El color de la tierra


Jorge Coaguila. El color de la tierra (Campodónico, 2005)

Se considera que las primeras novelas peruanas fueron las que escribió Pablo de Olavide (1725-1804) durante su estancia en Europa; pero es recién en el siglo XX que el género alcanza en nuestro medio pleno desarrollo. Hoy no sorprende que nuestros novelistas figuren en los más importantes premios literarios, incluyendo a Vargas Llosa y su persistente candidatura al Nobel. A pasar revista a las grandes novelas peruanas del siglo XX está dedicado el libro El color de la tierra. Sobre la novela peruana (Campodónico, 2005), en el que el periodista Jorge Coaguila continúa sus reflexiones sobre la novela contemporánea iniciadas en el libro El asombro constante (2001).

El color de la tierra se inicia con un epígrafe de MVLL que afirma que la mayor contribución de la crítica literaria es “contagiar a los lectores el entusiasmo y el amor por los buenos libros”. En concordancia, la selección de novelas responde no a los criterios del historiador, ni del crítico erudito, sino a los de un amante de la literatura que habla de sus libros favoritos. El recuento parte de La casa de cartón del gran poeta Martín Adán (1928), novela adolescente y vanguardista por excelencia, y Matalaché de Enrique López Albújar (1928). Ambas novelas mantienen todavía el interés de los lectores y han sido reeditadas recientemente como parte de la Biblioteca Peruana de Peisa.

Seleccionando un libro por autor, siguen las obras cumbres del indigenismo: El mundo es ancho y ajeno (1941) de Ciro Alegría y Los ríos profundos (1958) de J. M. Arguedas. De la vertiente narrativa más urbana y moderna, Crónica de San Gabriel (1960) de J. R. Ribeyro (1960), Conversación en la catedral de MVLL (1969) y Un mundo para Julius (1970) de Alfredo Bryce. Hay una serie de otros tìtulos -Redoble por Rancas (1970), Canto de Sirena (1977)- hasta llegar a las dos novelas más importantes, según la crítica, publicadas en la década pasada: La violencia del tiempo (1991) de Miguel Gutiérrez y País de Jauja (1993) de Edgardo Rivera Martínez.

Coaguila ha dirigido su libro a un público que no necesariamente ha leído las obras seleccionadas. Por eso todos los comentarios comienzan presentando cada novela, el contexto y los personajes principales, y haciendo un resumen de los sucesos más destacados de la trama. Lamentablemente, esta presentación inicial es demasiado extensa y deja pocas líneas para el análisis formal o temático. Peor aún cuando ese reducido espacio se dedica a señalar errores no literarios, de edición o de los propios autores. Por ejemplo, que Ribeyro menciona en su novela a un grupo de 16 indígenas, para líneas después decir “Eran en total trece”.

Incluso tratándose de un libro de divulgación, los textos de Coaguila resultan demasiado superficiales. El prólogo, escrito por él mismo, es una sucesión de párrafos breves y casi inconexos que abordan temas diferentes: del recuento de las versiones cinematográficas de estos relatos se pasa a la influencia de MVLL en los narradores posteriores, y de ahí al carácter de “novelas de aprendizaje” de buena parte de los textos. No hay en el libro referencias bibliográficas que remitan a los lectores interesados a los abundantes estudios e interpretaciones que se han hecho sobre estas novelas. Tampoco hay bibliografía de los autores seleccionados, ni sobre la novela peruana del siglo XX.

Completan el libro la sección Los recientes, sobre novelas de tres narradores de generaciones más jóvenes (Oscar Malca, Jaime Bayly e Iván Thays), un Glosario temático de citas y un Álbum de fotografías de los escritores. Aunque preferimos los anteriores libros de Jorge Coaguila –Julio Ramón Ribeyro. Las respuestas del mudo (1998) o Mario Vargas Llosa. Entrevistas escogidas (2004)- El color de la tierra es un libro de una claridad y sencillez que lo hacen especialmente útil para aquellos lectores que se están iniciando en el conocimiento de nuestra tradición literaria.