Abraham Valdelomar. Cuentos completos
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El iqueño Abraham Valdelomar (1888-1919) no solo fue el primer escritor peruano que vivió exclusivamente de su pluma, además incursionó con éxito (y a pesar de su corta existencia) en casi todos los géneros literarios. Pero sin lugar a dudas su mayor contribución estuvo en el cuento, género que introdujo en nuestro país y en el que logró sus mejores páginas. Recientemente se ha publicado el libro Abraham Valdelomar. Cuentos completos (Estruendomudo, 2013), una edición especial para lectores adolescentes de toda la narrativa breve de este talentoso autor.
El crítico y poeta Ricardo Silva Santisteban, el mayor especialista en la obra de Valdelomar, ha estado a cargo de la edición y además es autor del prólogo, la cronología y las notas. Ha mantenido aquí la clasificación de los cuentos en criollos (los más conocidos, como “El caballero” y “Los ojos de Judas”), de temática incaica, fantásticos, “cinematográficos”, “chinos”, etc. De estas categorías Valdelomar trabajó especialmente la primera y la segunda, con relatos que quiso reunir bajo los títulos de La aldea encantada (Pisco, pueblo en el que pasó su infancia) y Los hijos del Sol, respectivamente.
En esta versión de los Cuentos completos de Valdelomar –editada especialmente para las bibliotecas escolares, en formato grande y de fácil lectura– se incluyen también las novelas cortas La ciudad muerta y La ciudad de los tísicos. Además los textos (que respetan siempre las versiones originales) están acompañados de abundante información y una guía de lectura, especialmente útiles para los lectores jóvenes, elaborados por un equipo de especialistas comandado por Fátima Valera Burrell.
El poema argumentativo de Wáshington Delgado
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Poesía
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El crítico Camilo Fernández Cozman (Lima, 1965) está dedicado desde hace más de veinte años al estudio académico de la poesía peruana del siglo pasado. Doctor en Literatura y miembro de número de la Academia Peruana de la Lengua, ha publicado libros sobre Westphalen, Moro, Eielson, Varela, Hinostroza y Watanabe, entre otros. Su más reciente libro es El poema argumentativo de Wáshington Delgado (Ornitorrinco, 2013), en el que a partir de la obra de Delgado (1927-2003), hace un balance de las tendencias poéticas dentro de la brillante generación peruana del cincuenta.
Son seis las tendencias encontradas por Fernández, y van desde la instrumentalización política del poema (Romualdo, Valcárcel) hasta la neovanguardia nutrida del legado simbolista (Eielson, Sologuren). Delgado estaría en una línea que recoge los aportes de la generación española del 27 “incorporándoles una buena dosis de cotidianidad narrativa”. Pero lo que lo diferencia de otros autores afines (Rose, por ejemplo) es su carácter eminentemente argumentativo, pues en su obra siempre el yo poético (“locutor” según la terminología aquí empleada) estaría tratando de persuadir e influir al lector (“alocutario”).
Fernández aborda dos poemarios –Para vivir mañana (1961) y Cuán impunemente se está uno muerto (2003)– empleando su ya conocida metodología, basada en el análisis retórico y de la “visión del mundo del autor”, y la minuciosa revisión de la bibliografía existente. Y en este caso también se suma el estudio de dos importantes libros de crítica escritos por Delgado: Historia de la literatura republicana (1980) y Literatura colonial: de Amarilis a Concolorcorvo (2002).
Documentos de barbarie
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Obra reunida,
Poesía
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Escritora y doctora en Literatura, Victoria Guerrero (Lima, 1971) publicó su primer poemario a inicios de los años noventa; pero el ciclo mayor de su poesía lo inició con su cuarto libro, Ya nadie incendia el mundo (2005), que abordaba temas como la enfermedad y la violencia política. El ciclo continuaría con Berlín (2011) y Cuadernos de quimioterapia. Contra la poesía (2012). Para concluir esta etapa de su obra, Guerrero ha reunido estos poemarios y los acaba de publicar bajo el título de Documentos de barbarie. Poesía 2002-2012 (Paracaídas, 2013).
La recopilación incluye algunos textos anteriores, poemas “bien escritos” y que respetan la retórica tradicional. Eso resalta el cambio que representó Ya nadie incendia el mundo con sus versos agresivos y disonantes, en los que se unen “la prosa, el manifiesto y el lirismo”´, como afirma Martín Guerra-Muente. Casi no hay imágenes, solo frecuentes rupturas lógico-temporales y juegos de palabras con una evidente intención metaliteraria. El libro fue considerado por Ricardo González Vigil como “uno de los poemarios más admirables de las letras hispanoamericanas últimas”.
En Berlín esta propuesta poética trasciende las fronteras geográficas y generacionales, fundiendo a la Lima de hoy con el Berlín de posguerra. En Cuadernos de quimioterapia, el énfasis está más en lo personal y corpóreo; y al abordar una enfermedad casi innombrable (el cáncer) se exploran los límites de la poesía y el lenguaje mismo. A pesar de algunos excesos y repeticiones innecesarias, los poemarios reunidos en Documentos de barbarie están, sin lugar a dudas, entre lo más importante de la poesía peruana de lo que va del presente siglo.
La orina tibia de tu cuerpo
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Con cinco poemarios publicados –desde Fotografías escritas (2002) hasta Vía crucis en Chepén (2010)– Cecilia Podestá (Ayacucho, 1981) es, antes que nada, una talentosa escritora que ha abordado con solvencia los más diversos géneros: poesía, narrativa, teatro y periodismo. En todos ellos pone una gran dosis de creatividad y un cierto aliento lírico, como sucede en su más reciente publicación, La orina tibia de tu cuerpo (Editorial Casa Tomada), un conjunto de relatos que nos lleva a un mundo de sexo, violencia, miseria y crueldad extrema.
Los siete textos aquí reunidos nos muestran apenas una o dos escenas —terribles, propias de la más amarillista crónica policial— de historias no contadas, pero que el lector puede reconstruir mentalmente. En uno de ellos, un niño observa a su hermana de quince años teniendo sexo con un hombre mayor; en otro la historia que se vislumbra es la de un viejo alcohólico que prostituye a sus hijas. Y en todos los relatos, los personajes narradores se enfocan en los detalles más corporales: gestos, olores y hasta fluidos, como se comprueba en los propios títulos.
Podestá intenta explotar al máximo la intensidad de estos textos para que el lector “descubra sus pulsiones más oscuras y extraviadas” (Guillermo Niño de Guzmán); y lo logra en gran medida, aunque para ello sacrifique el desarrollo de las tramas y los personajes. De ahí que las “escenas” que nos muestra estén más cerca de las performances artísticas que de los cuentos propiamente dichos. Por todo ello, La orina tibia de tu cuerpo resulta un libro interesante, el descubrimiento de un universo narrativo que la autora aún tiene que explorar.
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