Palabra mítica


Carlos López Degregori. Flama y respiración (PUC, 2005)

Heredero del simbolismo y del surrealismo, el poeta Carlos López Degregori (Lima, 1952) está desarrollando una obra en la que la evolución literaria personal se conjuga con una siempre rigurosa exploración en los recursos de la propia poesía. Desde su primer libro –Un buen día (1978)- ha ido ganando paulatinamente el reconocimiento de la crítica, que a partir de Lejos de todas partes (1994, reunión de toda su obra anterior) lo considera uno de los más importantes poetas peruanos en actividad. De ahí las expectativas creadas en torno a Flama y respiración (PUC, 2005), su poemario recientemente publicado.

Tanto la vocación narrativa como la capacidad de crear mundos irreales y subjetivos, dos de las constantes en la poesía de CLD, resultan determinantes en este nuevo libro. En Voces, el primer texto, encontramos al yo poético en la duermevela, escuchando una voz desconocida que le dice “levántate, he venido para llevarte”. Entonces se produce una especie de desdoblamiento, y una parte de la conciencia parte, al llamado de esa voz, a recorrer un peculiar universo onírico, en el que puede hablar con los árboles (“Les decía una palabra y ellos se alejaban sacudiendo sus ramas”); y donde habita el “pájaro relámpago”, origen y eje del libro, según declaró el poeta en una reciente entrevista.

Alternando la escritura en verso con las prosas poéticas, ese mundo irreal es descrito empleando un lenguaje bastante sencillo, tratándose de un poeta cuya obra suele ser considerada difícil oscura y hermética. Incluso las historias “narradas” son mucho más simples, con menos complicaciones (elipsis, personajes secundarios y elementos escondidos) que las de los poemas de Lejos de todas partes y Aquí descansa nadie (1998). En Flama y respiración la economía y precisión de las descripciones remiten de alguna manera a la poesía simbolista de hace un siglo, especialmente a la obra de José María Eguren, cuyo universo gótico e infantil es un referente inevitable.

No sólo lo formal, también en los contenidos el poeta parece haber entrado en una etapa de síntesis y simplificaciones. Resulta bastante claro que el tema del libro es la capacidad creativa humana, la flama, como un opuesto complementario a las limitaciones materiales de la vida, la respiración. La creatividad pura, unida a lo onírico y narrativo, hace que la poesía adquiera un cierto carácter mítico. Los textos más ambiciosos e interesantes son aquellos en los que CLD experimenta con ese “registro” mítico, como Leyenda, Asimetrías y especialmente Herida de tu herida: “He alumbrado una diosa o un dios. No sé si salió de mis ojos o de mi boca...”

Nunca ha sido la poesía de CLD tan clara y sencilla, ni ha estado tan al alcance del gran público lector. Pero el afán “concesivo” del autor, que asomaba en Retratos de un caído resplandor (2002), esta vez parece haber llegado al límite. Hay en el libro una serie de textos que contribuyen poco al desarrollo del tema central (Bala, Lumbre, Figuraciones) y más bien parecen producto de un cierto facilismo retórico. Aun más alarmante es la poca densidad de algunos elementos simbólicos, la falta de sus necesarios aspectos de ambigüedad e indefinición. Sin ellos los símbolos se convierten en algo muy parecido a esa alegorías didácticas cuyo uso literario Borges reprobó con firmeza.

No obstante estos reparos, el conjunto mantiene un buen nivel y hace volver los ojos hacia un cierto tipo de poesía poco practicada en nuestros días; una poesía que apela a las capacidades creativas y míticas del lenguaje. Y que también, como la poesía más ligada al contexto histórico y social, acarrea ciertos riesgos y peligros para el autor. Asumiendo esos riesgos, Flama y respiración confirma la madurez literaria alcanzada Carlos López Degregori y el interés con el que la crítica sigue su obra poética.