La literatura ha encontrado innumerables maneras de narrar el amor, pero muchas menos de narrar el deseo, especialmente el femenino. Y cuando lo ha hecho, a menudo lo ha convertido en un problema moral o una fuente de sufrimiento. Los once cuentos que Alessandra Pinasco (Lima, 1974) ha reunido en el libro Tan simple, tan puro (Alfaguara, 2025) parten de una premisa distinta: sus protagonistas no buscan justificar sus impulsos ni pedir permiso para ejercerlos. Lo que interesa a Pinasco es explorar cómo mujeres de distintas edades experimentan sus sensaciones y manejan sus deseos. Y también cómo definen los límites —a veces difusos— entre el compromiso y la satisfacción personal.
