, su lenguaje y recursos retóricos, y también un minucioso análisis de los “símbolos trakleanos”. Un texto esclarecedor, que no cae en las simplificaciones ni esquematismos de otras interpretaciones similares. En suma, esta edición de los Poemas de Trakl es una de las más mejores entregas de la colección El manantial oculto, que publica el Rectorado de la Universidad Católica.

Sombras


Patrick Rosas. Sombras (Alfaguara, 2005)

El escritor y periodista Patrick Rosas (Lima, 1947) se dio a conocer como poeta con los libros Leguisamo solo (1976) y Las claves ocultas y otros poemas (1981). Sus preferencias por los ambientes oscuros y mórbidos, y los personajes marginales, lo llevarían a la narrativa, primero al cuento y después a convertirse en uno de los pocos autores peruanos de “novelas negras”, versión moderna del policial tradicional: Pies de reina (1991), Mademoiselle Moutarde (2000) y Quieto veneno (2003). A estos títulos se suma ahora Sombras (Alfaguara, 2005), novela ambientada en París, ciudad en la que Rosas radica desde hace bastantes años.

Sombras narra la historia de Aldus Faber un periodista limeño (aunque esto no se dice explícitamente) que es abandonado por su esposa. Ella además se lleva todo el dinero de la pareja, por lo que Aldus (a sus casi 50 años de edad) tiene que volver a trabajar haciendo reportajes sobre temas escandalosos. La crisis lo lleva a refugiarse en el alcohol y a recordar recurrentemente a Ada, el gran amor de su adolescencia, una relación que terminó poco antes de que ella se suicidara. Además Aldus traiciona y delata a un peligroso delincuente (Sandor), por lo que su vida se ve amenazada; mientras que, como parte de su trabajo, descubre a Christel, un transexual en cuyo rostro cree ver el de Ada.

De este modo, Sombras reúne los temas y motivos más característicos de la novela negra: un protagonista maduro y solitario, insomne y casi alcohólico, con serios problemas económicos; una trama llena de sorpresas y venganzas que se desenvuelve en los más sórdidos y peligrosos ambientes urbanos; y la presencia de personajes marginales de todo tipo. A ello hay que sumar el empleo del narrador en primera persona (el propio Aldus) quien reflexiona de un modo muy personal sobre sus experiencias e impresiones, tratando siempre de entregarle a los lectores frases originales y efectistas: “El verdadero amor, como el crimen, es antisocial”.

Esta excesiva fidelidad al modelo literario le quita a la novela mucho de su realismo y también la “carga de crítica social que suele trasuntar a estos relatos”(Jaime Rest). Sandor, Christel y Ada son casi resúmenes de personajes ficcionales similares y nunca llegan a tener vida propia. Sí la tiene, en cambio, Aldus, un personaje complejo, lleno de sentimientos contradictorios. Y si en los cuentos de Un descapotable en invierno (2000) Rosas nos presentó personajes que se negaban a asumir su adultez para seguir viviendo una adolescencia extemporánea, en Sombras el tema principal parece ser la crisis que atraviesa Aldus al sentir la proximidad de la vejez.

Desde esta perspectiva se pueden interpretar las curiosas dualidades y simetrías de la novela. Ada y Christel, tan parecidas físicamente representan respectivamente el inicio y el final de la vida sentimental de Aldus. La primera es el amor puro y natural; la segunda una relación envilecida y completamente artificial, al punto que Aldus y Christel nunca llegan a hablar directamente. Lo mismo sucede con los dos automóviles Jaguar modelo 1962: en uno de ellos Aldus niño paseaba por las playas con su padre, mientras que el otro es el motivo de la disputa entre Aldus y Sandor. Incluso los sueños que acosan al protagonista y el ambiguo final de la novela son reflejos de sucesos del pasado.

Las mejores páginas del libro son aquellas en las que Rosas, a través de la voz de Aldus, aborda con un cierto vuelo poético la problemática del deterioro humano y la proximidad de la muerte. Lamentablemente esos momentos son escasos y pronto se vuelve a las fórmulas y lugares comunes propios de la novela negra. Sombras es una novela interesante, aunque habría ganado bastante si Rosas, sin necesariamente salirse del marco de este género narrativo, se hubiera atrevido a romper algunas de sus convenciones. Es lo que están haciendo actualmente escritores como el brasileño Rubem Fonseca.

Manual para cazar plumíferos


Sexo, Beatles y video-clips

Leonardo Aguirre. Manual para cazar plumíferos (Matalamanga, 2005)

Con varias menciones honrosas en importantes concursos de cuentos, Leonardo Aguirre (Lima, 1975) se hizo verdaderamente conocido en el ambiente literario limeño a partir de la columna de crítica literaria que tuvo en la publicación electrónica Agenciaperu.com. Sus irreverentes comentarios, escritos además con mucho humor e ingenio, lo levaron a sostener escandalosas polémicas con varios escritores. Similares sentido del humor, ingenio y vocación de escándalo hay en los cuentos de Manual para cazar plumíferos (Matalamanga, 2005), su primer libro que ha recibido los más contradictorios comentarios y reseñas.

Los protagonistas de estos cuentos son casi siempre "plumíferos", es decir (según la terminología de Aguirre) jóvenes aspirantes a escritores más preocupados en ganar premios y convertirse en personalidades literarias que en escribir y leer. Algunos de ellos incluso alcanzarán la fama de la forma menos esperada. Es el caso del protagonista de ¿Doctor Lüber?, quien no duda en emplear las historias de sus futuras obras literarias como guiones para fotonovelas pornográficas en las que también participa como actor, fotógrafo y responsable del "casting". Uno de sus socios en esta empresa reúne esos guiones y los publica como libro, el que se convierte en un best-seller.

El tono irónico y lo explícito de los detalles sexuales de ¿Doctor Lüber? son características de todo el libro, a las que se suman las recurrentes alusiones a los Beatles y a la beatlemania en general. En Sandrita, Patty Boyd y Michelle ma Belle, el protagonista es Leandro Egoaguirre, un fanático de los Beatles, quien mientras hace, en vivo, un programa de radio sostiene relaciones sexuales con Michelle, operadora de la radio y además la enamorada del mejor amigo de Leandro. También son de temática sexual o beatlemaniaca (o ambas a la vez) Sueño # 9, Mapa de tu espalda, Mi vida en Beatles, Con Paola no puedo y Un Blackbird en el Honey pie, el mejor cuento del libro.

En el empeño por hacer de sus cuentos narraciones frescas y divertidas, Aguirre cae en lo superficial, banal y hasta grotesco; especialmente en aquellos relatos de temática sexual que, como los del Doctor Lüber, terminan pareciéndose demasiado a guiones para algún cómic o fotonovela erótica. A esa mismo tipo de cultura de masas corresponden las alusiones a las canciones de los Beatles, pertenecientes al lado más pop del grupo (más McCartney que Lennon) y también la peculiar técnica narrativa empleada en Con Paola no puedo o Crucidrama, que de alguna manera remite a la estética de los videoclips, pues están escritos en base a frases breves de tres, dos o incluso una sola palabra.

Sin dejar de reconocer algunos aciertos formales -juegos de palabras o asociaciones de ideas especialmente felices- estos cuentos no pasan de ser originales ejercicios de estilo. "Con Paola no puedo... quizá parezca un simple ejercicio formal porque... bueno, lo es." reconoce el protagonista de Café Milton y cordero con Saki, relato que inicia el libro, y en el que un plumífero anciano, supuestamente el propio Aguirre, le da consejos a otro más joven sobre cómo ganar concursos literarios. Es el relato más ambicioso y de alguna manera enmarca a los otros (a los que menciona y cita); pero como prólogo resulta engañoso, pues los plumíferos protagonistas de los cuentos citados están más endeudados con lo audiovisual que con la tradición libresca y literaria.

Hay acuerdo entre los comentaristas de este Manual para cazar plumíferos en señalar la originalidad y audacia del autor en lo que respecta al lenguaje (la prosa, la recreación del habla limeña) y las técnicas narrativas. En este último aspecto, Aguirre redescubre algunos recursos empleados en las novelas del argentino Manuel Puig, reconocido precursor de estos posmodernos acercamientos de la literatura a los géneros menos prestigiosos de la cultura de masas.