El enigma del convento

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Tras desempeñarse como periodista en Lima, el escritor Jorge Eduardo Benavides (Arequipa, 1964) viajó a España a inicios de los noventa. Ahí comenzó a desarrollar una obra narrativa que lo ha convertido en el mejor novelista peruano de su generación. A su reconocida trilogía política –Los años inútiles (2002), El año que rompí contigo (2003, Finalista del Premio Rómulo Gallegos) y Un millón de soles (2007)– ha seguido sumando libros que demuestran su calidad y versatilidad literaria, como El enigma del convento (Alfaguara, 2014) una novela histórica ambientada en el Perú y España de inicios del siglo XIX.

Son básicamente dos historia las que Benavides cuenta de manera alternada y paralela: una desarrollada en el convento de Santa Catalina, en Arequipa, y que tiene como protagonista a la joven Ana Moscoso, pero más que nada a las historias que sobre el convento y sus habitantes le cuentan las monjas; la otra es la del peruano José Manuel Goyeneche, quien tras haber enfrentado en Lima diversos intentos independentistas (como ministro plenipotenciario de España) se suma a la corte madrileña del rey Fernando VII y participa en las oscuras intrigas palaciegas por el poder.

En ambas líneas narrativas las tramas se complican, una por la abundancia de personajes y la otra por la naturaleza y alcances de las conspiraciones, que incluyen hasta un villano cuya identidad se va descubriendo poco a poco. Finalmente, los dos relatos convergen en el convento arequipeño, donde están guardados documentos importantes para las pretensiones políticas de Goyeneche. El enigma del convento es una muy buena novela, que logra mantener cautivos a los lectores a lo largo de sus casi 500 páginas.

Se pueden leer las primeras páginas de la novela en Prisa Ediciones.

Las cartografías del poder

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El Fondo Editorial del Congreso del Perú viene realizando desde hace muchos años una valiosa labor de divulgación de obras relacionadas con la historia, la cultura y la problemática del país. Actualmente bajo la dirección del congresista Modesto Julca, el FECP acaba de publicar el libro Las cartografías del poder en la obra de Mario Vargas Llosa (2014) en el que los críticos literarios Sandro Chiri y Agustín Prado han compilado una serie de ensayos sobre nuestro gran novelista, escritos por los más destacados especialistas peruanos y extranjeros.

Los más interesantes ensayos de este libro son aquellos que analizan el conjunto de la novelista vargasllosiana. En “Todas las novelas, la novela” el crítico y profesor universitario Carlos Garayar aborda las diversas variantes que el concepto de “novela total” ha ido adquiriendo en los ensayos y en la narrativa de MVLL, incluyendo hasta novelas recientes, como Travesuras de la niña mala (2006). Por su parte la francesa Marie-Madeleine Gladieu se adscribe más a la propuesta central del libro en el ensayo “Poder seductor, poder destructor en las novelas de MVLL; y su compatriota Roland Forgues estudia la relación entre esta narrativa y la literatura francesa.

Entre los textos dedicados a obras específicas destacan “Caminado con Los cachorros” de Sandro Chiri, “La ambigüedad de la condición humana en El sueño del celta” de Mercedes Cerna Arnaiz y “Los demonios de Arguedas en las perspectivas críticas de MVLL” de Carmen María Pinilla, entre otros. Hay además otros tipos de textos, como “Fieles infidelidades”, las reflexiones de Romy Sutherland sobre su trabajo de traducción al inglés de varias de las obras recientes de MVLL.

Infiernos mínimos

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El escritor y profesor universitario Jorge Valenzuela (Lima, 1962), es considerado uno de los más representativos narradores de la generación del ochenta, continuador de la línea cuentística más clásica y tradicional, aquella que va desde Clemente Palma y Valdelomar hasta Julio Ramón Ribeyro y Guillermo Niño de Guzmán. Empeñoso y constante cultor de este género narrativo, Valenzuela acaba de publicar Infiernos mínimos (Campo Letrado, 2014), su quinto libro de cuentos.

Como ya ha señalado la crítica, los cuentos de Valenzuela no dan prioridad a los sucesos narrados sino al mundo interior de los protagonistas. Aquí eso se nota claramente en los relatos más extensos; como en “La Corbata”, la historia de un ejecutivo en problemas económicos, quien se ve obligado a alquilar una habitación de la casa en la que vive completamente solo. Igual de solitarios son los protagonistas de “Juntos”, una pareja de esposos que tiene que buscar, cada uno por su cuenta, amigos a través de Internet, para salir de su opresivo mundo doméstico. Son relatos “de atmósfera” y con desenlaces previsibles.

Pero los mejores cuentos de Infiernos mínimos son otros, aquellos centrados en “pequeñas pero convincentes escenas sobre el desarraigo, la soledad, los desencuentros y la violencia”, según afirma Carlos Yushimito en la contraportada del libro. Es el caso de “El reencuentro”, el primero y claramente el mejor de estos seis cuentos, y también de “El enemigo insólito”, aunque este se pierde un poco en especulaciones metaliterarias. Infiernos mínimos es un conjunto de cuentos bastante disparejo e inferior a otros libros de Valenzuela, como Horas contadas (1988) y Juegos secretos (2011).

En las aguas de la noche

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Ina María Salazar (Lima, 1959) es una destacada investigadora y crítica literaria, radicada en París desde finales de los años setenta. Allá se desempeña como profesora de literatura hispanoamericana de universidades como la Sorbona, publica ensayos sobre poetas peruanos y hasta ha establecido amistad con nuestros escritores en el exilio parisino, como Julio Ramón Ribeyro. Además es autora de una poesía fina e intensa que va dando a conocer sin ningún tipo de apuros. Recientemente ha publicado En las aguas de la noche (Paracaídas, 2014) su tercer poemario.

La memoria, el retorno al pasado buscando la propia identidad, es el tema dominante en estos más de cuarenta poemas. Pero no se trata de un recuento nostálgico, sino más bien de “hacer añicos el rosario de recuerdos” para volver a ser “la niña emparedada / con su vestido de fiesta”, como confiesa en el primer poema del libro. Y a partir de este reencuentro con las ideas y sentimientos más personales (“restos de algún naufragio”), se intenta lograr una cierta trascendencia, “pasar al otro lado”, siempre a través de la propia poesía: “…toda una vida / para emitir al fin / unos cuantos balbuceos”.

Esos “balbuceos” aluden al marcado laconismo de los poemas: textos breves, de versos cortos y en los que el “trabajo” literario parece haber sido de tacha y eliminación, hasta quedarse solamente con lo esencial. Un rigor que Salazar dice haber aprendido analizando las obras de los poetas de la generación del cincuenta, que leyó con pasión en su juventud. Y acaso ese sea el único reparo que podemos hacerle a En las aguas de la noche, el no atreverse a salir de la “zona segura” establecida por la poesía de los maestros.