Camping en el país de las maravillas
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Poesía
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En el libro Camping en el país de las maravillas (Carpe Diem, 2014), Rebeca Urbina (Lima, 1983) ha reunido una veintena de poemas que presentan, de manera sencilla y lúdica, diversas situaciones de la vida una joven limeña de clase media. Desde su rutina como oficinista en un banco (“Lunes plastificado”) y sus paseos por el parque (“Parque Kennedy”), hasta sus costumbres al momento de dormir (“Fotografía de alcoba familiar”); pero también sus traviesas e irreverentes reflexiones y sueños diurnos (“Boceto de Teología”, “El secreto de las piedras calientes”).
Urbina –con estudios de Literatura en la Universidad Católica– logra unir acertadamente el lenguaje cotidiano con un cierto minimalismo retórico. La mayoría de los poemas están basados en una sola imagen o metáfora, desarrollada con humor y ternura. Así, el vientre materno se convierte en un “hotel de cinco estrellas… con jacuzzi personal” y las veleidades afectivas de un pretendiente resultan similares a las de un gato callejero. Son poemas simples pero “redondos”, cercanos a las letras de algunas canciones pop; incluso hay poemas (“Una dama en tres actos”, p. e.) que tienen la estructura estrófica de una canción.
Los peligros de esa estrecha cercanía con la cultura pop se pueden comprobar en poemas como “Archipiélago” o el arjoniano “Punto perdido”. No obstante esas caídas, Camping en el país de las maravillas es un poemario fresco y original. Seguramente por esas virtudes fue elegido –por un jurado presidido por el crítico Ricardo González Vigil– como ganador del IV Concurso de Poesía de Mujeres Scriptura, organizado por la Comisión de escritoras del PEN Internacional y el Centro Cultural de España.
Una locura razonable
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Memorias,
Narrativa
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José Miguel Oviedo (Lima, 1934) es uno de los más importantes críticos literarios peruanos. Doctor en Literatura, ha ejercido la crítica periodística durante más de quince años y ha sido profesor en universidades de Inglaterra y Estados Unidos, además de autor de una docena de libros de su especialidad. A los ochenta años, Oviedo acaba de publicar Una locura razonable: memorias de un crítico literario (Aguilar, 2014), un voluminoso libro (más de 500 páginas), en el que rememora toda su vida y su amistad con destacados escritores e intelectuales.
La narración se inicia con la infancia del autor y su paso por el colegio La Salle (en el limeño distrito de Breña) donde fue compañero de carpeta de Mario Vargas Llosa, en los primeros años de secundaria. Hay incluso un par de anécdotas sobre cómo ambos se escapaban de la pedofilia de algunos de sus profesores. Después, en los inicios de su vida profesional, Oviedo formaría parte del “grupo de los sábados”, integrado por Sebastián Salazar Bondy (diez años mayor que él), MVLL, Abelardo Oquendo y Luis Loayza. Posteriormente se sumarían Fernando de Szyszlo y Blanca Varela.
En los años setenta, Oviedo fue nombrado director del Instituto Nacional de Cultura y desde ese cargo tomaría contacto con todo tipo de escritores e intelectuales, lo que se incrementaría con sus viajes al extranjero. Así, desfilan por estas páginas Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Carlos Fuentes, José Lezama Lima, Octavio Paz, Ernesto Cardenal y muchos otros. Una locura razonable resulta por eso una lectura sumamente entretenida, aunque nos hubiera gustado, tratándose de tan importante crítico, una mucho mayor dosis de reflexión y crítica.
Amor en la palabra
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Poesía
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77 POEMAS DE AMOR (y un lector desesperado)
Doctor en Literatura por la Universidad de París (la Sorbona) y radicado en esa ciudad desde hace mucho tiempo, Porfirio Mamani Macedo (Arequipa, 1963) es uno de los peruanos que desde el “exilio” están desarrollando interesantes obras literarias. Lo demostró con La luz del camino, un conjunto de poemas místicos, a la manera de San Juan de la Cruz, que fue considerado entre lo mejor de la literatura peruana del 2010. Dando un giro temático, Mamani acaba de publicar Amor en la palabra (Editinter, 2013), 77 poemas de amor en prosa y en versión bilingüe, en francés y español.
Pero el cambio no es tan radical, si se tiene en cuenta que el “amor” en este nuevo libro es eminentemente “platónico”, idealizado y sin sensualidad ni erotismo. Idealizado es también el mundo que se describe: paisajes naturales, campos floridos, animales hermosos en su sencillez: “… oímos cantar a los pájaros, el fluir del agua, y corremos entre las ramas que se mueven…y hundimos nuestro cuerpo en el agua cristalina del lago que siempre nos espera”, narra el primer poema del libro. Se trata, en realidad de paisajes oníricos, pues los amantes solamente se encuentran en sus sueños.
Así, cada uno de los poemas es un jubiloso reencuentro de estos amantes, separados por la distancia; y en todos los textos hay menciones a la luminosidad del sol, la alegría del canto de los pájaros o la belleza del paisaje. Después de leer unos diez poemas, las reiteraciones se hacen más que evidentes y todo se vuelve bastante previsible, especialmente por lo poco esmerado del trabajo retórico. Por ello, Porfirio Mamani no logra que Amor en la palabra esté a la altura de La luz del camino.
Alicia, esto es el capitalismo
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Narrativa,
Novela
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Profesor de Literatura Latinoamericana en Hobart and William Smith Colleges (New York), Carlos Villacorta Gonzales (Lima, 1976) se hizo conocido en los años noventa, como uno de los miembros del grupo poético Inmanencia. Ha publicado tres poemarios y varias antologías de poesía; pero recientemente ha dado el salto a la narrativa, con la novela Alicia, esto es el capitalismo (Intermezzo Tropical, 2014). Un retorno a la problemática Lima de los noventa, a través de la historia de una pareja de jóvenes (el Tigrillo y Alicia, provenientes de barrios populosos) que se inician en la vida laboral.
La intención del autor es mostrarnos los aspectos más duros e inhumanos del llamado “capitalismo salvaje” que se comenzó a implantar entonces en nuestro país. Las paupérrimas condiciones de trabajo (Tigrillo es ayudante de cocina en Pizza Jat; Alicia, maquilladora de cadáveres) son descritas con una minuciosidad que remite al más radical realismo urbano de los años cincuenta (Congrains, por ejemplo). Además, casi toda la narración se basa en los diálogos de los protagonistas con sus compañeros de trabajo, por lo que la novela siempre remite a esos ámbitos.
Lamentablemente, con este énfasis en lo inhumano del trabajo de los más pobres, Villacorta Gonzales deja de lado todos los otros elementos de la novela: casi no hay trama, los personajes no evolucionan y, lo peor de todo, se nos cuenta muy poco de la relación entre Alicia y el Tigrillo, que debería ser uno de los ejes del relato. En las antípodas de los excesos retóricos y simbólicos de las “novelas de poetas”, Alicia, esto es el capitalismo nos recuerda que el “realismo fotográfico” nunca ha sido una buena opción literaria.
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