César Vallejo. La escritura del devenir

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El escritor Julio Ortega (Ancash, 1942) se inició como poeta en los años sesenta (fue uno de “Los nuevos”) pero pronto sería ganado por crítica literaria. Ha sido catedrático en importantes universidades norteamericanas (país donde radica) y tiene publicados más de veinte muy buenos libros de crítica. Hace poco estuvo de visita en Lima para presentar César Vallejo. La escritura del devenir (Taurus, 2014), libro que resume y actualiza su valiosa contribución a la exégesis vallejiana.

Una de las propuestas nuevas que aquí presenta Ortega es la de la “tachadura” como uno de los principales recursos de Vallejo. Al corregir sus poemas, el poeta eliminaba las palabras que les daban contexto y hasta los vínculos lógicos. “No perseguía expresar mejor las cosas gracias a la concentración del lenguaje, sino decir menos de lo que el lenguaje dice… lo fundamental era la posibilidad de desrepresentar”. Vallejo fue cada vez más radical en el uso de esta técnica –presente ya en Los heraldos negros–, como se puede comprobar en muchos de sus poemas póstumos.

Pero la principal contribución de César Vallejo. La escritura del devenir está en sus capítulos finales, dedicados a hacer un detallado estudio de España, aparta de mí este cáliz (poemario escrito en 1937), en el que se revisan documentos de la época (revistas literarias que circularon durante la Guerra Civil española) y hasta se recoge el testimonio de escritores vinculados al poeta peruano en aquellos años. A ello se suma el análisis “deconstructivo” de Ortega, y una inteligente lectura de la bibliografía existente. Todo ello da como resultado una de las más completas interpretaciones de esa obra póstuma de Vallejo.


Se pueden leer las primeras páginas del libro en Prisa Ediciones.

Camping en el país de las maravillas

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En el libro Camping en el país de las maravillas (Carpe Diem, 2014), Rebeca Urbina (Lima, 1983) ha reunido una veintena de poemas que presentan, de manera sencilla y lúdica, diversas situaciones de la vida una joven limeña de clase media. Desde su rutina como oficinista en un banco (“Lunes plastificado”) y sus paseos por el parque (“Parque Kennedy”), hasta sus costumbres al momento de dormir (“Fotografía de alcoba familiar”); pero también sus traviesas e irreverentes reflexiones y sueños diurnos (“Boceto de Teología”, “El secreto de las piedras calientes”).

Urbina –con estudios de Literatura en la Universidad Católica– logra unir acertadamente el lenguaje cotidiano con un cierto minimalismo retórico. La mayoría de los poemas están basados en una sola imagen o metáfora, desarrollada con humor y ternura. Así, el vientre materno se convierte en un “hotel de cinco estrellas… con jacuzzi personal” y las veleidades afectivas de un pretendiente resultan similares a las de un gato callejero. Son poemas simples pero “redondos”, cercanos a las letras de algunas canciones pop; incluso hay poemas (“Una dama en tres actos”, p. e.) que tienen la estructura estrófica de una canción.

Los peligros de esa estrecha cercanía con la cultura pop se pueden comprobar en poemas como “Archipiélago” o el arjoniano “Punto perdido”. No obstante esas caídas, Camping en el país de las maravillas es un poemario fresco y original. Seguramente por esas virtudes fue elegido –por un jurado presidido por el crítico Ricardo González Vigil– como ganador del IV Concurso de Poesía de Mujeres Scriptura, organizado por la Comisión de escritoras del PEN Internacional y el Centro Cultural de España.


Una locura razonable

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José Miguel Oviedo (Lima, 1934) es uno de los más importantes críticos literarios peruanos. Doctor en Literatura, ha ejercido la crítica periodística durante más de quince años y ha sido profesor en universidades de Inglaterra y Estados Unidos, además de autor de una docena de libros de su especialidad. A los ochenta años, Oviedo acaba de publicar Una locura razonable: memorias de un crítico literario (Aguilar, 2014), un voluminoso libro (más de 500 páginas), en el que rememora toda su vida y su amistad con destacados escritores e intelectuales.

La narración se inicia con la infancia del autor y su paso por el colegio La Salle (en el limeño distrito de Breña) donde fue compañero de carpeta de Mario Vargas Llosa, en los primeros años de secundaria. Hay incluso un par de anécdotas sobre cómo ambos se escapaban de la pedofilia de algunos de sus profesores. Después, en los inicios de su vida profesional, Oviedo formaría parte del “grupo de los sábados”, integrado por Sebastián Salazar Bondy (diez años mayor que él), MVLL, Abelardo Oquendo y Luis Loayza. Posteriormente se sumarían Fernando de Szyszlo y Blanca Varela.

En los años setenta, Oviedo fue nombrado director del Instituto Nacional de Cultura y desde ese cargo tomaría contacto con todo tipo de escritores e intelectuales, lo que se incrementaría con sus viajes al extranjero. Así, desfilan por estas páginas Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Carlos Fuentes, José Lezama Lima, Octavio Paz, Ernesto Cardenal y muchos otros. Una locura razonable resulta por eso una lectura sumamente entretenida, aunque nos hubiera gustado, tratándose de tan importante crítico, una mucho mayor dosis de reflexión y crítica.

Amor en la palabra

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77 POEMAS DE AMOR (y un lector desesperado)


Doctor en Literatura por la Universidad de París (la Sorbona) y radicado en esa ciudad desde hace mucho tiempo, Porfirio Mamani Macedo (Arequipa, 1963) es uno de los peruanos que desde el “exilio” están desarrollando interesantes obras literarias. Lo demostró con La luz del camino, un conjunto de poemas místicos, a la manera de San Juan de la Cruz, que fue considerado entre lo mejor de la literatura peruana del 2010. Dando un giro temático, Mamani acaba de publicar Amor en la palabra (Editinter, 2013), 77 poemas de amor en prosa y en versión bilingüe, en francés y español.

Pero el cambio no es tan radical, si se tiene en cuenta que el “amor” en este nuevo libro es eminentemente “platónico”, idealizado y sin sensualidad ni erotismo. Idealizado es también el mundo que se describe: paisajes naturales, campos floridos, animales hermosos en su sencillez: “… oímos cantar a los pájaros, el fluir del agua, y corremos entre las ramas que se mueven…y hundimos nuestro cuerpo en el agua cristalina del lago que siempre nos espera”, narra el primer poema del libro. Se trata, en realidad de paisajes oníricos, pues los amantes solamente se encuentran en sus sueños.

Así, cada uno de los poemas es un jubiloso reencuentro de estos amantes, separados por la distancia; y en todos los textos hay menciones a la luminosidad del sol, la alegría del canto de los pájaros o la belleza del paisaje. Después de leer unos diez poemas, las reiteraciones se hacen más que evidentes y todo se vuelve bastante previsible, especialmente por lo poco esmerado del trabajo retórico. Por ello, Porfirio Mamani no logra que Amor en la palabra esté a la altura de La luz del camino.