El ritmo y la modernización de la lírica peruana
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¿Existe algún rasgo literario que distinga a la poesía peruana de la de otros países? Esta pregunta, que parece remitirnos a antiguas teorías esencialistas, es la que de alguna manera ha querido responder Luis Lino Salvador –profesor de Literatura de las Universidades de San Marcos y San Ignacio de Loyola– en su libro El ritmo y la modernización de la lírica peruana (USIL, 2013), en el que se remonta hasta la generación de fundadores de nuestra lírica moderna: González Prada, Eguren y Valdelomar.
Lino encuentra que estos tres autores compartieron un gran interés sobre un aspecto poco estudiado por los críticos: el ritmo de los versos, “la proporción del tiempo marcada por los acentos”, según González Prada. Para este autor, solo a partir de ciertos cambios con respecto al manejo del ritmo, lograríamos la autonomía del sistema prosódico español; es decir, romper con la tradición literaria española para fundar una nueva. Uno de los aciertos de este libro es descubrir los fuertes vínculos existentes entre estas ideas de GP y las planteadas por Eguren (en el libro Motivos) y Valdelomar (en el artículo “Apuntes sobre el ritmo”, de Belmonte el trágico).
En este tiempo de estudios culturales y multidisciplinarios, la propuesta de El ritmo y la modernización…, exclusivamente “formalista” (basada en el conteo de sílabas tónicas y átonas en cada verso), puede parecer un tanto anacrónica. Acaso por eso, al analizar los poemas de los autores mencionados, Lino apela a las interpretaciones de críticos como Antonio Cornejo P. y Ricardo Silva-Santisteban; y también a aportes críticos recientes: la Semántica Cognitiva de Belic o la Retórica Textual de Arduini.
Sicalípticos y reencauchados
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En los últimos años del siglo pasado se produjo una proliferación de novelas que contaban las violentas aventuras de los jóvenes limeños de entonces. Los libros fundadores de esa “narrativa de la juerga” seguramente fueron No se lo digas a nadie de Jaime Bayly y Al final de la calle de Oscar Malca, ambos de 1994. Entre las mejores de estas novelas figura Falso al amanecer (1999) de Ernesto Carlín (Callao, 1974) que acaba de ser reeditada como parte del libro electrónico Sicalípticos y reencauchados (Caja Negra, 2013).
Los protagonistas de Falso al amanecer son El Maestro –un joven traficante de drogas– y su grupo de amigos: Despojo, El Beato, Marqués, Bacilo, etc. A ellos los acompañamos por las más exclusivas discotecas de Miraflores, y locales del Callao y los llamados “conos”. Ahí, entre tragos y romances frustrados, ellos más que nada se dedican a conversar, con mucha frescura y humor, sobre los temas más absurdos. Son precisamente eso divertidos diálogos, con abundante “jerga” limeña de la época, y numerosas alusiones literarias y rockeras, lo más logrado de esta narración.
Complementa el libro la novela Un valsecito subterráneo, escrita en 2000 (aunque aquí se publica por primera vez) y que tiene, en gran medida, la misma propuesta narrativa. Se trata de un día en la vida de un joven sicario, fanático del rock subterráneo que además tiene contacto con personajes mayores, quienes se expresan en su propio lenguaje, el de la cultura “criolla” de mediados de siglo XX. Posteriormente Ernesto Carlín, conocido por su labor como periodista cultural, ha publicado otras novelas; pero las reunidas en Sicalípticos y reencauchados son, hasta ahora, lo mejor de su narrativa.
Tres piezas no
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Teatro
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La escritora Carmen Ollé (Lima, 1947) se hizo conocida como una de las voces emblemáticas de la agresiva poesía femenina peruana de los años ochenta. En los noventa pasó a la narrativa, conservando siempre la originalidad y el carácter polémico de su obra, con novelas como la autobiográfica ¿Por qué hacen tanto ruido? (1992) o Las dos caras del deseo (1994), una de las primeras en abordar el tema del lesbianismo. Recientemente Ollé acaba de dar el salto a otro género literario, el teatro, con Tres piezas nō (El gato descalzo, 2013).
El nō es una forma dramática japonesa, que alcanzó su mayor desarrollo en el siglo XVII y que mantiene hasta hoy una cierta vigencia. Se trata de breves dramas líricos, con una estructura rígida y fuerte carga simbólica. Ollé toma este género con bastante libertad, adaptándolo a las historias que intenta narrar: la de Hilaria, una campesina asesinada por su propio esposo; la de Pilar Dughi (Lima, 1956- 2006), talentosa narradora muerta prematuramente; y la de Élmer, un joven limeño víctima de la violencia urbana.
Por su intensidad y fuerte temática, “Hilaria”, resulta la mejor de estas Tres piezas nō, aunque es evidente que el texto todavía necesita pulirse un poco (en general, el libro presenta varios problemas de “edición”), especialmente en lo que respecta al manejo de los símbolos y a ciertas caídas en lo panfletario. Por su aspecto testimonial, no deja de tener interés “Melancolía”, el drama inspirado en Dughi (con quien Ollé tuvo una amistad muy cercana), pues se incluyen valiosos datos sobre las costumbres, lecturas e ideas de esta escritora, y hasta algunos de los “secretos” detrás de sus obras más reconocidas.
El bosque de tu nombre
Doctora en antropología y experta en temas de cultura, racismo y discriminación, Karina Pacheco (Cusco, 1969) es también una de las más importantes narradoras peruanas de la actualidad. Ha publicado seis libros –desde La voluntad del molle (novela, 2006) hasta El sendero de los rayos (cuentos, 2013)- en los que se unen el melodrama intimista con la reflexión sobre los problemas sociales de nuestro país. Ampliando su universo narrativo, Pacheco acaba de publicar El bosque de tu nombre (Ceques editores, 2013) su más extensa y ambiciosa novela, ambientada en la violenta Guatemala de las últimas décadas.
En su cómoda casa en Londres, el doctor Ariel, hijo de un exiliado guatemalteco descubre un terrible secreto en el pasado de su padre, quien en su país fue un profesor izquierdista y opositor del régimen dictatorial. Así, Ariel comienza a investigar todo acerca de la misteriosa Coralia, quien fuera torturada y asesinada por un comando paramilitar de la dictadura. Poco a poco las acciones se van trasladando de la Europa actual a la Guatemala de hace medio siglo, y ya la segunda mitad de la novela está plenamente dedicada a la descripción de los ambientes, prácticas y personajes más característicos de la política guatemalteca.
Uno de los mayores retos de Pacheco en este libro ha sido narrar con las herramientas del melodrama (introspección, énfasis en lo emotivo, retórica basada en símiles y metáforas) las más terribles y crueles agresiones. Salvo algunas caídas ocasionales, la autora sale bastante bien librada de ese reto, por lo que El bosque de tu nombre resulta una buena novela y una valiosa aproximación literaria a la violencia política en Latinoamérica.
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