Hoyo 13. Novela barrial
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A pesar de pertenecer cronológicamente a la generación del ochenta, el poeta Rafael Espinosa (Lima, 1962) recién publicó su primer libro, Reclamo a la poesía, en 1996. A ese título le seguirían, entre otros, Geometría (1998), Pica-Pica (2001) –ambos finalistas en el Premio Copé–, Book de Laetitia Casta (2003), El anticiclón del Pacífico Sur (2007). Continuando en su propuesta literaria barroca y experimental, Espinosa acaba de publicar un nuevo poemario: Hoyo 13. Novela barrial (Librería Inestable, 2013).
Los veinte poemas aquí reunidos (extensos y de versos largos) se basan en pequeños sucesos de la vida cotidiana del protagonista (el hablante y narrador de esta “novela”). “Son mini episodios sin expectativa y que no están conectados… el personaje va de la plaza a la verdulería, visita a la chica con la que se acuesta, se corta el pelo, va al cine…”, ha explicado el autor en una entrevista reciente. Pero más que narrar, el protagonista reflexiona poéticamente sobre esos sucesos, apelando a las imágenes más inusuales: “La vida no es una casa, es un panal misterioso… ”, “todavía no recuperado del jet-lag de haber nacido…”.
Así, el poeta vuelve, después de cinco años, a los temas y motivos de Aves de la ciudad y alrededores (2008), al universo de las relaciones más íntimas, a la familia y la pareja. Es una de las líneas dentro de su obra; otra sería la más intelectual y hermética –la de libros como Los hombres rana (2012)–, en la que tiene un papel central el juego entre los diversos tipos de lenguaje. Por ello, Hoyo 13 es una excelente oportunidad para descubrir la poesía de Espinosa, considerada entre las más originales e importantes de la literatura peruana del siglo XXI.
Légamos
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Con casi 25 años de trayectoria poética, José Morales Saravia (Lima 1954) es lo que se suele llamar un “autor de culto”: muy apreciado por los escritores y críticos, pero poco conocido entre los lectores comunes. Su obra es una vasta y compleja cosmogonía que se inició con Cactáceas (1979) –considerado entre los diez poemarios peruanos más importantes de los últimos 40 años, según una encuesta de la Universidad de Lima– y que ha continuado desarrollando en otros cuatro libros, el más reciente de ellos publicado hace poco: Légamos (Paracaídas editores, 2013).
El “proyecto” literario de Morales Saravia es sumamente original: hacer un gran recuento de la naturaleza, empezando por las cosas y seres más sencillos. Un recuento en el que ni la humanidad ni sus problemas están presentes “sino a través de sus huellas, de sus ciudades y oficios” (Rosella di Paolo). Los recursos con los que se llega al “conocimiento” poético son en este caso los símbolos y el propio lenguaje, de gran riqueza verbal y retóricamente muy trabajado. Un lenguaje en el que muchos han visto un antecedente directo del actual “neobarroco”.
Morales Saravia radicaliza aquí algunas de sus opciones poéticas. Por una parte, abandona definitivamente el verso, pues todos los textos están escritos en una prosa de largo aliento, con párrafos completos con apenas una o dos comas como signos de puntuación. Por otro, deja de lado los referentes librescos y las alusiones cultistas, para darle mayor importancia a los elementos míticos de su discurso. En suma, Légamos es un muy buen libro, que muestra la coherente evolución de esta poesía y la madurez literaria alcanzada por su autor.
Abraham Valdelomar. Cuentos completos
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El iqueño Abraham Valdelomar (1888-1919) no solo fue el primer escritor peruano que vivió exclusivamente de su pluma, además incursionó con éxito (y a pesar de su corta existencia) en casi todos los géneros literarios. Pero sin lugar a dudas su mayor contribución estuvo en el cuento, género que introdujo en nuestro país y en el que logró sus mejores páginas. Recientemente se ha publicado el libro Abraham Valdelomar. Cuentos completos (Estruendomudo, 2013), una edición especial para lectores adolescentes de toda la narrativa breve de este talentoso autor.
El crítico y poeta Ricardo Silva Santisteban, el mayor especialista en la obra de Valdelomar, ha estado a cargo de la edición y además es autor del prólogo, la cronología y las notas. Ha mantenido aquí la clasificación de los cuentos en criollos (los más conocidos, como “El caballero” y “Los ojos de Judas”), de temática incaica, fantásticos, “cinematográficos”, “chinos”, etc. De estas categorías Valdelomar trabajó especialmente la primera y la segunda, con relatos que quiso reunir bajo los títulos de La aldea encantada (Pisco, pueblo en el que pasó su infancia) y Los hijos del Sol, respectivamente.
En esta versión de los Cuentos completos de Valdelomar –editada especialmente para las bibliotecas escolares, en formato grande y de fácil lectura– se incluyen también las novelas cortas La ciudad muerta y La ciudad de los tísicos. Además los textos (que respetan siempre las versiones originales) están acompañados de abundante información y una guía de lectura, especialmente útiles para los lectores jóvenes, elaborados por un equipo de especialistas comandado por Fátima Valera Burrell.
El poema argumentativo de Wáshington Delgado
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El crítico Camilo Fernández Cozman (Lima, 1965) está dedicado desde hace más de veinte años al estudio académico de la poesía peruana del siglo pasado. Doctor en Literatura y miembro de número de la Academia Peruana de la Lengua, ha publicado libros sobre Westphalen, Moro, Eielson, Varela, Hinostroza y Watanabe, entre otros. Su más reciente libro es El poema argumentativo de Wáshington Delgado (Ornitorrinco, 2013), en el que a partir de la obra de Delgado (1927-2003), hace un balance de las tendencias poéticas dentro de la brillante generación peruana del cincuenta.
Son seis las tendencias encontradas por Fernández, y van desde la instrumentalización política del poema (Romualdo, Valcárcel) hasta la neovanguardia nutrida del legado simbolista (Eielson, Sologuren). Delgado estaría en una línea que recoge los aportes de la generación española del 27 “incorporándoles una buena dosis de cotidianidad narrativa”. Pero lo que lo diferencia de otros autores afines (Rose, por ejemplo) es su carácter eminentemente argumentativo, pues en su obra siempre el yo poético (“locutor” según la terminología aquí empleada) estaría tratando de persuadir e influir al lector (“alocutario”).
Fernández aborda dos poemarios –Para vivir mañana (1961) y Cuán impunemente se está uno muerto (2003)– empleando su ya conocida metodología, basada en el análisis retórico y de la “visión del mundo del autor”, y la minuciosa revisión de la bibliografía existente. Y en este caso también se suma el estudio de dos importantes libros de crítica escritos por Delgado: Historia de la literatura republicana (1980) y Literatura colonial: de Amarilis a Concolorcorvo (2002).
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