El club de la muerte

1 comentario:


Una de las sorpresas de la FIL 2013 fue que el libro de ficción más vendido resultara no una novela ni un conjunto de relatos, sino una recopilación de guiones teatrales. La sorpresa disminuye si se tiene en cuenta que el autor de ese libro, El club de la muerte (estruendomudo, 2013), es Aldo Miyashiro (Lima, 1976) –conocido conductor de programas de TV, con una larga trayectoria como actor– y que entre los guiones reunidos se encuentran desde una obra inédita hasta “Función velorio”, puesta exitosamente en escena en 2001 y 2006.

La más extensa y mejor desarrollada (30 escenas) de estas obras es “Promoción” (2005), una mirada al interior de una escuela en la que los estudiantes, a punto de terminar la secundaria, reúnen todos los estereotipos relacionados con la adolescencia: matones y víctimas del bullying, adolescentes tímidos y jóvenes con amplia experiencia en el sexo y las drogas, etc. El mayor mérito de Miyashiro aquí es utilizar el lenguaje de los adolescentes limeños de una manera divertida y creativa; a pesar de ello, la obra falla por la falta de densidad psicológica y especialmente por su trágico e injustificado desenlace.

Sin lugar a dudas, lo más interesante del libro es “Función velorio”, una original y breve (un solo acto) obra que muestra a un dramaturgo tratando de llevar a escena un drama en el que todos los actores tienen que morir “realmente”. Los entretelones del “casting”, las dudas y problemas de último momento son mostrados con mucha ironía y humor negro. En general, El club de la muerte nos presenta a Miyashiro como un dramaturgo original y eficiente, pero todavía en la búsqueda de los temas y personajes más propicios para su obra.

El fantasma nostálgico

No hay comentarios:


Reconocido como uno de los mayores narradores peruanos de su generación (la del sesenta), Carlos Calderón Fajardo (Juliaca, 1946) está en una de sus etapas literarias más productivas. A los numerosos títulos que ha publicado en los últimos años se suman logros como haber sido finalista del Premio Tusquets de novela (2006) con un libro que recién acaba de publicarse: El fantasma nostálgico (Animal de invierno, 2013), un relato que aborda, desde el más puro realismo mágico, la violencia política de las décadas pasadas en nuestro país.

El protagonista de esta narración, Valentín, viaja a una Lima irreal para buscar a su padre, un dirigente izquierdista asesinado por las fuerzas antisubversivas, aunque oficialmente es considerado un “desaparecido”. En esa búsqueda, Valentín llega a la casa de los hermanos de su padre, donde Fanny (la menor, quien tiene la facultad de “regresar a la vida lo que no volverá”) ha implementado un “criadero de ausentes”. Así en esta ficción, que inevitablemente remite a la novela Pedro Páramo (del mexicano Rulfo) los muertos y los vivos dialogan, interactúan y tienen casi el mismo estatus.

Por supuesto, la búsqueda del padre es la de la propia identidad; pero en este caso Calderón Fajardo posterga el desarrollo de ese tema y de los referentes históricos para centrarse en la creación de atmósferas oníricas, mediante la acumulación de elementos ambiguos o contradictorios. De ahí que los capítulos tengan títulos como “La presencia / Ausencia” y que la narración concluya con cuatro epílogos diferentes. El fantasma nostálgico es una buena novela que seguramente será más apreciada por los aficionados a la literatura fantástica.


Otros textos sobre El fantasma nostálgico: Sophie Canal, Enrique ProchazkaCarlos Sotomayor,

Construcción civil

1 comentario:


Aunque publicó sus primeros libros en este siglo, Willy Gómez Migliaro (Lima, 1968) es una de las voces más interesantes poetas de nuestra generación del noventa. Su poesía, de evidente estirpe eliotniana, une la experimentación verbal con la reflexión sobre temas trascendentes; una combinación que asegura la calidad de los textos, pero que también les da un cierto hermetismo. En esa línea está su nuevo libro Construcción civil (Paracaídas, 2013) un ambicioso poemario cuyo tema es la “construcción” de la identidad de los peruanos.

Son casi ochenta los poemas aquí reunidos y que giran en torno a varios personajes (como ha señalado Cecilia Podestá): el niño Ernesto (el personaje casi autobiográfico de varias narraciones arguedianas), Isabel Tello (la abuela del poeta, migrante andina que se casó con un italiano) y el niño Ljudevir, etc. Pero sus historias y problemas personales son solo las puertas que nos conducen a los principales elementos de la historia peruana: el legado prehispánico, el centralismo heredado de la colonia, la diversidad cultural, los pueblos postergados, etc.

Lo más interesante en la propuesta literaria de Gómez Migliaro es el carácter de sus reflexiones, en las que apela a los más diversos registros del lenguaje (habla actual, palabras académicas o quechuas, textos literarios), fusionándolos en un discurso barroco y aparentemente irracional, sin signos de puntuación que ayuden a la lectura. Un discurso que, como suele suceder en la buena poesía, es también una expresión de los temas abordados. Construcción civil resulta un libro complejo y difícil, pero sin lugar a dudas también uno de los mejores poemarios peruanos publicados en este año.


En Internet se puede leer una versión previa de Construcción civil.
Otros textos sobre el poemario: Cecilia Podestá, Miguel Ildefonso.

La sangre de la aurora

No hay comentarios:


Doctora en Literatura, con estudios en las universidades de San Marcos y de Nueva York (NYU), Claudia Salazar (Lima, 1976) es una conocida crítica, catedrática y promotora cultural. Aunque ha publicado algunos relatos en revistas virtuales, su verdadero debut como narradora lo hace con la interesante novela La sangre de la aurora (Animal de invierno, 2013), que cuenta las vidas de tres mujeres durante los momentos más difíciles de la violencia política de las décadas pasadas en nuestro país: la campesina Modesta, la fotógrafa Melanie y la dirigente senderista Marcela.

Conformada por textos breves (menos de una página), la narración alterna las peripecias de estas mujeres con otros episodios que abarcan a conocidos personajes de la época (Fujimori, Guzmán, Montesinos, etc.). No obstante, el eje de la trama es la forma en que la violencia fue ejercida especialmente contra las mujeres: abusos, torturas, violaciones y asesinatos. Algo que está presente también en los aspectos formales del relato, desde lo fragmentario e inconexo de los sucesos, hasta los recursos retóricos, la falta de signos de puntuación y el uso recurrente de onomatopeyas en algunos de los textos.

Acaso esta sea la primera novela que aborda el tema desde la perspectiva de las mujeres, y lo hace de una manera bastante efectiva. Pero precisamente el énfasis en lo efectista, el afán de mostrar la violencia siempre en primer plano, no permite desarrollar las historias ni profundizar en las emociones o pensamientos de las protagonistas. En todo caso, La sangre de la aurora resulta un original aporte a la ya abundante literatura sobre esta etapa tan difícil y polémica de nuestra historia reciente.


Otros textos sobre la novela: Alexis IparraguirreMiguel Vargas, Diego Trelles, Cecilia Palmeiro.