La pérdida (y otros poemas)

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Poesía, pérdida y pensamiento


Hace casi treinta años, la antología La última cena. Poesía peruana actual (1987) presentó a un grupo de buenos poetas peruanos, algunos ya con cierto prestigio y otros jóvenes y aún inéditos. Entre estos últimos estaba Jorge Frisancho (1967), quien ya entonces destacaba por su talento y precocidad. Sus dos primeros poemarios —Reino de la necesidad (1988) y Estudios sobre un cuerpo (1991)— lo confirmaron como una de las voces fundamentales de la generación del noventa. Tras más de diez años de silencio Frisancho ha vuelto a la creación literaria, y su más reciente libro es La pérdida (Paracaídas, 2014).

Frisancho plantea sus libros como una serie de reflexiones líricas que abordan (a la manera de asedios), diversos aspectos de un solo tema. En este caso se trata de la “ausencia”, la pérdida de algo muy apreciado y su evocación a través de las palabras y la memoria. En estos asedios se emplean versos de largo aliento, de sintaxis compleja y que combinan diversos registros de lenguaje, desde lo coloquial hasta lo libresco. Además, en la serie de poemas titulados “Metapoética” (distribuidos a lo largo del libro), las reflexiones esas reflexiones se vinculan con la propia escritura poética.

La recepción de este poemario ha sido bastante positiva, especialmente entre los críticos y los propios poetas. Rafael Espinosa, por ejemplo, ha resaltado el carácter experimental, pues el autor intenta “plegar el lenguaje al pensamiento… hasta que las palabras comienzan a hacer ellas mismas el trabajo de la cognición”. Por su parte, Víctor Vich ha afirmado que La pérdida (y otros poemas) “es uno de los mejores libros de Frisancho y un libro notable en la poesía peruana actual”.

Caminos de piedra y agua

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Puno de piedra y agua


Se llama “libro de viaje” a aquel relato escrito en primera persona en que el autor describe sus experiencias durante su viaje por una región determinada. En estos textos se suele incluir también información sobre la historia, las personas, las costumbres e incluso la mitología de los lugares que se visitan. En realidad es uno de los géneros literarios más antiguos, y se suele considerar entre sus antecedentes a clásicos como la Odisea y la Eneida. El género ha tenido momentos de gran vigencia, como el siglo XIX, y en el Perú el ejemplo más destacado es Paisajes peruanos de José de la Riva Agüero, un libro póstumo publicado en 1955. Sesenta años después, el escritor Juan Carlos Galdo (Lima, 1968) intenta revitalizar y poner al día al género con el libro Caminos de piedra y agua. Un viaje por Puno (Peisa, 2015).

Galdo (doctor en Literatura, con estudios en las universidades Católica y de Colorado) cuenta que en junio de 2007 realizó un viaje por tierra desde Río de Janeiro hasta Cusco, vía La Paz. Cuando su bus llegó a la ciudad de Puno, Galdo se enteró que la ciudadela de Machu Picchu había sido elegida como una de las “siete maravillas” del mundo moderno, por lo que se estaba organizando una gran celebración en el Cusco. Eso lo decidió a quedarse en Puno, aunque no conociera a nadie ahí, y de paso recoger información para un proyecto de novela centrado en la figura del escritor Gamaliel Churata (1897-1969). El ambiente convulsionado (huelgas y bloqueos de carreteras), hizo que esa investigación fracasara; pero el escritor de todas maneras recorrió la zona conocida como el “corredor cultural aimara” (orilla suroriental del lago Titicaca) conversando con personas que le pudieran brindar información acerca de monumentos y personajes históricos locales.

Así, Galdo visitó los poblados de Yunguyo, Juli, Zepita, Pomata y Ácora, entrevistando a los personajes más pintorescos, cuyos testimonios y peculiares versiones de la historia de la región le dan un cierto carácter “real maravilloso” a este libro. A ellos se suman también las conversaciones que el autor sostiene con la gente común que va conociendo en su peregrinaje, quienes le dan muy particulares interpretaciones de la tensa situación política. Y también el descubrimiento de Galdo de que está haciendo el mismo recorrido que hizo en 1567 el funcionario español Garci Diez de San Miguel, en una visita oficial por los poblados de la antigua provincia de Chucuito.

Todos esos discursos son incorporados a la narración de la manera más objetiva, imparcial y respetuosa. Algo especialmente notorio en las numerosas conversaciones con los escritores, músicos, artistas e intelectuales locales, son sus egos tan inflados como los de sus colegas de cualquier gran ciudad. Galdo reserva su subjetividad para las precisas descripciones que hace de los paisajes, iglesias y casas de todo tipo; y también para algunos pasajes “ficcionales” (que aparecen en letras cursivas), en los que se anima a esbozar pequeñas historias sobre las personas y situaciones que va encontrando. Por todo ello, Caminos de piedra y agua resulta una lectura sumamente amena (no obstante sus 340 páginas) y una demostración del gran potencial que los libros de viajes tienen en un país con tanta diversidad geográfica y cultural como el Perú.

Fulgor en la niebla

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Recorrido por la poesía peruana


Doctor en Literatura, profesor universitario y miembro de número de la Academia Peruana de la Lengua, Camilo Fernández Cozman (Lima, 1965) es uno de críticos literarios que más trabajan por renovar y actualizar esta práctica en nuestro país. Desde el inicio tuvo claro su proyecto de estudiar a las diversas generaciones poéticas peruanas del siglo XX a partir del análisis de los autores más importante o característicos de cada una de ellas. Ese proyecto se materializó en una serie de libros, desde Las ínsulas extrañas de E. A. Westphalen (1990) hasta Mito, cuerpo y modernidad en la poesía de José Watanabe (2006), pasando por obras similares dedicadas a Moro, Eielson, Varela, Delgado e Hinostroza, entre otros. Como resumen de toda esa experiencia, Fernández acaba de publicar el libro Fulgor en la niebla. Recorrido por la poesía peruana contemporánea (USIL, 2015).

Fernández empieza este recorrido analizando la obra de José María Eguren, el poeta simbolista peruano por excelencia. A pesar de que el simbolismo es un movimiento literario más propio del siglo XIX, Eguren publicó su libro más conocido, Simbólicas, en 1911. En ese libro figura el poema “El duque”, que Fernández interpreta como una revisión irónica del tópico modernista de la “fiesta galante”: los personajes aristocráticos de Rubén Darío han sido reemplazados por una nuez y un clavo de olor; y hasta el final del poema resulta completamente irreverente.

De la llamada “generación del treinta el crítico elige, además de un texto de Westphalen, el conocido poema “Madre” de Carlos Oquendo de Amat. Con ello, se revalora los aportes de este poeta, y del vanguardismo en general, a la literatura peruana: “…su experimentación verbal e ímpetu de innovación, su crítica de la modernidad occidental y de la razón instrumental…”. De la siguiente generación, la del cincuenta, se analizan poemas de cuatro autores: Eielson, Delgado, Valera y Romualdo. Este último es quizás el más importante en esta sección, pues en el ensayo “Metáfora y orden conceptual en La torre de los alucinados (1945-1949)” se hace un amplio análisis de uno de sus libros iniciales, de su poco conocida etapa “purista”.

Tres son los poetas de la generación del sesenta seleccionados: Antonio Cisneros, Javier Heraud y Marco Martos. Y es MM el autor al que más espacio se le dedica en el libro, en los ensayos “El poema argumentativo de MM”, centrado en el análisis del conocido poema “Muestra de arte rupestre”; y “El poema-crónica en la obra de MM”, una interpretación de algunos rasgos presentes en buena parte de los libros de este autor. La conclusión es que MM “es uno de los grande poetas de la denominada generación del sesenta, que ha sabido manejar diversos tipos de estrofas y diferentes inflexiones y temas a lo largo de varias décadas de proficua labor creativa”.

Complementan el libro unas “Reflexiones sobre le enseñanza de la literatura en la educación secundaria”. En ellas Fernández, a partir de su propia experiencia docente, describe los (en su opinión) tres principales “errores” que se comenten en la enseñanza de la literatura en la escuela: el biografismo, el contenidismo y el formalismo intransigente.

Noches de adrenalina

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La escritora Carmen Ollé (Lima, 1947) acaba de recibir el Premio el Premio Casa de la Literatura Peruana 2015 en reconocimiento a su trayectoria y obra literaria. Este premio se entrega desde el 2010, y ha sido otorgado a escritores tan importantes como Mario Vargas Llosa, Edgardo Rivera Martínez y Carlos Germán Belli. La premiación a Ollé ha coincidido con la reedición del Noches de adrenalina (Peisa, 2014), su primer libro y una obra fundamental de la poesía peruana de los años ochenta.

Publicado originalmente en 1981, Noches de adrenalina reúne unos 25 poemas largos, en los que una peruana radicada en París reflexiona acerca de su identidad, como persona y como mujer, mezclando continuamente tres líneas discursivas: el análisis de su propia “corporalidad” (“Tener 30 años no cambia nada, salvo aproximarse al ataque cardíaco y al vaciado uterino” dice el primer verso del libro), su pasado personal (la infancia, la adolescencia, el paso por la universidad) y los discursos culturales sobre la sociedad y la posición de la mujer en ella (Bataille y Bachelard, entre otros).

La crítica suele hacer énfasis en lo radical de la primera de esas líneas, pues Ollé habla de las funciones corporales, incluyendo las sexuales, de una manera poco usual (directa y sin pudores), que muchos calificaron de “violenta”. Sin embargo, como ya se ha señalado, ese es solo uno de los aspectos de estos textos, escritos bajo los postulados de la “poesía integral” de los escritores de las generaciones del sesenta y setenta. Ollé desarrolla esa propuesta de una manera sumamente personal, poniendo la problemática de la mujer en primer plano, y logra en Noches de adrenalina lo mejor de su producción poética.