Diez relatos de mujeres y una araña

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Mujeres en su telaraña


Borka Sattler es una destacada artista plástica y galerista peruana. Ha realizado exposiciones en América, en Europa y Japón, y fue durante diez años agregada cultural de la embajada de Perú en Canadá. Paralelamente, desde 1990 viene desarrollando una obra narrativa (novelas y cuentos) centrada en interesantes personajes femeninos, como las novelas Doña Tránsito Abril (1997) y Sarah Ellen QEPD (2013). En esa línea está su más reciente entrega, su octavo libro: Diez relatos de mujeres y una araña (Hipocampo, 2014).

Narrados con sobriedad y precisión, estos diez cuentos (titulados con el nombre de la protagonista) nos remiten al Perú de la primera mitad del siglo XX, un universo que la autora ha conocido a través de las historias que se transmiten en las familias de generación en generación, especialmente entre mujeres, y que remiten a grandes secretos “domésticos”. Así sucede en “Manuela”, que relata el secreto origen del heredero de una familia de importantes hacendados; o en “Camila Stein”, en el que una mujer descubre, a la muerte de su esposo, que este llevó una doble vida, con otra esposa y otro hogar.

Sattler reconoce, en el texto prologal, que en su trabajo literario se siente identificada con las arañas, pues con todas estas historias intenta elaborar “… telas y encajes, que unen situaciones acaparando personajes… metiéndome en sus vidas para darles su propia identidad, suspendidos en los tejidos de mi imaginación”. De esta manera, entretejiendo estos Diez relatos de mujeres…, la autora consigue un valioso registro de la situación de las mujeres peruanas de hace un siglo, especialmente de aquellas ligadas a los sectores más altos de nuestra sociedad.

Huerto cerrado

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Los cuentos de Bryce


El reconocimiento internacional de la obra novelística de Alfredo Bryce Echenique (Lima, 1939), ha hecho que su también importante labor como cuentista quede relegada a un injusto segundo plano. No obstante el propio Bryce ha reconocido ser un autor de “libros de cuentos” y no solo de cuentos ocasionales, como demostró en los inicios de su ya larga trayectoria literaria con dos excelentes libros: Huerto cerrado (1968, Premio Casa de las Américas) y La felicidad ja ja (1974), que acaban de ser vueltos a publicar por la editorial Peisa.

Escrito bajo la influencia de Cortázar y Ribeyro, Huerto cerrado está estructurado alrededor de un personaje común a todos los cuentos: Manolo, un muchacho de clase alta al que le toca vivir el triste proceso de la decadencia familiar. Los relatos presentan a Manolo en las diversas etapas de su aprendizaje social (su primer amor, su iniciación sexual), enfrentando todo tipo de frustraciones y de fracasos. Tras las desventuras de Manolo se nos muestra toda la hipocresía y complejidad de la sociedad limeña de los años sesenta.

La felicidad ja ja trae a un escritor más maduro y diestro en el manejo de sus propios recursos expresivos. El humor, la exageración y la tendencia a la oralidad, que aparecían tímidamente en los primeros relatos, se han vuelto aquí elementos centrales para expresar toda la sensibilidad y vulnerabilidad de los personajes bryceanos. El mayor dominio del arte narrativo en general, y del cuento en particular, da como resultado algunos de los mejores relatos escritos por Bryce: “Eisenhower y la Tiqui-tiqui-tín”, “Muerte de Sevilla en Madrid”, “Antes de la cita con los Linares” y, por supuesto, “Baby Schiaffino”.



Libro de la enfermedad

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Egresado de Literatura de San Marcos, Mateo Díaz Choza (Lima, 1989) es un entusiasta poeta y difusor de la poesía. Fue uno de los organizadores del ciclo de recitales “Ese puerto existe (2010-2011)” (que reunió a poetas de diversas generaciones) y hace un par de años publicó su primer poemario, Av. Palomo (2013), recibido con entusiasmo por la crítica. Díaz Choza acaba de publicar su segundo poemario, Libro de la enfermedad (Paracaídas, 2015), elegido como ganador en los Juegos Florales de Barranco 2013 por un jurado conformado por Rodolfo Hinostroza, Marco Martos y Ricardo González Vigil, entre otros.

Los temas dominantes en esta poesía son la muerte y lo efímero de la vida humana. Pero si en Av. Palomo estos temas eran abordados de manera más bien personal y desde el contexto del autor (en poemas como “Todos vuelven - Vals” o “El Agustino”), en este nuevo libro prima lo “general”. La primera sección es un extenso y reflexivo poema basado en las imágenes naturales del invierno; y la segunda está constituida por los monólogos de diversos personajes bíblicos que enfrentan a la muerte, como “Cuatro visiones de Sansón”: “Abro los ojos y el semblante del abismo / reconozco, paraje donde habitan cardúmenes oscuros…”.

El jurado que premió a este Libro de la enfermedad lo hizo “por la unidad global del texto, que crea un tono sostenido a través de un lenguaje con mucha carga sensorial, riqueza verbal y dominio del verso”. A ello hay que agregar la provechosa lectura de poetas peruanos, como Hinostroza y Martín Adán, y lo logrado de la mayoría de los textos. En suma, un buen poemario y la confirmación de Díaz Choza como uno de nuestros poetas jóvenes más promisorios.

El diluvio de Rosaura Albina

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Esperando el diluvio

Hace tres años, el escritor Luis Fernando Cueto (Chimbote, 1964) sorprendió a todos al ganar la Bienal Copé 2011 con Ese camino existe, una dramática novela elaborada a lo largo de 25 años, en la que se abordaba de manera directa la violencia política de las décadas pasadas. Cueto nos entrega ahora la novela El diluvio de Rosaura Albina (Santuario Editorial, 2014), un extenso y ameno relato, en clave real maravillosa, en el que la anciana fundadora de un legendario burdel chimbotano rememora su vida y las de muchas de las mujeres que trabajaron para ella.

El diluvio… es una narración compleja, con abundantes quiebres temporales y cambios de narradores, y en la que además se mezclan las historias más increíbles, los sucesos históricos reales (el autogolpe de Fujimori, por ejemplo) y el complejo imaginario chimbotano, compuesto de religiosidad popular, mitos andinos y leyendas urbanas de todo tipo. Esto emparenta a la novela con ficciones como Cien años de soledad de Gabriel García Márquez y, especialmente (por el humor y la ironía dominantes) con Canto de sirena, del peruano Gregorio Martínez.

El heterogéneo material es presentado a través de un discurso en el que prima la oralidad de los personajes narradores, pero que ha sido trabajado con sumo acierto, tanto en los aspectos rítmicos, léxicos y retóricos. Es uno de los mayores logros del autor, que se suma a la gran capacidad de fabular, propia de los buenos novelistas. A pesar de un cierto carácter epigonal (la ficción está demasiado a la “sombra” de los referentes mencionados) El diluvio de Rosaura Albina es una buena novela, y una confirmación del talento y la versatilidad literaria de Luis Fernando Cueto.