Obras escogidas de historia
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Continuando con su valiosa labor de difusión de las obras de escritores e intelectuales peruanos, el Fondo Editorial del Congreso, presidido por el congresista Modesto Julca Jara, acaba de publicar el libro Pablo Macera. Obras escogidas de historia (FCE, 2014), el primero de tres volúmenes que recopilarán lo más importante de la producción de este historiador. En este libro se reúnen quince de sus trabajos iniciales, ensayos escritos entre 1955 y 1968.
Como se sabe, Pablo Macera (Huacho, 1929) es el heredero de una tradición de destacados historiadores, cuyas opiniones y críticas tuvieron especial resonancia entre sus coetáneos, como en los casos de Porras y Basadre. Precisamente estos dos historiadores fueron determinantes en la formación académica de Macera, en San Marcos; a ellos se sumarían, en Francia, Bataillon y Braudel. Con esas influencias se aboca inicialmente al estudio de la difusión de las ideas de la ilustración en el Perú, como se comprueba en el primer ensayo de este libro “Tres etapas en la formación de la conciencia nacional” (1955), sobre las ideas de Bravo de Lagunas, Victorino Montero y José Baquíjano y Carrillo.
Otros de los ensayos incluidos en este libro son “Bibliotecas peruanas del siglo XVIII”, “Iglesia y economía en el Perú del siglo XVIII”, “El indio y sus intérpretes peruanos del siglo XVIII”, etc. Quedan para los dos siguientes tomos de estas Obras escogidas de historia todo el valioso trabajo que Macera realizó durante 40 años como director del Seminario de Historia Rural Andina, así como los textos de sus más conocidas obras, como Trabajos de Historia (1977), Pintores populares andinos (1979) y Las furias y las penas (1983).
Dime, Monstruo
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Herrera, Tola y sus monstruos
El escritor y diplomático Carlos Herrera (Arequipa, 1961) y el artista plástico José Tola de Habich (Lima, 1943) han presentado recientemente un ambicioso trabajo conjunto: el libro Dime, Monstruo (El Taller Amarillo, 2014). Bellamente editado (en gran formato, tapa dura, y papel e impresión de la mejor calidad), las casi 300 páginas de este impresionante libro son un colorido y poético recorrido por el universo de los monstruos, esos seres anormales que grafican nuestros temores y obsesiones.
Autor de novelas tan conocidas como Blanco y negro (1995) y Claridad tan oscura (2011) Herrera ya ha creado una muy personal serie de monstruos en Crónicas del argonauta ciego (2002), en nuestra opinión su mejor libro. Esta vez se anima a “meterse en la piel” de algunos de los más conocidos monstruos de la literatura y de la mitología universal. Así, en estas páginas hablan en primera persona (con bastante ironía y humor negro) los clásicos Medusa, Polifemo, Minotauro, Quimera y esfinge; pero también otros tan disímiles como Frankestein, el Pishtaco, el Yeti, el Chuyachaqui, etc.
Por su parte, José Tola está trabajando desde hace mucho en la creación de un universo plástico en el que los monstruos y demonios son elementos centrales. Aquí adapta y recrea a los seres mencionados, pero según su propia y conocida propuesta artística: el negro y el rojo como colores dominantes; y la inquietante presencia de ojos, dedos y dientes desproporcionados. Así, las imágenes que nos brinda del Minotauro o la Esfinge son muy diferentes a las que todos tenemos en nuestras mentes. En suma, Dime, Monstruo es un original y hermoso bestiario que vale la pena leer y observar con detenimiento.
Caligrafía china
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Poesía
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Marco Martos (Piura, 1942) es una de las voces más valiosas y características de la llamada “generación del sesenta” y autor de una obra poética que, como la de Borges, partiendo de lo cotidiano y la novedad formal, ha llegado finalmente a una temática clásica y al rigor de la retórica más tradicional. Lejos ya de esos poemas “ásperos y crispados” (según él mismo) de sus primeros libros –Casa nuestra (1965) y Cuadernos de quejas y contentamientos (1969)–, en sus más recientes textos explora universos literarios específicos, para hacerlos suyos y recrearlos. Ese es el caso de Caligrafía china (Peisa, 2014), un homenaje a los grandes poetas de la dinastía Tang.
“Al comienzo fue una cuestión estilística: escribir como lo haría un poeta chino; luego el mundo poderoso de esa cultura fue imponiendo sus reglas”, cuenta el propio Martos en el “Preámbulo” del libro. Por ello, no solo aparecen en estos poemas las figuras y los versos de los legendarios Li Po, Wang Wei, Tu Fu y Lao Tse, sino más que nada su manera de escribir, basada en la minuciosa observación de la naturaleza y lo humano, y la contenida expresión de las emociones y reflexiones más profundas.
La empatía del poeta peruano con esa literatura y cultura fue tan grande que lo llevó a escribir los más de cien poemas que integran Caligrafía china. Y a pesar de que se menciona recurrentemente a mandarines, emperadores, ciruelos y demás, Martos continúa en realidad desarrollando aquellos temas presentes en sus mejores poemarios de “madurez” –Cabellera de Berenice (1990), El mar de las tinieblas (1999) y Aunque es de noche (2006)–: el amor, lo efímero de la vida y de todo lo material, y la trascendencia espiritual.
Dora Bruder
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La Academia Sueca le otorgó el Premio Nobel de Literatura 2014 al escritor francés Patrick Modiano (Boulogne, 1945) por “el arte de la memoria con el que ha evocado los destinos humanos más inaprensibles y descubierto el mundo de la ocupación nazi de Francia”. Una afirmación que remite casi puntualmente a la novela Dora Bruder (1997), que muchos consideran como su obra maestra, en la que Modiano trata de reconstruir, a partir de un pequeño aviso real de un diario de 1941 (solicitando información acerca de la adolescente Dora Bruder, aparentemente fugada de su hogar), la trágica vida de una joven francesa de ascendencia judía.
Lo que más llama la atención a Modiano de ese aviso es que la casa de la familia Bruder estaba precisamente en la calle parisina en la que él pasó su infancia, pocos años después. Por eso comienza la reconstrucción con la descripción de ambientes, calles y edificios en los que seguramente transcurrió la vida de Dora, hija de emigrantes y de condición muy humilde. Así, va creando el retrato del París de medio siglo antes. Y de lo físico, Modiano pasa a los estados de ánimo y al imaginario de los parisinos durante la ocupación, para graficar la opresión, la angustia y hasta el terror que se vivió en la ciudad durante la ocupación alemana.
En su reconstrucción de la época, el narrador revista a algunos libros y autores de moda en aquellos años, y hasta vuelve a ver una película cómica que disfrutó especialmente en su niñez. Pero ahora la encuentra demasiado oscura y opresiva: “Comprendí repentinamente que esa película estaba impregnada por las miradas de los espectadores del tiempo de la ocupación: espectadores de todas clases, muchos de los cuales no habían sobrevivido a la guerra”.
Finalmente llegamos a conocer el destino final de Dora: fugada de su casa, fue capturada por la policía y, debido a su origen judío, conducida a una cárcel parisina y de ahí al campo de concentración de Auschwitz, donde aparentemente tuvo un trágico final. Lo que Modiano hace con especial maestría en esta novela es hacernos tomar verdadera conciencia no solo de los horrores de la guerra, sino la indiferencia con la que buena parte de los parisinos presenciaron los excesos de los invasores, e incluso algunos hasta colaboraron con ellos. Como afirma Adolfo García Ortega, Dora Bruder “es Modiano en la cumbre de su narrativa”.
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