Nuevas rutas

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Como parte de un proyecto de un proyecto auspiciado por la UNESCO, la editorial PEISA acaba de publicar Nuevas rutas. Jóvenes escritores latinoamericanos (2012), antología de cuentos escritos por autores nacidos en este continente entre 1970 y 1982. Un libro en el que destaca la presencia de dos peruanos de esa generación: Carlos Yushimito (Lima, 1977), con uno de los mejores cuentos –“Tinta de pulpo”, del libro Las islas (2006)–, y Diego Trelles (Lima, 1977), que es uno de los responsables de la selección de textos.

Precisamente uno de los mayores aciertos del libro es reunir cuentos de calidad (en la mayoría de los casos) y con un conjunto de características en común: el uso dominante de la ironía, el alejamiento del discurso político y un cuestionamiento tanto de los estereotipos nacionalistas como de la “noción McOndista o posmoderna de un discurso universal”, como señala el crítico Fernando Feliu-Moggi en el prólogo. Entre los autores de los mejores cuentos de esta antología están Samantha Schweblin (Buenos Aires, 1978), Guadalupe Nettel (México, 1973), Juan Gabriel Vásquez (Bogotá, 1973), Yolanda Arroyo (Puerto Rico, 1970) y el ya mencionado Yushimito.

Si algo queda en claro con la lectura de Nuevas rutas es que existe una interesante promoción de escritores latinoamericanos que –sin dejar de lado las enseñanzas de los maestros del boom y generaciones anteriores– está en la búsqueda de nuevos rumbos para la narrativa latinoamericana. Y que tiene entre sus referentes principales a autores como Augusto Monterroso, Manuel Puig, Ricardo Piglia, Enrique Vila Matas y, especialmente, el chileno Roberto Bolaño.


Lima Este

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CRÍMENES SUBURBANOS

Con el libro Lima Este (Altazor, 2012) el escritor Giovanni Anticona (Lima, 1984) completa su trilogía novelesca iniciada con Lima Norte (2009) y Lima Sur (2011). En conjunto, se trata de relatos que combinan el realismo urbano con el policial (siempre hay un crimen que resolver), pero que más que nada representan un valioso y original intento de incorporar, a nuestra literatura, la efervescente vida de los populosos barrios surgidos en la periferia de la capital.

En esta oportunidad el propio autor es el protagonista, y su proyectada trilogía un elemento importante del relato. Para completarla, se contacta con Cristóbal, un joven periodista que vive en San Juan de Lurigancho, quien será su guía en los recorridos por los lugares más sórdidos y peligrosos de la zona, y además introducirá al protagonista en el duro mundo del periodismo policial. Finalmente, todo el peso de la trama recaerá en Cristóbal, en su pasado familiar y personal, en desmedro de la importancia del protagonista y de la verosimilitud de la ficción.

El autor intenta abordar algunos temas importantes a lo largo del relato, como la identidad de los nuevos limeños, los prejuicios racistas o las consecuencias de la violencia política. Pero la brevedad de la novela lo obliga a centrarse en la intriga policial, incluso dejando un poco de lado las descripciones de lugares y costumbres, abundantes en las anteriores novelas. En ese aspecto, Lima Este resulta la narración más equilibrada de la trilogía –aunque le falte la frescura y desfachatez de Lima Norte– y también una señal de que Anticona ya está listo para afrontar nuevos proyectos literarios.


En Libros hay reseñas de las novelas Lima Norte y Lima Sur.


Las novelas del 2012

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El año pasado la narrativa peruana nos entregó algunas novelas significativas, tanto por sus logros literarios como por lo que representaron para sus autores. En primer lugar Un asunto sentimental, quinta novela de Jorge Eduardo Benavides (Arequipa, 1964), una extensa historia de amor que juega con los límites entre realidad y ficción. A pesar de no ser la mejor obra de Benavides –acaso lo sean La noche de Morgana (2005) o El año que rompí contigo (2003)–, lo consagra como un narrador talentoso, versátil y trabajador; sin duda el más importante narrador de su generación (la del ochenta) y uno de los mejores novelistas peruanos de la actualidad.

Algo similar sucedió con Abelardo Sánchez León (Lima, 1947), reconocido poeta que publicó Resplandor de noviembre, también su quinta novela. En este caso sí se trata de su mejor trabajo narrativo, un ambicioso retrato generacional en el que el lenguaje y la diversidad de los personajes son los mayores logros. También resultaron importantes para sus autores las novelas Dándole pena a la tristeza de Alfredo Bryce (su mejor libro en casi 20 años) y Bioy de Diego Trelles (Lima, 1977) mucho más elogiada en España que en el Perú.

Entre los debutantes en el género destacó claramente Jennifer Thorndike (Lima, 1983) con Ella, una novela breve pero sumamente intensa, centrada en las complejas y contradictorias relaciones entre madre e hija. También hizo su primera incursión en la novela el periodista y poeta Jerónimo Pimentel (Lima, 1978), con La ciudad más triste, un relato que por momentos es más poesía que narrativa. Y no podemos dejar de mencionar a dos buenas novelas: A la luz del amanecer de Edgardo Rivera Martínez y Ese camino existe de Luis Fernando Cueto.


Paraíso en sombras

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Todos conocemos los finales de los cuentos de hadas: la joven, acosada por seres malignos, es rescatada por el príncipe azul, se casa con él y viven felices por siempre. Pero en la realidad las crisis y problemas de pareja terminan ensombreciendo incluso a los matrimonios más “paradisíacos”. Y ese es precisamente el tema principal de Paraíso en sombras (Mesa Redonda, 2012) segundo poemario de la escritora y promotora cultural Maoli Mao, una aproximación a la desolación y el sufrimiento que quedan en un hogar cuando el amor se va.

Como en su primer libro –Ceguera emocional (2010)– la poeta vuelve a describir las sensaciones y emociones más íntimas e intensas (personales y universales), en torno a la experiencia del amor; empleando versos sencillos, un lenguaje transparente y poemas bien estructurados, casi siempre con finales precisos y contundentes. Pero además en este nuevo poemario se abordan otros temas, como el de la infancia (en la sección “Paraísos perdidos”), la esperanza (“Paraísos esquivos”) o la fe religiosa (“Camino al paraíso”), vistos siempre desde una perspectiva crítica y partiendo de la experiencia de la decepción.

El mayor cambio que se puede notar en esta poesía está en las metáforas, imágenes y símbolos (algunos de ellos de evidente carácter onírico), que ahora resultan más complejos y de una naturaleza más “abierta”, en el sentido que Umberto Eco le da al término. Y también en el más fluido y fecundo diálogo con la tradición literaria peruana (hay epígrafes de Vallejo, Belli, Sologuren) y universal (empezando por la Biblia). En suma, Paraíso en sombras representa un firme paso adelante en la poesía de Maoli Mao.