La poesía contemporánea del Perú

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En 1946, tres de los más talentosos poetas jóvenes peruanos –Jorge Eduardo Eielson, Javier Sologuren y Sebastián Salazar Bondy– decidieron publicar una antología de la “nueva poesía peruana”, que abarcara a poetas nacidos entre 1875 y 1910. El resultado fue el libro La poesía contemporánea del Perú, sin lugar a dudas una de las antologías más importantes de la literatura peruana. Después de décadas de estar fuera de circulación, este libro acaba de ser reeditado por la Biblioteca Abraham Valdelomar, en una versión facsimilar que incluye las ilustraciones que hizo Fernando de Szyszlo para la primera edición.

Salazar Bondy fue el encargado del prólogo, en el que con criterios eminentemente literarios explica la exclusión de algunos nombres entonces imprescindibles en nuestro canon poético, como Chocano. Por eso aquí figuran solamente ocho poetas, a los que los jóvenes de la generación del 50 reconocían como hitos dentro del proceso de la poseía peruana. A cada uno de ellos se le dedica una sección del libro, con poemas escogidos y un interesante ensayo interpretativo firmado por alguno de los antologadores. Así, Eielson escribe sobre Vallejo, Martín Adán y Xavier Abril; Sologuren sobre Westphalen y Eguren; y Salazar Bondy sobre Oquendo de Amat.

Esta nueva edición de La poesía contemporánea del Perú es un valioso aporte de la colección La Fuente Escondida, dirigida por el poeta Ricardo Silva Santisteban y publicada por la Biblioteca Abraham Valdelomar, fundada y financiada por el catedrático Alberto Benavides. Entre los más recientes títulos de esta colección figuran Poesías de Stéphane Mallarmé y El gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald.

Portada original del libro, diseñada por Szyszlo.


Mi familia y otras miserias

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El escritor arequipeño Orlando Mazeyra Guillén (1980) ha reunido en el libro Mi familia y otras miserias (Tribal, 2013) más de treinta relatos breves, con personajes y ambientes diversos. Sin embargo, estas narraciones tienen abundantes elementos en común, pues muestran a familias disfuncionales, en las que el padre es un militar retirado (autoritario y alcohólico), la madre una mujer sumisa, y el hijo un inadaptado aspirante a escritor. Según el propio autor, se trata de un libro de “autoficción”, una mezcla de autobiografía y ficción narrativa.

Los mejores de estos textos nos presentan dramáticos y violentos episodios familiares. En “Mi primera máquina de escribir”, por ejemplo, el enfrentamiento entre el padre y el hijo se produce en plena noche de Año Nuevo, con el padre conduciendo alcoholizado y arriesgando la vida de su familia; y en “Ropa tendida”, el joven protagonista falla en su intento de suicidarse arrojándose, desde un cuarto piso, sobre el automóvil del padre. No obstante, buena parte de relatos se centran en episodios intrascendentes de la vida del escritor, contados en un tono irreverente y con mucho humor negro.

Acaso esa dispersión hace que en algunos momentos el libro se pierda, algo que pudo remediarse con una más rigurosa selección de textos. A eso se suma la falta de trabajo con el lenguaje, que nunca abandona el habla coloquial de los jóvenes, incluyendo numerosas frases hechas y lugares comunes. A pesar de ello, Mi familia y otras miserias resulta un interesante retrato de esa tan peculiar familia (el tío esquizofrénico, la tía solterona, etc.) y testimonio de la formación como escritor del propio Orlando Mazeyra.


Aprender e instruir en los Andes

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La Derrama Magisterial acaba de publicar los primeros volúmenes de su Colección Pensamiento Educativo Peruano, un ambicioso proyecto académico de análisis de la historia de la educación en el Perú (prácticas y propuestas pedagógicas) desde el siglo XV hasta la actualidad. En el proyecto han participado los más destacados historiadores e investigadores (Manuel Burga, Pablo Macera, Luis Miguel Glave, entre otros), quienes en cada libro abordan un periodo específico y presentan una amplia antología de documentos históricos: desde crónicas hasta reflexiones de pensadores como Viscardo y Guzmán, José C. Mariátegui, Manuel V. Villarán, etc.

El primer libro es Aprender e instruir en los Andes. Siglos XV -XVI y está a cargo de los antropólogos Enrique González Carré y Fermín del Pino-Díaz. González explica la forma en que en el Imperio Incaico se transmitían los conocimientos técnicos y artísticos a las nuevas generaciones (infraestructrura, maestros, costumbres), partiendo de textos como los Comentarios Reales del Inca Garcilaso y la Nueva Corónica de Guamán Poma. Por su parte, Del Pino-Díaz se centra en la labor de los jesuitas, especialmente en la figura del español Joseph de Acosta (1540-1600).

En el segundo libro, Entre la sumisión y la libertad. Siglos XVII-XVIII, el historiador Luis Miguel Glave aborda el periodo central de nuestro virreinato, poniendo especial énfasis en los conflictos entre los intereses del estado Colonial y los de los indígenas, quienes querían preservar sus derechos y tradiciones. Glave hace un detallado análisis de las instituciones educativas de esa época, desde las administradas por las órdenes religiosas (franciscanos,. dominicos, jesuitas, etc.) hasta los colegios de caciques, pasando pot la impostnate labor de las misiones. El problema lingüístico, el dilema entre educar a los indígenas en español o en quechua, resultra uno de los debates más interesantes de este periodo.



La mirada de los gallinazos

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Magíster en Literatura e Historia, Marcel Velázquez (Lima, 1969) es director del Instituto de Investigaciones Humanísticas y autor de una serie de libros de ensayos que, a partir de la literatura y de los estudios culturales, brindan nuevas interpretaciones de nuestro pasado histórico. En esa línea se encuentra su libro La mirada de los gallinazos. Cuerpo, fiesta y mercancía en el imaginario sobre Lima (Fondo Editorial del Congreso, 2013), seis ensayos que analizan las representaciones que los limeños se han hecho de su propia ciudad entre los siglos XVII y XIX.

Velázquez destaca la persistencia en el tiempo de las imágenes de “una Lima opulenta, festiva y sensual”. Para comprobarlo se remite al diario personal que Joseph de Mugaburu escribiera desde 1640 hasta su muerte, en el que se encuentran muy bien descritas las formas de socialización en la Lima virreinal. Especialmente las festividades religiosas: “Elemento transversal y cohesionador de todos los grupos sociales, que movilizaba una maquinaria de significaciones audiovisuales que buscaban exhibir y consumar las jerarquías sociales…”.

Pero el interés histórico de Velázquez está siempre enfocado en la literatura peruana del siglo XIX, periodo al que están dedicados cuatro de estos ensayos. En ellos se analizan textos de Felipe Pardo, Manuel A. Segura, Ricardo Palma, y Clorinda Matto; y de autores no tan conocidos, como Julián del Portillo o Eugenio Iturrino. Pero también textos como el Reglamento de Policía de 1939, relatos de viajeros o artículos periodísticos, con lo que La mirada de los gallinazos demuestra las interesantes posibilidades del ensayo histórico multidisciplinario.